Paren las Rotativas

La historia de "Catita" Moreno: creció en la pobreza, trabajó desde los 9 años y el fútbol lo salvó

Fue futbolista, pero su rol más fuerte lo tuvo como entrenador de miles de chicos. Por primera vez en televisión habla de su dura infancia, sus más de 20 años en Peñarol y analiza el fútbol y los jugadores de ahora. Videonota.
martes, 23 de noviembre de 2021 · 09:04

Creció en Concepción, a metros de la cancha del Club Sportivo Peñarol. En medio de un ambiente hostil, sacrificado y de yerbiados con pan duro por la noche fue creciendo y forjando su historia de amor con el fútbol. Para Hugo "Catita" Moreno la vida no fue fácil, sino todo lo contrario. Aún así con una pelota y unos botines pudo escapar de un cruel destino del que muchos jóvenes de su barrio no pudieron zafar. "Tuve la oportunidad de haber sido drogadicto, borracho o atorrantón, pero no lo fui. La calle me enseñó muchas cosas", dice el protagonista en entrevista a fondo con Paren las Rotativas. 

"Catita" es uno de los personajes más conocidos que dio el fútbol sanjuanino. Fue futbolista -debutó en Peñarol y después pasó por varios clubes- pero su rol más fuerte fue el de entrenador de inferiores. Pero para llegar a convertirse en formador de jugadores y hasta cazatalentos, tuvo que atravesar una infancia de muchas carencias. "Tuve una vida dura. Mi vieja iba a cosechar, mi abuela se quemó con carbón dándome un yerbiado. Han pasado 40 y tantos años de eso... pero me ha quedado en el corazón, es una espina clavada que no se me va a ir jamás. Son luchas en la vida. Aprendí a saber luchar", cuenta. 

A los 9 años se vio obligado a salir a trabajar. Un amigo le abrió las puertas de su panadería y le tendió una mano cuando más lo necesitaba. El pan ya no faltaba en la casa, pero sí otras cosas. "Repartía pan en el hotel Sussex y Nogaró. Cuando terminaba de trabajar, me traía las bolsas de pan, así que eso no faltaba. En las noches, cuando no sabía qué comer, cortaba un tomate y lo comía con pan. Muchas veces no tenía para comer. Iba a jugar a la pelota y tenía el yerbiado y pan duro... al pan lo revolvía para que se ablandara. Así me llenaba. O comía uva con pan", agrega. 

"No estudié por la necesidad que había en mi casa, tenía que salir a buscar el pan". 
 

En el medio, las tentaciones de las que tuvo que huir. Confiesa que en su infancia y adolescencia le ofrecieron todo tipo de drogas. E incluso lo invitaron a delinquir. Se resistió. "La vida te enseña con quién te juntas. Una vez me dijeron ´vamos a robar´, y yo dije ´vayan ustedes´, a pesar de que en mi casa no tenía para comer. ´Si querés volar, seguí volando vos que yo estoy muy bien´, le decía a otro. Yo nunca me metí en cosas raras". 

"Catita" asegura que pudo codearse con gente de buen nivel económico y hasta los más humildes. Que esas experiencias, vivencias, fueron de gran envión para no abandonar su sueño con el fútbol. "El más pobre de todos era yo. Pero por todo eso yo aprendí, supo adaptarme. Por eso trato de trasladarle todos esos conocimientos a los chicos, que sepan que el esfuerzo es fundamental. Y que estudien", añade. 

Hugo debutó en el fútbol sanjuanino de la mano de Pañarol, club donde jugó desde pequeño. Después pasó por Alianza, entre otros clubes locales, y tuvo la oportunidad de vestir la camiseta de Independiente Rivadavia de Mendoza. Dice que lo mejor que le regaló el fútbol fueron las amistades: Ricardo Enrique Bochini y Víctor Hugo Morales, son algunos de los lazos que forjó gracias a la redonda. "El Bocha festejó su último cumpleaños en mi casa, en pandemia. A Víctor Hugo cada vez que viene a San Juan lo busco por el aeropuerto y lo tengo todo el día en casa. Viene a la Difunta Correa", señala. 

Después de colgar los botines, empezó su carrera como entrenador y formador de chicos. En Peñarol estuvo casi 20 años trabajando en inferiores y también llegó a dirigir el plantel de la Primera Local. "Tengo una familia, mujer, hija y hermanos que siempre me apoyaron. Hace 28 años empecé con los pibes... cuántos niños han pasado por la escuelita. La verdad es que ha sido una tarea difícil, no es fácil trabajar con chicos. Pero nunca tuvo dramas, nunca un padre vino a poner una queja al club y a decir que me echen", apunta. 

"Hoy la escuela es más importante que el fútbol, los chicos deben estudiar".

Por su escuelita han pasado miles de jóvenes promesas, entre ellos Matías Garrido, hoy en Sportivo Desamparados y uno de los sanjuaninos que pudo jugar en Primera. Cuenta que fue más difícil lidiar con los padres que con los jugadores, pero insiste que nunca su forma de enseñar llevó problemas a la institución. "Tendría que hacer un libro con tantas historias. Te dicen por qué lo pusiste, por qué no lo pusiste, por qué jugó cinco minutos... Nadie puede decir que dejé a un niño llorando porque no jugó. Los chicos ven a Messi y quieren ser como Messi, pero los padres peor". 

Sobre sus métodos a la hora de entrenar, Moreno destaca que "siempre prevaleció el respeto y la disciplina". En este contexto, explica que: "También hay que tener esfuerzo, hoy eso es más importante que el talento. En Buenos Aires el chico se levanta a las 5 de la mañana para laburar, a las 15hs está en el entrenamiento y después tiene 2 horas en subte para volver a casa. Acá en San Juan están a 5 minutos de la cancha y por ahí no van a la práctica". 

 

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