Opinión

Semana 9: lo peor está aún por venir, la más cruda realidad

Habrá más escenas duras en la región, el país y San Juan. Cronología de una semana de furia en la provincia. Las desventuras de Laurita.
sábado, 23 de mayo de 2020 · 09:50

Los números que se conocen día a día y los episodios cotidianos nos ponen frente a un espejo delicado: mientras la pandemia tiende a ceder de Oriente a Occidente, nos toca ahora estar en el ojo del huracán de este lado. Se deberían esperar, si los radares no están equivocados, escenas peores.

Primero China –dueña de la geografía donde fue acuñada esta pandemia- se declaró libre de virus, luego comenzó a rodar la pelota en Europa, donde el registro de contagios tiende notoriamente a la baja. Pero en Latinoamérica se encienden todas las alarmas mundiales: los casos y las escenas dantescas abundan, también las que no impresionan tanto pero llevan impresas una preocupación profunda.

Brasil se convirtió en un susto hasta para EEUU, que analiza la posibilidad de cerrar el ingreso de habitantes de ese país. Que, por otra parte, son socios. De a poco levanta puntería en la triste lista mundial de cantidad de contagios y muertes. En Chile, Piñera tampoco parece acertar y la situación lentamente se le va de las manos: esta semana reaparecieron las revueltas sociales en un peor contexto a las de fines del año pasado. En plena pandemia y con la cantidad de camas de terapia cerca de quedar sobrepasadas por la demanda de infectados. Tormenta perfecta acá nomás.

De nuestro lado está Buenos Aires, o el AMBA como se le dice ahora para abarcar al conurbano. Cada día canta un record nuevo, y eso denota una situación lejos de estar controlada, incluso golpeándole la puerta al descontrol. Con el foco de contagios localizado en la profundidad de las villas humildes y populares, donde el Estado nunca pudo (ni quiso) llegar y ahora no hay motivos para que sea la excepción. O es tarde.

Peligroso cóctel el que se cocina en esos lugares. Incontenible hasta ahora y que ha encendido la luz amarilla para todo el país. Si uno lo mira desagregado, las estadísticas denotan un estado crítico en Capital Federal y Buenos Aires, no en todo el país. Y si se focaliza por barrio, hay sectores bien definidos con una situación desbordada, cuyos índices derraman alertas máximas para todo el país.

Bien leídos, se descubrirá al poco andar que esas preocupaciones extremas deben operar en determinados lugares bien identificados. Y que cuando salta la cifra general de Argentina, habrá que comprender que claramente se trata de dos países: uno en el que el desborde es notorio, situado en el AMBA, y otro con algunos focos de atención pero alejados afortunadamente de las cifras extremas.

A eso apeló el gobernador Uñac esta semana como consecuencia del revuelo que levantó el cuarto caso en la provincia. Que hubo errores, evidente. Pero también el mandatario se apoyó en otra evidencia: que alcanza con mirar para los costados, arriba o abajo, para encontrar que los sanjuaninos convivimos en una atmósfera de relativa distancia de las zonas críticas. Con pocos infectados en referencia al contexto nacional y regional (tercera provincia con mejor promedio contagio/población), una economía relativamente liberada (aunque claramente golpeada), camas y test rápidos disponibles.

En las acciones del gobernador está el guante recogido de esos errores. Revisar la línea de responsabilidad en el Rawson y en la cadena de decisiones con el avión sanitario, los dos puntos críticos de los últimos dos casos. Y en sus palabras del miércoles, en las que habló de “corregir, reconducir, mejorar”. Al día siguiente, con el Pájaro Benmuyal, fue un poco más allá, al nudo del reclamo: “Estoy poniendo el ojo en el vuelo sanitario porque algo pasó, hay que investigarlo”, pronunció.

La cronología de una semana agitada terminó el viernes con la difusión de un asombroso audio en el que una funcionaria de Salud Pública (Rosa) concede un favor a Laurita (la hermana médica del trasladado) para evitarle el garrón de quedarse en Buenos Aires -donde había llegado con su camión- y evitarle las molestias de una cuarentena de 14 días en un hotel sanjuanino a su regreso. Lo que hizo Rosa fue poner en riesgo a toda una provincia por quedar bien con el hermano de Laurita, incomprensible irregularidad. Es lo que salta de los audios que motivaron la denuncia del fiscal del viernes.

Haberlo sabido antes, y se hubiera evitado un estado de convulsión. También, que el camionero fue derivado a sala común en Buenos Aires a la salida de terapia (donde pudo haberse contagiado), o que el mismo avión trajo a San Juan a más de 10 enfermos con neumonía durante la pandemia.

Uñac se mostró calmo y reflexivo en público, no ocurrió lo mismo puertas adentro de la gestión, visiblemente enojado por la manera en la que puso en juego todo lo conseguido. Las buenas cifras y el perfil que exhibe San Juan en medio de la tempestad, puesta a prueba en una semana de desbordes. Citó el gobernador como antecedente a aquella decisión del 2016 en la que cerró la mina Veladero luego del segundo derrame.  Respuesta doblemente fuerte a un episodio potente que lo puso a prueba.

No citó, pero igual se recuerda, algún otro momento difícil que tuvo que atravesar al frente del Ejecutivo. Fue unos años antes, cuando debió reemplazar a José Luis Gioja convaleciente de su accidente de helicóptero y justo ese día se produjo la rebelión policial en todo el país que puso a flamear a todas las administraciones provinciales ante las cúpulas jerárquicas sublevadas que estaban dejando la puerta abierta a los robos y desmanes.

También en esa ocasión tuvo que mantener el pulso fuerte, con el agravante de estar a préstamo. Tomó decisiones sin contemplaciones, como con lo de Veladero. Y ahora recrea el espíritu de aquellos episodios, que lo impulsan a aferrarse a esa esencia en medio de una semana de las más complicadas de los últimos años.

El trabajo de estos días será poner en la superficie ese otro lado. El de los buenos índices de contagios y de control que sigue mostrando la provincia en medio del desconcierto generalizado que es el mundo, esta parte del mundo, y también algunas de nuestro país. Deberá para eso doblegar la potencia de los errores no forzados en el equipo, que en un estado de alerta como el que se vive redobla los enojos entre los vecinos.

Enojo razonable y comprensible, más allá de la acción de la picardía política que suele encargarse de levantarle el volumen a esa furia para volverla una herramienta afilada. Mal momento para jugar a encender fogatas, en una etapa en la que nadie sabe cuándo esas llamas pueden convertirse en una quemazón descontrolada. Y en tiempos en los que a nadie conviene un desborde irracional. O a casi nadie.

Por eso hay que seguir tocando madera ante el panorama que se ve en el resto del país y del mundo. También cuidarse de los estúpidos, capaces de arruinar todo un esfuerzo en cuestión de minutos. Bien cerca de esa definición está la conducta de la médica –si es que puede ser llamada así- que irrumpió en la sala de cuidados extremos a asistir a su hermano con coronovirus. Lo sabe todo el mundo, terminó ella también infectada y repartiendo el peligro a cada lugar por el que anduvo. Que parece no haber sido poco, pese a todas las dudas sobre el tema que aún se mantienen.

A los capítulos –en orden cronológico- del uso del avión sanitario, de no poder impedir que alguien (cualquiera) entre donde está el único infectado por coronavirus en la provincia en ese momento, el agregado de tratarse de una profesional de la salud en actitud demencial.

Si alguien fuera sometido a responder la obviedad de con quién debería tener menos cuidados para que no rompa las normas sanitarias, en todas las quinielas seguramente la respuesta unánime sería a un médico. Peor aún: un médico dedicado a trabajar en el área especial diseñada para luchar contra el Covid. Lo obvio a veces estalla en mil pedazos: la mujer de esta historia es médica y estaba destinada al operativo por el virus. Entró, salió, vaya a saber que hizo en este tour por todo San Juan.

Tampoco queda bien claro por donde anduvo. Si atendió pacientes o no, si se comió un asado con policías y empleados del juzgado, si visitó a sus padres. La cuestión es que hubo que rescatar a unas 30 personas, puestas de inmediato en asilamiento para cortar una posible cadena de contagios. Dos pueblos (Caucete y 9 de Julio) enteros fueron puestos a tiritar por su paso en esos días de furia. Incomprensible.

El alcance de toda esta locura todavía no está definido. Faltan unos días para conocer si produjo o no consecuencias entre sus contactos (los 14 desde el último contacto), por ahora no se han registrado. Mientras se aguarda, el mejor consejo sería no entrar en pánico, y a los amantes de fuego morderse los labios.

Lo dijo Uñac en esa entrevista en Estación Claridad. “Sin infundir miedo, esto va a crecer”. Se refiere a los contagios, en San Juan y en el país. Todo indica que aún no llegamos al techo de casos nuevos. Habrá que transcurrirlos sin entrar en desesperación. Y cuando baje la espuma, se podrá ver todo más claro para sacar conclusiones.

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