La Rata Laly y el burgués vocalista - Por Daniel Soler

La lista de canciones prohibidas por los amigos en la juntada empezó con la Rata Laly de Gieco, a lo que se le agregó casi todo lo de Sui y especialmente Presente de Vox Dei. Los cantantes cuarentones cayeron en desgracia y eso era el 50% del repertorio.
viernes, 20 de enero de 2012 · 20:23

La banda orgullosa de alimentar fogones para audiencias adormecidas en alcohol -condición que les favorecía tocar todo con 4 acordes pasando del tango  al folclore o al  rock, con la caradurez como talento y la provocación “ustedes pidan” como levante e integración-, había caído en desgracia.

El murmullo entonado del  “una que sepamos todos”, es cosa del pasado, sentenció ella, y tomó la iniciativa.

La impertinente muchacha, arrasó con la consola, conectó su Nokia y levantó la despedida del año que venía mal, con buen sonido y al ritmo de los Wachiturros, cuarteto y no sé cuántas indescriptibles canciones que todos, menos los integrantes de la banda, parecían conocer. Y volvió a amenazar: “Tengo como 12 horas más de música sin usar, no se les ocurra conectar la guitarra y menos tocar Silvio Rodríguez”.

La muchacha no sabe lo que provocó en el fondo de los pseudo-músicos. Se metieron a Internet, bajaron millones de pistas para karaoke listas para usar y de muy buena calidad, que levantan y suben los tonos con el programa Vanbasco's.

Hurgaron en nuevos softwares (Sound Forge,  Nero Wave, Adobe Audition, Vegas, Sound Track, etcétera) que les permite a cualquier canción original sacarles de un plumazo la voz de los cantantes y borrarle a los Freddy Mercury, a los Charly García,  y quedarse con sus bandas y sus músicos.

Y fueron por más: Como uno de los integrantes de la banda sabe tocar bien la viola, entonces no sólo le sacaron la voz, ahora también le sacaron la viola y dejaron el resto del acompañamiento. Con la ayuda de los chinos, a muy bajo precio y en cuotas, adquirieron cajas potenciadas y lograron un sonido que desde los 17 soñaban tener.

Restaba algunos detalles: Actitud escénica y memoria para recordar las letras. Ningún problema para estos tiempos, entraron a Youtube, y ahí están todos los videos, de Nino Bravo a Justin Bieber, de los que sacan toda la gestualidad y zafan con las letras que  se van coloreando al compás justo de entrada, mientras ensayan pasitos y bajan la panza en un videoke enloquecido.

La banda está lista para una nueva presentación y buscan revancha. Todavía no hay público.

-No hay fogón ni sello discográfico que aguante
Es rara la imagen de un fogón alimentada por la luz y guitarra del  iPad,  y el cantante leyendo la letra por Blackberry. El domingo estuve en uno, es muy preciso pero no tiene onda a excepción del olor a asado.

Es raro también que una carrera vertiginosa de fama y consagración llegue por caminos distintos a los naturales de las compañías discográficas, pero así empezó Justin Bieber, Selena Gómez, y también los Wachiturros. Incluso en San Juan Hinnú Sanchez un chaqueño criado en Barreal que llena teatros sin sello discográfico de soporte, es todo un fenómeno de la red que vino desde el Impenetrable a la tierra de Sarmiento.

Pero eso no es nada. Imaginen con tanta tecnología que a alguien se le ocurra hacer una banda en un laboratorio de ordenadores, con una cantante hecha a imagen y semejanza del mercado, que llena estadios, y alcanza la nota que quiera simplemente porque es un holograma y todo en ella y su música fue preparado por técnicos en computación.

No la imaginen. Vayan a Youtube y vean a Hatsune Miku: Piernas largas, sensuales, ojos grandes, falda corta y movimientos provocativos, llenando estadios en Japón. ¡Sí, alguien compra entradas para ir a vibrar y saltar con un holograma! Ni siquiera es comparable con Gorillaz, que es una combinación binaria, creativa, tecnológicamente brillante, que al menos se respalda en verdaderos músicos en escena.

La tecnología al servicio del arte hoy es infinita, lo que derriba fronteras, facilita el acceso, democratiza ampliando propuestas, como también, genera abusos, despersonaliza, avasalla derechos, y muta la necesidad de los talentos para el arte, cambiando el arte.

-¿Quién toca esta noche?

Los canto-bar, las reuniones de familia, la espera en algún restó, son aclimatadas por muchos cantantes que llegan con sus pistas, felices de que les paguen por hacer lo que les gusta. Hay de todo.

Caraduras desafinados con movimientos catatónicos pero con posters, lo que les permite sentirse cantantes. En una sola noche escuché a dos cantantes distintos con la misma pista bajada de Internet, que saltaba exactamente en el mismo lugar del estribillo por un daño en el archivo original. Una desfachatez, que tiene mercado.

Y por otro lado, geniales momentos que levantan hasta los muertos, por músicos entrenados en la ejecución e interpretación como los Plan B, que inventaron en San Juan el cover profesional, y hacen de su show una puesta de recreaciones y momentos inolvidables usando toda la tecnología disponible para un momento artístico.

Alguna vez, el mismísimo Pappo le saltó a la yugular a un DJ, que refiriéndose a su servicio decía    “Vamos a tocar en...”. El Carpo le saltó argumentando que para el músico pasar música, no es lo mismo que hacer, componer o tocar música, cuestión con la que ustedes, inteligentes lectores, estarán también de acuerdo.

Como el DJ del Carpo, nuestros hijos expuestos al Disney Channel y a Internet, creen que colgar un video es suficiente para ser fenómeno como los Vázquez Sound,  Selena o Justin, que copiar es lo mismo que ser. No existen para ellos los conservatorios, los profesores, el sacrificio y el tiempo de maduración imprescindible para el espíritu artístico.

Aquí me acuerdo de Don Atahualpa con el dolor del artista, exiliado, atormentado de ausencias y de pagos, con el único refugio de la guitarra acurrucada en sus brazos, simplemente para encontrar algún acorde en el mástil de la guitarra que representara al silencio. O por aquí más cerca, el Gordo Páez Oro volviendo en la carrocería de un camión ensayando tonadas y, en el tierral del viento Zonda, sacando el cogote sólo para gritar “Viento, enséñame tu canto”.

¿Saben qué?, voy a guardar todos los karaokes y las máquinas. Ya le llamo a mi amigo, debemos ensayar, es cierto, pero vamos a tocar y a liberar la rata fácil que llevamos dentro.
 

Comentarios