El valor de las ideas - Por Daniel Soler

viernes, 4 de noviembre de 2011 · 19:11

Caso 1

Una empresa local exhibía orgullosa, en su plan de financiación, cuotas muy flexibles y pequeñas y usaba la palabra MINI. Llegó Ribeiro y dijo esa palabra es mía, las Minicuotas es nuestro invento y usted no la puede usar más. Chau!

Caso 2

Un grupo de empresarios crea una tarjeta de crédito exclusiva para farmacias, obviamente un nombre cantado: Farma-Card.
La tarjeta se lanza, se invierte en comunicación y aparece la objeción: El nombre estaba registrado. Chau marca, chau esfuerzo, chau inversión. Empezaron de vuelta y con otro nombre.
Pero sigamos y la compliquemos un poco más, porque ahora, al problema de registración le sumemos la ética.

Caso 3

Llega un potencial cliente y me entusiasma mucho.
Instalará una empresa de mantenimiento del hogar, cosa común hoy, lo que más me gusta es el nombre que él pensó: “Marido a domicilio”, el tipo no iba por la esquina todavía y mi entusiasmo se desvaneció. El nombre y rubro ya existían y estaban en la web, en Buenos Aires.
¿Me mintió? ¿Coincidencias? En este caso, chau cliente.

Caso 4

Un periodista escribe una nota, investiga, trabaja, invierte tiempo, neuronas y su teléfono. La publica, incluso con un error de tipeo. En menos de una hora otro diario de San Juan también publica, casi la misma nota, casi el mismo título, y lo que no es casi (por que evidencia el robo) la publica con el mismo error. ¿Chau profesional?
La tarea periodística impide andar registrando notas, la ética exige citar la fuente para dejar de ser ladrón.

¿Confiás en tu idea? Registrála

No tenemos en San Juan problema en la falta de ideas o creatividad. Lo que sucede es que a la idea no la vemos como activos en las empresas, somos informales, no validamos una idea, como idea-negocio, no cuidamos a la gente que tiene ideas y mucho menos conciencia sobre la protección legal de estas.

En el caso 1 y 2, sólo es impericia comercial, inexperiencia de emprendedores, y la tendencia es a continuar en la informalidad parece, según nos dice el especialista Sebastián Manini.
En los otros dos casos, que no se cite la fuente, o que pretendan apropiarse de la creatividad o el conocimiento de otros, es lisa y llanamente un robo y es bastante más normal de lo que usted imagina.

Mire que fácil me lo explicaron… “historias de amor hay muchas pero Romeo y Julieta una sola”. Lo que el registro de la propiedad intelectual protege es la obra, no la idea.

Sin embargo, una idea, de cualquier tipo, siempre podrá ser registrada al menos como antecedente para cualquier conflicto posterior en la discusión de la obra.

Registrando la obra en la propiedad intelectual, dice Manini, “usted tiene dos réditos. Uno patrimonial, por el que podrá ceder,  enajenar, todo o parte de la obra a cambio de dinero por ejemplo. Y la otra, es moral y este derecho es irrenunciable. Nunca el autor resigna su derecho de creación y siempre deberá ser citado.” Este último caso es algo que en los medios debiera empezar a notarse.

Pese al crecimiento de San Juan la consulta sobre estos temas, en los estudios de Sebastián Manini, o  Torres, no crecieron,  es más, están igual o cayeron.

Cante Conmigo

1-2-3 elija Trielec, la tri elección, que rinde por tres.
Las Artesa-nías de-la-Abue-la.
23-50- 40 y  Las Leñas en su casa estaráaaa!!!
El pastor puso la radio, y escucho con emoción... (El jingle de Navidad de Radio Colon).
Los autores debieran cobrar derechos, cada vez que estas piezas se emiten, pero en San Juan esto no pasa.
Aquí  se estila que con los honorarios vayan todos los derechos, por ende, si la idea es exitosa o no, al publicista no le altera su economía.
Por otro lado, si quisieran imponer el sistema de royalties por emisión, asociándose al éxito de la idea, se quedarían sin trabajo. Las empresas no quieren ataduras.
El sistema es perverso, poco profesional y es anti-éxito. El “jinglero” robará una melodía-hit del momento, le cambiará la letra y a otra cosa. Mediocre, muy mediocre, pero se asegura que vuelvan a los seis meses.
Mucho peor, como algunos tienen una imagen todavía aldeana de los temas profesionales, y no entienden lo  globalizado de la comunicación, bajan la imagen de Maradona y le hacen decir cualquier cosa en el medio de la campaña política. Justo a él.
 
¿Cuánto cuesta una idea? ¿Cómo se paga?

Uno o cien mil, a las ideas hay que pagarlas.
Estoy poniendo el acento en  la voluntad de  meterse la mano a la billetera y que cueste billetes esa idea, convencido de invertir en una marca, en un posicionamiento, en un activo cuyo único inconveniente para el gerente es que está en los intangibles y por eso no lo ve.

Es seguro, que la idea sale de una cabeza o varias y nunca de una máquina, por ende, si está dispuesto a pagar dispóngase también a negociar con su empleado, proveedor o profesional que haya elegido.

En publicidad, cuando se negocia en un solo pago, habría que delimitar el tiempo de uso.
Si usted lo quiere usar para toda la vida y confía que la idea será un éxito, invierta el dinero que corresponde sin royalties de por medio, pero negocie con respeto.

Los clientes siempre quieren la idea de Coca Cola o Quilmes, pero están dispuestos a invertir lo mismo que el “Kiosco Pirulo”, por eso teníamos un mercado “ofertero”, chato, sin grandes iniciativas. Al cliente le funciona y vuelve cada cambio de temporada, paga poco pero está.
Por efecto saturación nomás, con todos haciendo mediocridades “oferteras”, algunos se destacaron siempre defendiendo ideas.

Parece que ahora el desafío es otro, ya hay mucha gente con nuevas y buenas ideas, la competencia mejora, el gusto se refina, el cliente busca distinguirse y también aprende a invertir.

Si le digo:
“El sabor del encuentro”.
“Hacéle caso a tu sed”.
“Just do it”.
¿Usted sabe de qué marcas estoy hablando?
OK.
Eso hacen las ideas por las empresas.
Invierta en gente con ideas.

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