El empleado del mes - Por Daniel Soler

viernes, 13 de enero de 2012 · 20:02

Por Daniel Soler
daniel@solerjamed.com.ar

Se me ocurre una imagen, un ciclo, una repetición. Detrás de la cajera había una foto de la misma cajera como empleada del mes, y en esa foto de la cajera que estaba detrás de la cajera una foto de la misma cajera que antes también fue empleada del mes y así infinitamente.

La cajera es la mejor de los últimos 10 años 8 horas por día, y cuando llega a casa escucha Money de Pink Floyd porque la relaja. Su vida es ser cajera, una buena cajera. Llegó el nuevo jefe, el joven y motivador hijo del dueño y la ascendió a supervisora. Ese fue el fin para una buena cajera y para una buena tarea de supervisión.

No es verdad que todos los curas quieren ser Papa, ni que todos los empleados quieren ser jefes. Tampoco es cierto que todos los jefes puedan ser líderes, es más, ningún líder puede ser gerente.

En un curso (Dracma) me enseñaron que para gestionar el cambio en las organizaciones debemos detectar por lo menos 4 tipos de empleados:

Los estudiosos: Son los que frente al cambio se motivan, con humildad aprenden, e intentan aplicar rápido lo que la organización solicita. Para el cambio este tipo de empleados no puede faltar. Lo que no tienen en capacidad les sobra en actitud y eso es todo lo que se necesita.

Los fanfarrones: Son capaces, pueden, se entusiasman con facilidad, contagian de ganas a sus compañeros pero resultan también una especie de falsos profetas. A los que siguen sus compañeros pero que al tiempo de caminar el cambio suelen sentarse a observar cómo lo hacen los demás o a criticar. De todas maneras, tampoco pueden faltar para la gestión del cambio.

Los atrincherados: En sus recuerdos, en épocas pasadas, en estilos anteriores, en otros jefes, hablan todo el día por lo bajo esperando que todos los cambios fracasen y vengan a buscarlos porque si ellos saben cómo era la empresa antes. Estos personajes tiene todas las respuestas en el pasado. Muchos talentos están encuadrados en esta ilógica realidad de trabajo, y desgraciadamente no se los puede considerar en la organización para cambiar nada, y hasta donde yo los conozco son mejores afuera que adentro.

Los apabullados: Todo los sobrepasa, no quieren, no prueban y no entienden.

El liderazgo debe y puede encaminar a todos estas personalidades en el cambio, pero claro, se necesita liderazgo, conocimiento, compromiso y, en el caso de las dos últimas tipologías, perder mucho dinero.

En la edición de la semana pasada leíamos un artículo de Viviana Pastor en el que se referenciaba los planes de las empresas para este año. Muchas ganas de invertir, y un gran problema para subsistir o crecer, el recurso humano y su capacidad, refiriéndose sólo a los empleados, problemas que yo le agrego también a la conducción.

Pasaron muchos años en los que los dueños de las empresas sólo formaron hijos caprichosos a quienes les resultaba más fácil vender que continuar con el esfuerzo de la familia.

En los últimos años en nuestra provincia existió un fenómeno de crecimiento inusitado, la tasa de desocupación descendió más de 10 puntos e ingresaron a las fuerzas no sólo nuevos trabajadores, sino que se crearon nuevas empresas, nuevos jefes, nuevos puestos gerenciales y hasta viejos sellos de históricas organizaciones intermedias evidenciaron su corta visión en el momento del protagonismo.

Desde la cabeza hasta los pies de las organizaciones empresarias todos ascendimos a nuevos escenarios más potentes de desarrollo sin estar preparados del todo.

Algunos de los actuales problemas de crecimiento empresario están en encontrar todavía a jefes o dirigentes, repitiendo la fórmula vieja para problemas nuevos e inventando una gestión de cambio (que no es tarea fácil ni sencilla, ni es para cualquiera) y motivación para adentro de las organizaciones, copiando modelos externos sin razones locales.

Una empleada del Estado, bien “apabullada” al estilo “Gasalla” me lo djo en la cara con el mejor tono de caricatura: “Que lo hagan los nuevos, ellos saben usar la máquina, es lo único que saben hacer” y siguió sentada en el histórico banco en el que se sientan a esperar que pase la mañana.

Ante mi atónita mirada un técnico contratado por el Estado me dijo a boca de jarro “no me conviene pasar a planta, por más obra social que me den, y asignación y permiso de estudio, y estabilidad laboral, y casi nulas posibilidades de que mañana me saquen, y que podré hacer otra cosa por la tarde,… me van a bajar el sueldo y eso no lo quiero, con mi especialidad puedo aspirar a más”.

Alguna vez me explicaron que el día más motivado de un empleado es el primero. Después de ese día, sólo tiene motivos para no estar motivado. Los dueños y gerentes, deben aprender a sostener y liderar esa motivación.

No todas las organizaciones pueden ofrecer contenciones al estilo Google, y no todos los empleados y jefes están preparados para entenderlo. Aún en Google se necesita un puesto para cambiar el papel higiénico, y es el puesto más importante de toda la organización en algún momento del día.

 

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