opinión

No saber perder, la dolorosa deuda del recambio

Un puñado de municipios sanjuaninos, en el podio de dolores de panza de una transición que afortunadamente termina. También la Nación y su capitulación en San Juan.
sábado, 7 de diciembre de 2019 · 10:51

Hay 1000 empleados que desempeñaron su trabajo en Educación provincial este año y que son financiados por la Nación que aún no cobran su sueldo de octubre, seguramente tampoco lo cobrarán, y además se quedaron sin trabajo. Sí, mil (esta vez en letras).

Semejante tamaño no parece haber despertado sensibilidad en los responsables de haberlos arrojado de cabeza a la desesperación y la incertidumbre: las oficinas del gobierno nacional que impulsó y financió estos programas, bajó la persiana del kiosco una vez consumada su derrota electoral. Es más, muy probablemente ni se hayan enterado.

Pero existen: entre ellos hay administrativos, pero también porteros. Personas de carne y hueso que –en su caso- dedican su vida a dejar impecable un aula para los chicos se puedan educar, por si alguien encuentra alguna función más noble. Y que son una de las tantas víctimas del abandono de la tarea ejecutiva del gobierno nacional de sus funciones en San Juan (que, hasta lo que se conoce, integra el territorio nacional), lo que operó de manera simultánea a su contundente caída electoral en primera vuelta, el 27 de octubre pasado.

Causa y efecto claramente delimitados. Derrota y capitulación, hasta castigo podría deducirse hacia las multitudes incapacitadas (según su visión) de sufragar que lo aplazaron, de acuerdo al noble saber de las elites hasta ese momento al frente de la conducción del país. Hasta el martes.

Va en el mismo sentido el episodio de la Circunvalación, desprecio a toda capacidad de inteligencia humana. Arteria central para la circulación sanjuanina, estuvo cortada en un tramo de más de 3 kilómetros a lo largo de un año y medio, para ser habilitado a las apuradas antes de irse por Vialidad Nacional…. en peores condiciones de las que estaba.

Toda una vergüenza de pocos antecedentes, subrayada por la asombrosa respuesta de los inoperantes delegados locales que tiene la repartición encargada de las obras viales nacionales en San Juan: “Es lo que hay”. Cuesta encontrar en la memoria reciente algún vestigio de respuestas más sobradoras e indolentes, de parte de un funcionario público. Pronunciada en este caso en el contexto de una derrota electoral y la más mínima intención de cumplir una retirada decorosa.

Varios municipios locales ocuparon el mismo nervio en esta desgraciada transición. Con medalla de oro para los tres primeros en los que se advertía que habría una transición a punta de pistola –Caucete, Iglesia y Angaco-, no los únicos.

El que no supo perder en Caucete es el intendente Julián Gil, a quien el culto a la personalidad que desarrolló a lo largo de su mandato no le permitió advertir lo que pasaba en la calle, más allá de una gestión paupérrima. Obnubilado por su  propio relato, se encontró con una catarata de votos en contra de frente, y lo que siguió sólo sirvió para empeorar la situación.

Se vivió el extremo en estos días, cuando aceptó a regañadientes recibir a la intendenta electa Romina Rosas por apenas media hora antes de un evento oficial. Cosa de no abundar mucho en detalles, nimiedades como que el municipio aparece desfinanciado para afrontar los pagos del mes de noviembre, cuyos vencimientos debe enfrentar en estos primeros días de diciembre. Y que lógicamente Gil esquivó sin nada de elegancia, dejándolos pendientes a esos desembolsos a la nueva gestión, con la idea de que los primeros días le resulten lo más complicados posibles. Mientras él agotó sus últimos días vendiendo a las apuradas terrenos municipales (¿a quién?).

Otro departamento en el que se vivió una transición a punta de pistola es Angaco. Allí, el aún intendente José Castro se jugó una patriada al pretender ubicar a su hermano como sucesor a cualquier precio….y está pagando el precio. Se cruzó duro en campaña con quien resultó finalmente vencedor, el bloquista Maza Pezé. Supuestamente del mismo palo, altos chispazos se dispararon y aún se dedican.

El asunto es que una cosa es la competencia de campaña, en la que lógicamente hay licencias propias de una pulseada, y otra cosa es el resultado puesto. Cuando esto último ocurre, el que gana, gana y el que pierde, a la casa a esperar turno. Como dicen en el campito. La reacción de no acatar el resultado y extremar las tensiones en el plazo de recambio, de donde debe nacer un gobierno robusto pero al que se busca esmerilar y condicionar, no debería ser tolerada. En Angaco ocurrió eso, aún hoy es un misterio sobre cómo se mantendrá la seguridad y la armonía en la ceremonia de recambio.

La misma incertidumbre pesa sobre Iglesia, donde se produjo un cruce de sables bloquistas que se retiraron embajadores y hasta el saludo. Posaron el saliente Marinero y el entrante Espejo en la entrega de diplomas, una foto forzada por las tensiones aún vigentes.

El último capítulo de la saga fue esta misma semana, con la cesantía dispuesta por Marinero de nada menos que 3.500 contratados del departamento. Lo que es lisa y llanamente encender la mecha con gente arrojada a la calle, en un departamento que tiene apenas 9.000 habitantes. Los cálculos sobre la cantidad de contratados por el municipio son de hasta 10.000. Sí, más de uno por habitante, récord Guiness. No hay más alternativa que pensar que en Iglesia han estado contratando –o apenas pagando- a gente de otros departamentos. O a recién nacidos.

El condimento especial para completar la voltereta fue el comunicado de Marinero indicando que lo que hizo fue en acuerdo con su sucesor Espejo. De ese modo, pretendió literalmente arrojarle en la cara el fastidio de la gente desempleada, endosarle la responsabilidad y descargarle un atmosférico de materia fecal encima. Lindo gesto.

Cerró la lista sorpresivamente la Capital, un departamento en que aún resuenan los disparos de una interna picante y sin concesiones entre los compañeros Aranda y Baistrocchi, pero en el que, nuevamente, la gestión saliente no supo leer ni el resultado ni lo que se debe hacer en estos casos.

Fue levantando el volumen Franco Aranda hasta que la semana pasada mordió la banquina con la pretendida designación de varios de sus funcionarios políticos en planta permanente. Ya venían los ánimos caldeados por algunas medidas repentinas del intendente capitalino en transición –una ordenanza que condicionan a la futura gestión, el clásico de la terminal- pero estallaron con este regalo envuelto en celofán.

Un casillero espacial para Baistrocchi, que viene deslizando –y concretando- su decisión de recortar recursos de la planta política, encontrarse con el listado de funcionarios arandistas puestos entre tinieblas. Prometió revisarlas si encuentra que se concretaron, también regular por ordenanza las próximas transiciones.

No será un propósito menor, en un panorama de desgracia general. Y en un país en que el propio presidente se enojó por un resultado electoral en contra y dejó devaluar en vastigo el peso frente al dólar en un 40%. “Cuando nos pongamos de acuerdo sobre el precio al dólar”, argumentó ligero de culpas Macri en su mensaje de cierre esta semana para explicar un naufragio económico autoinducido.

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