Si más paredes hablaran… - Por Daniel Soler

viernes, 02 de marzo de 2012 · 20:49
Por Daniel Soler
danisoler@tiempodesanjuan.com


El fenómeno muralista hoy es una realidad que resurge en San Juan. Me pregunto ¿por qué?, ¿qué quieren decir?, ¿hay una cultura local, una estética muralista sanjuanina? ¿Es un ciclo anímico de la sociedad? ¿Estamos preparados para ese arte urbano? ¿Están protegidos? ¿Existe alguna normativa al respecto?

“Rocas vivas” fue el título que hace unas ediciones atrás TIEMPO DE SAN JUAN eligió para su nota de los murales callejeros en San Juan. La nota se afirmaba en el fenómeno de que cada vez hay más en la Ciudad, incluso con concursos públicos aprobados por el “me gusta” de Facebook, tan popular, efectivo y electrónico.

Venía observando el proceso en algunas paredes céntricas y me preguntaba ¿qué dicen o quieren decir esos jóvenes, con manos multicolores, con brochas y pinceles macerados en ensaladeras de solventes? Ver esos rostros satisfechos de hacer lo que les gusta, que ganan un espacio donde va germinando el boceto en amplificadas raíces de trazos que saltan del papel a la pared misma. Me llena de ganas y expectativas pasar por esa especie de atelier público y verlo ahí terminado, para mí y para todos los que caminamos la calle. ¿Qué resultó finalmente del trabajo? ¿Qué dicen con esos trabajos?

Eso sucede a diario. Consulto a la señora que también observa:

-¿De qué se trata la pintura?

-No sé. Pero me encanta, antes aquí había un cartel que decía no fijar carteles pero igual tenía afiches pegados y ahora me encuentro con toda esta pintura. Está bonito, pueda ser que dure.
La conversación es en la parada de colectivos de Santa Fe y Entre Ríos y, por suerte, esa obra de arte todavía dura.

Yo, que soy muy ignorante, me maravillo y redescubro el mensaje de un cuadro o mural si me lo cuenta Eduardo Peñafort o Virginia Agote, pero me maravillo más si la señora jubilada sigue contemplando y se “alegra de verlo” ahí, en la calle.

“El mural y cualquier especie instalada en un espacio público tiene en esencia la intención de acercar la expresión del artista a un número mucho mayor de personas que las que asisten normalmente a una exposición o un museo”, comenta la artística plástica Silvina Martínez.

Ponja Roca refleja su mirada “ya sea en caballete o mural mi mirada es siempre más social, política e ideológica”. Este artista tuvo varias intervenciones y confía en un arte más accesible a todos, como el de la “Esquina colorada y los derechos del niño”, sobre el paredón de una escuela que antes era el blanco de cuanta pintada política y grafiti callejero andaba dando vuelta.

Natalia Quiroga, reconocida artista sanjuanina, cuenta que “el mural me encanta, es una técnica que cultivo”. De ser asistente de Mario Sapia, a estos días que trabaja en la  Villa Hipódromo como docente y dónde también se animó con sus alumnos a la obra mural después de leer a Borges, asegura que “lo pintaron los niños, luego de la lectura, fue una experiencia completa, maravillosa y están intactos, la gente no los raya, es de ellos”.

La empresa estatal OSSE, en convenio con la Facultad de Filosofía, dispuso el enorme paredón sobre Ignacio de la Roza para entregarnos todo el proceso del agua, desde la toma en el Río San Juan hasta el surtidor de nuestras casas, en un enorme mural pintado por los estudiantes.

Me pregunto si esas valiosas miradas de los artistas, se puede contener en un proyecto más amplio, estético, de antecedentes y objetivos. Si tanto estímulo por hacer no nos lleva al arrebato de paredes sin un micro filtro de estilo u oportunidad para un decir ordenado, es una forma global de aprovechar talentos y pensar la estética de la Ciudad, un proyecto, más que personas, que funcione como curador de la muestra global de la Ciudad.

Lo he visto en otras ciudades, definido incluso por rincones.

Murales que, en combinación de colores y diseños, aportan a la cultura personalidad y atractivo del lugar.

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