Opinión

Episodio Uno: el número

Se inicia el calendario electoral con la Paso provincial. Para Sergio Uñac, la búsqueda de un respaldo en cifras que decida si lo proyectan a otro nivel.
sábado, 30 de marzo de 2019 · 09:47

Por Sebastián Saharrea

Por afuera, para una atropellada con el campo abierto, por adentro si se abre algún hueco, o a hocico del que tira para pegar el batacazo sobre el disco de sentencia.

La mejor metáfora para definir la relación entre el sanjuanino Sergio Uñac y sus chances nacionales es la del turf, la del caballo que entra en el codo entreverado en el pelotón sin ser detectado con facilidad, con la ilusión de que los movimientos en la recta final le abran alguna chance a su atropellada. Si se da, bien; si no, a esperar otro turno.

Para que esa historia pueda sintonizar, el condimento esencial es un buen número electoral en su tierra. No el 2 de junio, cuando se juegan los porotos en serio, sino ahora, en estas Paso que funcionan como encuesta a cielo abierto al menos en el escalón de postulantes a gobernador, en el que no hay nada por definir sino sólo cómo mide cada uno. Que, en este caso, no es un tema menor.

El sanjuanino viene desarrollando desde hace un tiempo ya una estrategia precisa y controlada por cronómetro, para ir calibrando sus chances de irrupción en un terreno nacional. Que se presenta incierto para cualquiera, en medio de un barullo que es justamente lo que mantiene latente cualquier posibilidad. Si hubiera algo definido en el territorio opositor nacional, no habría alternativa que dejar pasar el turno. Como no lo hay, cualquier imaginación resultará posible.

Para eso, cualquier intento de sacar chapa será consecuencia de clavar un marcador impactante en las urnas, y llegó el turno de hacerlo. Luego, esperar que los vientos hagan lo suyo con los nubarrones, o despejen sorpresivamente el camino.

Uñac viene jugando al equilibrio en ese multifacético espacio peronista/opositor, con una estrategia propia bien definida. Encolumnado tácitamente en una pata del espacio de Alternativa Federal, el de Lavagna, y sin descuidar contactos con el resto de ese equipo, como Sergio Mazza y Pichetto o Urtubey. Sin embargo, es el único gobernador del equipo que no deja en la banquina al kirchnerismo, dueño por ahora de una porción mayoritaria del voto opositor a Macri.

Se lo ha escuchado a Lavagna hablar en estos días de su resistencia a entablar diálogo con Cristina y el kirchnerismo en general, aludiendo a que es un límite que se ha impuesto. Por el contrario, Massa prefirió enderezar el discurso anti K, entregando una visión de que el único condicionante que acepta es el de estar dispuestos a desplazar al macrismo.

Y Uñac mantiene vasos comunicantes, invitó a la Fiesta del Sol a dirigentes de paladar negro kirchnerista como Agustín Rossi o la candidata y senadora mendocina Anabel Fernandez Sagasti. Los mantiene dentro del radar. Eso sí, marcó en on lo que muchos piensan en off sobre las candidaturas: en la entrevista con Luis Novaresio que marcó la consolidación del sanjuanino en las grandes ligas, sostuvo que a su criterio Cristina no debería presentarse.

Ir a rueda de Lavagna le ofrece a Uñac una serie de prestaciones interesantes. Una, mantener un discurso crítico hacia el gobierno nacional, al menos en lo económico, y sintonizar de esa manera con la opinión pública dominante. Dos, no encuadrar en categoría cercana al kirchnerismo, con los daños operativos que le acarrearía a una figura con pretensión de aparecer en todos los escenarios nacionales.

Claro que habrá que ver si el globo de ensayo de Lavagna cobra altura o pierde gas. Desde el apartado político, el ex ministro aparece algo acorralado por sus propias palabras, cuando sostuvo que para ser candidato exige ser candidato directo y sin Paso, en un espacio que comparte nada menos que con los lanzados Massa y Urtubey.

Si no vuelve sobre sus declaraciones, deberá dejar correr a sus laderos y a los dirigentes próximos. Por supuesto que se anota Uñac junto a otros colegas como Schiaretti, pero habitan por esas planicies ejemplares de otras naturalezas: política, como los socialistas y radicales (Lifschitz, Alfonsín) y no partidarios como la aparición fulgurante de Tinelli.

Marce dejó constancia en estos días que está anotado en el elenco, sin que hasta ahora se hayan repartido los papeles. Pero estar, está. Lo atestigua su viaje de la semana pasada a San Juan con el argumento de mirar decorados naturales para su show, pero con la intención manifiesta de fotografiarse con Uñac.

Mandó así un mensaje claro a la epidermis política. Será Tinelli un jugador en el campo de juego, el DT o los vientos más o menos huracanados dirán dónde. De vice de Lavagna, de candidato a presidente, de gobernador bonaerense. Ha empezado a conjugar lenguaje político en cada una de sus intervenciones, incluida su visita sanjuanina. Se verá si tiene rating, luego de un año caído en el encendido, y si su estrella brilla con igual fuerza en la política como el show business.

En medio de ese escenario incierto en la oposición nacional, de candidaturas tácitas y operaciones más o menos encubiertas, es en el que hay un resquicio para la expectativa de Sergio Uñac. Con el sanjuanino jugando su propia estrategia: recostarse en el espacio referenciado por Lavagna, pero abriendo un juego más generoso.

Operará con más fuerza su ficha en ese tablero si no se consolida de manera contundente una candidatura en junio, a la hora de inscribir las candidaturas nacionales. Si Cristina decide no ser candidata y del lado de Alternativa Federal no surge alguien firme y cantado, cabe preguntarse por qué no. En especial, si pocos días antes de ese 22 de junio que opera de fecha límite como proclamación de intenciones, Uñac estampa un resultado inalcanzable en la pizarra para hacer ruido en ese escenario de plena ebullición.

Argumenta el consultor Maximiliano Aguiar que en el actual estado de agitación de la política nacional es imposible prever con precisión qué pasará en octubre. Lo ilustra con el antecedente de la última elección presidencial, en la que cuatro meses antes no existía la mínima probabilidad de que Mauricio Macri llegara a ser presidente.

Aquel contexto no difiere demasiado del actual, incluso se profundiza. Podría agregarse que los tableros son más volátiles a mayor incertidumbre económica y política, como ocurre con la crisis galopante que se vive en la corteza, pese a que las capas políticas parezcan no percibirlo.

Está al alcance de la mano el caso de Néstor Kirchner, quien apenas un par de meses antes de del comicio de abril de 2003 medía 10 puntos y terminó convirtiéndose en presidente con el 22% de los votos. En el medio de un vendaval económico y político que pusieron las cosas patas para arriba, al cual la situación de hoy no tiene demasiado que envidiar. Por desgracia.

Todos esos jugadores estarán otra vez en la cancha, con flujos de simpatías cambiantes. Si el escenario económico descarrila, será eso un aliciente para Lavagna? Si las causas judiciales suben decibeles, perjudican o no a los K? Esa foto será en junio, cuando haya que hablar o callar para siempre. Será cuando los caballos doblen el codo, y quede acomodados para una larga recta por delante. En la que todo puede pasar, pero siempre es mejor entrar bien pisados. Para Sergio Uñac, el episodio uno es este domingo.
 

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