Opinión

El factor Bielsa: un tapado para un equilibrio delicado

Ni sanjuanino ni mendocino, va a la estratégica sede nacional en Chile. Antecedentes y desafíos, en especial para San Juan y sus asuntos pendientes.
sábado, 4 de enero de 2020 · 10:51

Hubo un tácito mano a mano entre sanjuaninos y mendocinos por llegarle al oído al presidente Alberto en la designación del embajador nacional en Chile, pieza clave en cualquier engranaje político. Incluso hubo algún tironeo entre facciones políticas peronistas, cuál de ellas sería ungida.

No fue para ninguno, al menos visto desde lo superficial. Ni para sanjuaninos ni para mendocinos, menos para alguno de los vértices internos de los peronismos cuyanos, que pudieran sacar pecho al resto en una figura que ha tenido y tiene especial trascendencia para las provincias limítrofes con Chile. Que desenfundan la espada cotidianamente en conflictos de interés desde y hacia el país vecino, y necesitan en consecuencia un gestor a la altura.

Fue Rafael Bielsa, ni siquiera cuyano. De raíz intelectual y frontalmente peronista, tampoco escapa en definirse kirchnerista como consecuencia de su condición de primer canciller de Néstor. De frondoso currículum como jurista, probadas habilidades como argumentador público, profundo conocedor del tablero internacional en el que se mueve como pez en el agua, evidentes cualidades como gestor de intereses. No desprovisto de algún corazoncito cuyano, como se verá más adelante.

Así como “la” embajada en términos nacionales remite con toda lógica a la de EEUU, su análoga en esta región claramente es la de Chile. Importa tanto el delegado argentino en Santiago como el chileno en Buenos Aires, ante la crecientemente abultada carpeta de intereses comunes que se deben arbitrar.

Se amontonan desde San Juan los expedientes que deben tener sensibilidad desde la embajada chilena, con poca suerte en los últimos años. Por supuesto todos los temas políticos generales de Chile disponen de creciente relevancia para San Juan, hay también abundantes puntos particulares.

En el tope del podio, las obras públicas, que en Chile se manejan desde los escritorios de Santiago, teniendo en cuenta que se trata de un país unitario y que tiene virtualmente paralizados los trámites por el túnel de Agua Negra.  Una obra binacional con presupuesto adjudicado del BID y todo, que vivió la calamidad del tándem Piñera-Macri y que ahora debe ser reflotado con Alberto y lo que queda de vida política en el mandatario chileno.

Tendrá esa obra aún frustrada una renovada muestra de su valor este mismo verano, cuando el turista sanjuanino pegue un faltazo rotundo, espantado por los costos por las nubes y las revueltas sociales. Recién ahí reflexionarán los vecinos chilenos sobre lo vital para su subsistencia que les resultan los argentinos, al menos para llenar la infinita inversión privada en departamentos alrededor de la playa serenense, que este año quedará a medio completar.

Falta hace esa evidencia empírica que se sean ellos mismos quienes movilicen a sus propias autoridades, les hagan sentir que deben dejar de hacer la plancha en una obra que cuando se complete con sus 14 kilómetros de túnel será la más ambiciosa en toda la frontera. Si se pretende la integración, claro, no sólo andar por ahí invocándola sin sustento.

No sólo de túnel se alimenta la relación entre San Juan y Chile. Tiene también la minería, con su espejo en la IV Región, un fenomenal emprendimiento binacional como Pascua-Lama que quedó enterrado y sin novedades. También con el lamentable episodio de los escombros mineros arrojados por la poderosa Pelambres del lado sanjuanino por “accidente”, sin haber percibido que estaban en el país equivocado tirando los residuos.

O el lamentable flujo comercial entre Chile y San Juan, un renglón en el cual la provincia no vende nada de relevancia en el mercado vecino y el agravante de que este año que pasó tuvo que suportar una afrenta insólita: la compra de bodegas locales de vino chileno, con el argumento de que así bajarían los precios, lo que lógicamente no ocurrió. Vergonzoso: como si en la Pampa Húmeda compraran soja a Brasil.

En ninguno de esos momentos en los que aprieta el zapato, la provincia contó con el respaldo del embajador argentino en Chile. A lo largo de todo el macrismo, la sede fue ocupada por el mendocino José Octavio Bordón, un ex gobernador con jinetas de buenos modales políticos que pasó sin pena y sin gloria para los sanjuaninos.

Hizo prudente silencio cuando se lo aconsejaron las circunstancias, que en el caso de los intereses sanjuaninos fueron todos. No se le sintió la voz, resultó absolutamente inoperante, cuando no una pieza más del estrangulamiento político. Debería ser recordado en San Juan como uno de los menos útiles embajadores en Chile (podría usarse también la definición de poco útil, o directamente inútil, lo que significa que no produce provecho, servicio o beneficio). Que, bueno es recordarlo, no era embajador mendocino sino argentino.

San Juan nunca tuvo un embajador en Chile, ante el flagrante veto al que sería sometido si eso ocurriera por su vecina poderosa, Mendoza. Esta vez se especuló con que podría ocurrir, como consecuencia del tapiz político de la región: contundente triunfo de Alberto en San Juan, concluyente derrota en Mendoza. El afán presidencial por conservar los equilibrios finalmente pudo más.
Pero sí tuvo algunos embajadores más amigos que otros: el caso de Ginés González García, quien ofició como delegado nacional en Chile y abrió generosamente la coqueta y señorial sede diplomática argentina de pleno Baquedano –el centro geográfico santiaguino-, afectada por estos días por la furia militante en el país vecino que aún tiene en jaque a Piñera.

Ginés, ex y actual ministro de Salud, tampoco era sanjuanino, pero ofreció resultados concretos en el avance de obras y contactos empresarios. Eran otros tiempos, remiten a nostalgias. Es especial, luego del ninguneo grosero que le dedicó Bordón a los asuntos sanjuaninos.

Bielsa y Ginés comparten algún que otro rasgo común en sus perfiles. Cada uno en lo suyo –uno jurista, el otro médico-, están identificados en cada aparición pública con un modelo político, del que no se desmarcan en público ni en privado. Lo une ese férreo criterio de pertenencia, indistintamente de estar adentro o afuera.

Pero en el caso del santafecino ex canciller y futuro embajador, hay un pasado reciente en la relación con Chile. Ejerció luego de su salida de la Cancillería en el  directorio de la Corporación América, el poderoso holding empresario del grupo Eurnekian que reúne constructoras, traders y hasta medios de comunicación.

Ese grupo fue el principal impulsor de una verdadera quijotada a nivel binacional, que es la rehabilitación para cargas de la línea ferroviaria. Una obra de un presupuesto que multiplica por diez al de Agua Negra, pero que a su diferencia está en el ámbito de la iniciativa privada.

Ese proyecto, por el que tanto lobby hizo la Corporación América, está en terreno mendocino. Y es el motivo por el cual Bielsa conoce a fondo a los protagonistas de uno y otro lado de los intereses argentinos y chilenos que ahora deberá armonizar desde la faceta pública.

Si existiera en esto un clásico entre mendocinos y sanjuaninos -que en efecto opera más de lo que se puede imaginar-, no resulta disparatado señalar que los vecinos parten un paso adelante por aquel conocimiento previo. Adjudicarle a eso algún componente de otro nivel, del terreno de las preferencias o las arbitrariedades, no parece aconsejable para casos de quienes hay mostrado siempre conductas impecables. Sólo se verá andando.

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