Opinión

UNSJ: a la caza del buchón

En lugar de debatir si está bien o mal el ingreso de los “hijos de”, o mostrar calificaciones del concurso, prefirió la brigada de detección de delatores.
sábado, 27 de abril de 2019 · 10:20

Por Sebastián Saharrea

Contundente fue la respuesta en el edificio de Rectorado cuando se conoció que una parte generosa de los ingresantes recientes son “los hijos de”: la búsqueda desesperada del buchón.

Preocupación prioritaria de la escudería Nasisi ante lo que consideraron una filtración inaceptable, de algo que en consecuencia pensaban que no se debería saber. ¿Será cierto entonces que los autores de la decisión llegaron hasta la certeza de que no se conocería semejante grosería con los presupuestos públicos?

De ser así, supondrá al menos un optimismo exacerbado. El listado con los afortunados que atravesaron los filtros en la competencia abierta a la comunidad lanzada por la UNSJ para ocupar un puesto de trabajo circuló por todos lados, como corresponde a cualquier información pública.

Algunos se tomaron el atrevimiento de subrayar con resaltador los apellidos conocidos y puntearlos con el parentesco de los funcionarios de la casa de altos estudios. Rastrearon sus afinidades familiares y las consignaron en público, sólo eso: encontraron a 6 hijos o allegados familiares desde el rector para abajo, y otros dos del gremio APUNSJ, entre 94 ingresantes.

Dicen que son más. Tanto los que entraron el mes pasado a revestir en las filas universitarias como empleados, lo que ya en sí mismo implica un dato para activar el debate interno si es como lo plantea la propia UNSJ de que los fondos que recibe son insuficientes, como los de apellido ilustre que quedaron por ahora lejos de las balas por no haber sido individualizados por los conocedores del mundo universitario.

No se trató de información clasificada bajada por alguna garganta profunda. Tampoco de un secreto infranqueable que algún desleal entregó a las manos inquietas de las filas opositoras. Mala noticia para la brigada de cazadores de buchones de Nasisi team, también para los apasionados de las series plagadas de conspiraciones: la información estaba allí, al alcance que quien quisiera utilizarla.

Despejada entonces la intriga sobre buchones y traidores, lo que pareció ser el único interés visible de la conducción de la UNSJ según sus propios pasos, queda ahora reflexionar sobre el fondo de la cuestión: si está bien o mal el ingreso de familiares, los términos de la razonabilidad, o el manoseo a terceros atraídos por el encanto de un empleo en tiempos de extrema dificultad como éstos. Hasta la voluntad de su publicación.

Los único que alcanzó a decir al respecto Nasisi más allá de su visible interés por conocer la identidad de los buchones, fue que a “los hijos de” no se los puede proscribir sólo por esa condición. Y tiene razón.

El asunto es que hay una diferencia notoria entre no proscribir a alguien por sus lazos de sanguinidad, y montar un acting de convocatoria por la puerta principal para abrir la puerta de servicio al ingreso de los allegados bajo una pantalla del pluralismo y de presunta apertura. ¿Se trató el de la UNSJ de uno de estos casos?

Sí lo fue por el lado de la oferta pública y abierta, en franca pretensión de generosidad. Participaron más de 2.300 personas que desfilaron por la puerta del Palomar, atraídas por los entonces 13 cargos que ofrecía la UNSJ. Sí, 2.300 personas para 13 cargos, lo que entrega una mirada certera de la necesidad de empleo, sobre lo que no hace falta abundar.

Que se perdieron el día, viajaron desde lejos, pidieron permisos, dejaron sus ocupaciones y se armaron de paciencia para la vigilia. Sin saber incluso que los lugares a ocupar eran casi 100 y no 13. ¿Había alguien en la UNSJ que sí lo sabía y aun así decidieron informar que los puestos eran mucho menos?

Luego opera el sentido de la razonabilidad para establecer el margen de tolerancia para apariciones de “hijos de” entre los concursantes “afortunados”. ¿Y cuál es ese margen? No está escrito en ningún lado, sólo lo impone el sentido común y la subjetividad de cada uno. El 10% de los que entraron no parece una cifra menor, y menos aún si se lo hace de la manera pecaminosa de quien se desespera cuando les dan el piedra libre.

Atribuible todo al excesivo espacio para la discrecionalidad de esta compulsa por un puesto laboral. Latente en la siguiente pregunta: ¿Quién decide entre los más de 2.300 concursantes a los que ocuparán los casi 100 lugares ofrecidos? Si lo hiciera el puntaje, lo más lógico sería que aparecieran publicados los puntajes obtenido en el examen por cada uno de los 2.300 concursantes, con una valoración bien clara además sobre cómo se establece ese puntaje. Cosa sencilla para una universidad, habituada holgadamente a establecer puntajes para todo.

Si aparecieran completas e incuestionables esas calificaciones del concurso, incluidos a los “hijos de”, no existiría demasiado margen para el reclamo por el ingreso de nadie así sea del hijo del rector. Pero eso no ocurrió, no lo del hijo del rector (que en su caso aparece el yerno) sino la publicación de un puntaje incuestionable de todos los postulantes.

Opera en cambio el margen de la discrecionalidad, vigente y desesperante en tantos concursos de ingreso a empleos públicos. Como ocurrió y sigue ocurriendo en el caso del Poder Judicial, un grosero manejo de las vacantes que suelen caer casualmente para los “hijos de” jueces o funcionarios, a caballo del gran poder que mantiene la Corte para vigilar la puerta de entrada y mantener los privilegios de la gran familia interna.

Por más mímica en contrario que formule, por más payanita para la popular con aparentes ingresos por méritos, la cúspide judicial mantiene un dedo gordo que es el que termina decidiendo. Por ese motivo, los que lo cuestionaban sanamente hace años es natural que lo sigan haciendo. Y lo ejerciten ante cada intento de imitarlo, como este “concurso” de la UNSJ que terminó albergando el blanqueo familiar.

En caso universitario se trató además de una compulsa desprolija y manoseada. Con demoras atribuidas a incidentes poco claros en los expedientes de los concursantes y un sorpresivo aumento de la cantidad de ingresantes con el citado salto de 13 a casi 100 sin que mediara explicación pública.

Y en el momento en que la propia conducción de la UNSJ –como la de todo el país- se queja con absoluta razón por el vaciamiento presupuestario del que son víctimas de parte del gobierno nacional: para este año, pasó de 3.700 millones a 4.400 millones de pesos, es decir 700 millones más. Es decir un 26%, la mitad de la inflación anual, para un presupuesto que en su bruta mayoría va a pagar sueldos (entre ellos, estos nuevos 100 ingresantes), hay que imaginarse entonces quiénes serán los que más padecerán el ajuste. Si, los empleados. Docentes y no docentes.

Y con cosas curiosas para tiempos de vacas flacas. Como el destino a parte de los $27 millones que le devolvió la Nación por aportes, que la universidad destinó a becas y proyectos no sin revuelo en el Consejo Superior. Cuando se preguntó a qué proyectos, respondió que sólo es una decisión política, y ahora hay que armar esos proyectos hasta ahora inexistentes. Por lo bajo, la conducción universitaria también se orientó al cartero: la búsqueda del buchón.

Agregó Nasisi un factor nada novedoso a su lista de explicaciones. Que la publicación del ingreso de los “hijos de” responde a motivaciones políticas, ahora que se vienen las elecciones y su entorno se codea por la sucesión. Si se refiere a la fuente de información que salió a cazar con su brigada, lo dicho: está empapelada la universidad con las listas. Aunque no debería espantar, ni considerarse de modo negativo, que alguien impulse la difusión de un dato que es real. Ni falso, ni descontextualizado.

Si se refiere a los medios que lo publicaron, como en este caso Tiempo, se tratará de un absoluto desconocimiento además de una falta de respeto. Una brutalidad de la que convendría que se corrija rápido y en público por el bienestar de la investidura que representa.

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