Opinión

¿Beneficia a San Juan o la perjudica que haya minería en Mendoza?

Tiene sus pros: la creación de un ambiente minero nacional. También contras evidentes: el regreso de viejos fantasmas. Suárez aceleró y frenó, ¿sigue latente?
sábado, 28 de diciembre de 2019 · 10:07

Con el traje de la asunción aún lustroso, Rody Suárez salió a jugarse la ficha más pesada de su gestión futura en Mendoza en los primeros minutos. Como esos equipos que saben que no tienen resto físico, o esos boxeadores que apuestan a una mano en los primeros rounds, el cálculo del ahora o nunca para el gobernador vecino fue para cuando tuviera su poder en el pico más alto. Es decir, ahora. Así lo hizo, enseguida recalculó, congeló, cedió, se verá.

Para otro momento quedará el análisis de los motivos que lo empujaron. Concurren varios: el espejo sanjuanino muy cerca y su explosión de actividad económica comprobada, es uno; la virtual alianza radical-peronista, entre su propia gestión cambiemista y el visto bueno albertista hacia la actividad; un repaso sobre el estado de la militancia anitimera mendocina, a la que alguien habrá advertido adormecida.

Porque no, motivos estratégicos de fondo. El clásico lamento nacional de envidiar la actividad minera chilena y su condición de motor de la economía a fuerza de cobre, ahora que se viene una evidente revalorización mundial del metal colorado. Aunque no sea Chile hoy una mención conveniente en público, el cobre parece ser el mineral estrella. Cuando llueva sopa hay que ir con la cuchara, no con el tenedor.

Dicho mil veces: misma cordillera, contrastes dolorosos entre el despliegue chileno y la abulia nacional, que requiere de un par de ajustes. Que San Juan abandone la cultura bursátil de sus inversionistas y apriete las clavijas para poner a producir sus yacimientos. Y que Mendoza derogue la 7722, cosa que hizo Suárez y luego reculó. Además, claro, de que la Nación se haga cargo de la letanía que supone una ley de glaciares de alcance indefinido y efectos paralizantes: ¿tendrá espaldas políticas para hacerlo, o el caso mendocino habrá obrado como apercibimiento para Alberto por si se le ocurre algo parecido con Glaciares?

Importa de este lado de la frontera provincial conocer cómo impactaría un eventual despegue minero en Mendoza, nada imposible pero hoy más improbable que una semana atrás ante la resistencia ambientalista y el recálculo de Suárez. Para eso, una buena pregunta a formularnos estaría la siguiente: ¿está dispuesta San Juan a abandonar su histórico sitial de paraíso minero en su primer escalón?

Ese sitio desde el que últimamente se disfruta mojar una oreja, puesto en suspenso. Delirios de chauvinismo hueco, que de todos modos siempre opera. Y debe figurar en cualquier planilla al menos en el casillero de lo cultural, sin que eso suponga que se trate de un factor mínimamente importante.

Lo que sí resultaría de impacto, en el caso en que la minería finalmente consiga hacer cabecera de playa en Mendoza, es la posibilidad de consolidar un discurso minero nacional. Un renglón en el que hoy tenemos sólo a San Juan batiéndose a duelo contra los dinosaurios, mientras el resto del país –aún muchos de sus potenciales interesados, entre ellos los mendocinos- asistiendo a la función en condición de invitados. Y luciendo sus discursos principistas, derramando prejuicios al resto: desde envenenadores hasta el rótulo insólito de facilitadores de la prostitución y la trata, como dedicó nada menos que una diputada mendocina a los territorios donde se ejerce la minería. Esos seríamos nosotros.

Una irrupción mendocina en el tablero de la minería sería un salto de calidad y de peso para la actividad en general. Evidentemente, un cambio de status: pasar de una actividad lateral en el cómputo del PBI nacional, a hacerse sentir con otra fuerza, en otros escenarios, con más protagonistas de peso. Serviría claramente para recrear un ámbito de la actividad similar a la de las grandes potencias mineras mundiales: Canadá, Australia, Sudáfrica, Chile. Que no encuadran en horrendas profecías, como lo hacen los intentos locales.

Para San Juan también sería útil la conformación de un polo económico mendocino como evidente anzuelo de negocios. En especial, para las compañías que operan en la provincia y que disponen de estructura para atender servicios de logística en exploración, más aún en territorios cercanos que no les demandan grandes despliegues.

San Juan le lleva ya varias décadas a su vecina en experiencia minera, y eso aparece como un factor determinante en los primeros años. Lo natural resultaría que las exploraciones y explotaciones de Mendoza demanden inicialmente el know how sanjuanino, en modo sherpa hasta que despunte y consolide.

Pero atención que no aparecen todas buenas para los sanjuaninos en este menú de herramientas. Vale preguntarse: ¿en qué provincia preferiría instalar su sede regional una multinacional minera interesada en aterrizar por esta región?, ¿en una que tiene 50 vuelos diarios a Bs As o en otra que tiene uno sólo?

La respuesta está cantada, la discriminación aérea que ha sufrido San Juan en los últimos años macristas que llevaron la relación de vuelos a una situación de escándalo, puede seguir haciendo daño. Y no es el único diferencial a nivel infraestructura en el que San Juan debe remar desde atrás.

Pero el punto en el que más siente la minería sanjuanina la irrupción en escena entre los vecinos es la tácita –a veces explícita- exposición en la que queda en medio del debate de los ambientalistas. Que han planteado la cosa sobre el eje de vida o muerte, según el cual la vida es el agua para las plantas y la muerte es la habilitación para uso industrial minero. Es decir que nosotros somos la muerte.

Ha vuelto a la faceta pública nacional, y esta vez con mayor fuerza que nunca, un debate sobre la minería que no tiene equivalencias a nivel nacional. Porque se juega de visitantes, con la cancha inclinada, el árbitro con su corazoncito evidente y sin el VAR. La distancia y la incomprensión de la importancia de estos fenómenos económicos locales concluyen nuevamente en que ese duelo en los medios nacionales no resulten ecuánimes.

Desde Buenos Aires, la lucha por el agua parece romántica, aun cuando opera sobre datos sin verificación. Se reproducen entonces los mismos mensajes de hace décadas, cuando el foco estuvo puesto en San Juan: ahora no lo está, pero sí lo está de manera implícita si es que los buenos son los que cuidan el agua y frenan la megaminería y los malos son los que buscan favorecer un medio de vida en medio del desierto y la cordillera.

Benefician a los primeros una arista comunicacional históricamente deficitaria desde el sector minero al resto del país. Y así, los títulos de los medios operados desde Buenos Aires bajo rótulo de “nacionales” de estos días fueron un deja vu para los sanjuaninos: Revuelo en Mendoza por la habilitación del uso del cianuro para la minería, viejo latiguillo duranbarbista desempolvado para la ocasión. Al estilo Venezuela, pronunciada en loop hasta el cansancio como implacable herramienta comunicacional-política cada vez que se habla de los padecimientos de un país (de éste país, el nuestro). Y el cianuro es un insumo que utiliza la industria en general en Argentina, no suelen leerse enfoques similares cuando se autorizan, por ejemplo, camiones rumbo a Bahía Blanca para el sector petroquímico.

Mismas banderas, mismos protagonistas. Entre ellos andan grupos como el que alertó sobre una supuesta matanza por cáncer en Jáchal años ha derivada de la actividad minera en Iglesia, desde una nota bien porteña firmada entonces por Maristela Svampa, hoy principal agitadora en Mendoza.

El menú de prejuicios nacionales goza de buena salud, ha reaparecido en todo su esplendor en terreno mendocino con acuse de recibo sanjuanino. Contiene como siempre una leyenda blanca con artistas y gentes de buenos pensares de un lado, presuntos depredadores del otro. Fácil para los neutrales buscar un lado por el cual inclinarse.
Contra eso deberá volver a luchar la minería sanjuanina ahora que Mendoza ha pretendido sin éxito imitar a sus vecinos en lo que secretamente le admira. Sin resultado cantado, el partido todavía se está jugando aunque la minería lo pierde por goleada en el entretiempo.

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