El crimen de la “Coboy”

El odio hecho venganza - Por Omar Garade

En 1995 una ex presidiaria golpeó con un hierro en la cabeza a su pareja. Lo hizo por un ataque de celos. La víctima no murió de inmediato. La mujer, luego de herirlo lo mantuvo desangrándose casi dos días en el interior de su casa en Chimbas. Finalmente, el hombre murió y la violenta asesina pagó con prisión su cruel venganza.
viernes, 02 de marzo de 2012 · 20:31

Por Omar Garade

El raro caso de violencia de género al revés se produjo en una casa de adobe del departamento de Chimbas en abril de 1995, cuando una ex presidiaria golpeó a su pareja que vivía con él, y lo mantuvo moribundo por casi dos días encerrado en su vivienda. El caso conmocionó a toda la provincia, que nunca había vivido un hecho de estas características, en donde el sexo del victimario y la víctima se cambiaron por una vez.

También llamó mucho la atención el miedo que generaba la asesina entre todos aquellos que la conocían. Ya sea su propia familia, la familia del muerto, y los vecinos del lugar, que a pesar de ver como esta mujer apedreaba a su “novio” en la puerta de entrada de la casa, nadie se animó a realizar la denuncia pertinente para salvarle la vida.

Quizás esta sea una historia de las tantas que se ven en San Juan en la que un hombre mantiene dos “familias” a la vez y a través de una insólita moral, lo hace a la luz del día como si a nadie le importara. Lo cierto es que a Rosario Carrizo (41 años en ese momento), alias la “Coboy” (sobrenombre que hace referencia a las películas del viejo Oeste norteamericano y la figura del “cowboy”, personajes que actuaban a punta de pistola y fuera de la ley), esta situación si le importó, y no tuvo mejor forma de arreglarla que pegándole con un hierro en la cabeza a Luis Daniel Oviedo (45 años en ese momento).

La víctima era también un alcohólico con serios problemas de salud y de comportamiento. Tanto es así que esta enfermedad lo había llevado a perder su primera familia y buscar “conchabo” en la casa de la Carrizo, quién vivía reprochándole en todo momento que no cortara definitivamente la relación conDelia Olivia Jácamo (su ex mujer con la que tuvo tres hijos), a la que la “Coboy” tan solo  llamaba “la otra”.

Fueron esos celos en definitiva lo que provocó la tragedia y una de las escenas más sangrienta que conozca la policía sanjuanina, cuando encontró el cuerpo de Oviedo que estuvo casi dos días desangrándose y recibiendo los embates de furia y venganza de una mujer “indignada” con su amante.

Pero remontémonos a los hechos para tener una visión más acabada de este crimen pasional que tuvo ribetes de horror por la forma en que fue encontrada la víctima. Luis Oviedo llegaba al domicilio de 25 de Mayo N° 2315 en el departamento Chimbas en las primeras horas de la madrugada del domingo 2 de abril de 1995. Esa era la vivienda de Rosario Carrizo, quien para esos momentos era su casera –ya que le alquilaba una habitación- y su pareja.

El hombre no alcanzó ni entrar a la casa de adobe pintado. La mujer la estaba esperando en el umbral de la puerta. Apenas lo vio lo empujó para afuera y comenzó a gritarle. El enojo de la dueña de casa, algo de lo que “se informaron” los vecinos por los gritos que ésta daba, era porque Oviedo había estado visitando a su ex mujer ya sus hijos.

El hombre se envalentonó y a pesar de los reclamos trató de entrar por la fuerza a la casa. La “Coboy” se enfureció con esta actitud y empezó a pegarle y hacerlo retroceder para afuera. Oviedo, que estaba totalmente borracho no opuso mucha resistencia, por lo que rápidamente fue a dar de bruces contra el suelo. La mujer –a la que también se la acusa de haber bebido en exceso en ese momento-, empezó a juntar piedras y tirarlas fuertemente sobre la humanidad del objeto de sus celos.
Parecía una escena bíblica de lapidación. Los vecinos que primero se reían y luego se empezaron a preocupar por esta situación, trataron de intervenir al ver que el hombre no se defendía. Cada vez que uno de ellos se acercaba, Carrizo les tiraba proyectiles también a ellos. Así que por más compasión que produjera el herido, ninguno se atrevió a meterse con semejante mujer violenta.

El ataque con piedras duró varios minutos más hasta que Oviedo cayó inconsciente sobre la vereda. La “Coboy” ni se inmutó, pegó la vuelta, se metió en su casa y cerró la puerta con llave. El temor de la barriada ante la violencia de esta mujer se mantuvo firme, ya que nadie se animó a socorrer al jornalero durante las horas que éste estuvo tirado en la vereda.

Cuando empezó a despertarse, Oviedo empezó a gemir cada vez más fuerte. Al escuchar Rosario Carrizo que los gritos de dolor de su pareja llamaban la atención, decidió salir hasta la vereda, y arrastrándolo por los pies lo entró a la casa. Según se supo después por quienes encontraron a Oviedo, la víctima no pasó más allá del pasillo de entrada, lugar en donde quedó hecho un ovillo de sangre y dolor a merced de la “Coboy”.

Fue esa misma noche de domingo que se desató el drama final. Al parecer, Oviedo seguía gritando de dolor en la pasillo, por lo que Carrizo cada vez que pasaba le pegaba para que se callara. El hombre la insultaba y le decía que la iba a denunciar a la policía. Esto enfurecía más a su “casera” que cada vez le pegaba más fuerte con la escoba o con sus mismos pies. Una vez dado por vencido ante tanta violencia, Oviedo le suplicó a la “Coboy” que por favor le llamara un médico para que lo curara.

Este fue el último pedido del hombre. Cansada de sus “lamentos y gritos”, Rosario Carrizo fue hasta el fondo de su hogar y trajo un hierro. Se paró frente a él y golpeó con todas sus fuerzas en el cráneo del herido. Oviedo finalmente calló y sin más, la “Coboy” se fue a dormir. Según los peritos policiales y judiciales que luego actuaron en el juicio contra Carrizo, este golpe con esa “arma” fue determinante para la muerte a la víctima, pero no la única causa.

Al otro día –lunes-, Carrizo salió de su casa como nada. Dentro de la humilde vivienda Oviedo se seguía desangrando y apenas respiraba. Sus vecinos la vieron salir desafiante y por más que esperaron un buen rato no tuvieron noticias del jornalero. Esta situación los comenzó a preocupar y un rumor se comenzó a extender por toda la barriada.

Enterado lo que se decía en el lugar, un compañero de trabajo y amigo de Oviedo, se trasladó rápidamente a la vivienda de la calle 25 de Mayo. Allí los vecinos lo pusieron al día sobre lo que habían visto la madrugada y mañana del domingo y sus sospechas de que el jornalero se encontraba todavía herido en el interior del inmueble.

El amigo no lo dudó y forzó la puerta de entrada. Una vez adentro se dio con el macabro espectáculo. Oviedo estaba tirado sobre un enorme charco de su propia sangre. El amigo se acercó espantado y al tratar de sentarlo se dio cuenta que la víctima aún respiraba. Lo acomodó lo más rápido que pudo contra la pared, y todo manchado salió al exterior pidiendo a los gritos que llamaran a una ambulancia y a la policía.

Fu en ese momento que se desató otra violenta escena. El amigo seguía tratando de atender a Oviedo limpiándole lo mejor que podía la cabeza con un trapo, cuando la “Coboy” llegó de vuelta a su hogar. La pelea fue inmediata. Mientras Carrizo insultaba al “invasor”, éste se negaba a abandonar al agonizante jornalero. La mujer se enfureció y logró que el otro trabajador abandonara la casa a fuerza de insultos y empujones.

El amigo sabía que si dejaba a la víctima de nuevo a merced de la mujer, éste nunca recibiría ayuda para salvar su vida. Por lo que accedió dejar el interior de la casa, pero se plantó en el umbral de la vivienda para que la agresora no pudiera cerrar nuevamente la puerta. Fueron minutos de zozobra, porque la “Coboy” aumentaba cada vez más su furia y muchos de los vecinos que rodearon el lugar pensaron que era capaz de cualquier cosa.

Los primeros en llegar y calmar un poco la situación, fueron los paramédicos y la ambulancia. Estos se bajaron y a pesar de que no pudieron acceder de inmediato a Oviedo porque la mujer no los dejaba entrar, se dieron cuenta rápidamente que el estado del agredido era grave.

Intentaron todos los argumentos para convencerla, pero la “Coboy” se negaba a que lo atendieran. Les decía a los gritos que solo “era un viejo borracho que se había roto la cabeza”.
Rosario Carrizo solo accedió a que los paramédicos entraran a su casa, luego de que un móvil de la seccional 17 de Chimbas se hiciera presente en el lugar.  Cuando se decidió trasladar de urgencia a Oviedo al Hospital Rawson, la “Coboy” se largó a llorar y suplicó en llanto que quería estar al lado de su “compañero”. Los policías accedieron y Carrizo se subió a la ambulancia.

Ya en la sala de Urgencias del hospital, los médicos determinaron que la herida que prácticamente le había hundido el cráneo al jornalero, no fue hecha por una caída, sino que la víctima fue severamente golpeado con un elemento contundente. Allí, y a pesar de su constante llanto, la “Coboy” fue detenida y puesta a disposición de la justicia bajo los cargos de Homicidio Simple y Abandono de Persona.

Era el lunes 3 de abril de 1995 a la tarde cuando Oviedo llegó al hospital. Fue el miércoles 5 de abril  cuando el jornalero murió en una cama de Terapia Intensiva, luego de ser operado varias veces por los médicos del lugar. Los profesionales aseguraron que a pesar de que la herida provocada con el hierro era muy grave, lo que realmente mató a Oviedo fue la falta de atención médica durante tantas horas, en que la víctima se desangró y perdió toda posibilidad de recuperarse.

Rosario Carrizo, alias la “Coboy” fue enjuiciada dos años más tarde y fue encontrada culpable de este sangriento homicidio que la envió directo al Penal de Chimbas a cumplir una condena superior a los 15 años. En ese momento no solo se juzgó lo violento de sus acciones, sino también el odio que sentía por Oviedo, al que luego de golpearlo lo dejó morir en un pasillo de su casa.

Lo cierto es que si su amigo no se hubiera animado a romper la puerta y llamar a la ambulancia y la policía, Oviedo hubiera muerto desangrado en esa vivienda de Chimbas, y quizás nadie se hubiera enterado de este cruel asesinato que empezó a los ojos de todos sus vecinos. La “Coboy” nunca tuvo la idea de ayudarlo, su odio la enceguecía, y además de quitarle la vida, pretendía que su “pareja” sufriera hasta su última gota de sangre.

No lo logró, y eso la debe haber enfurecido más aún, sobre todo cuando se enteró que su ex mujer, “la otra”,  fue la última en tenerle la mano a Oviedo cuando este se despidió de esta vida.

Alcohólico

Fue el vino que separó a Luis Oviedo de su primera mujer, Delia Jácamo. Así lo entendía ella que por esta adicción lo había echado varias veces de su casa. “Cada vez que venía borracho, teníamos una terrible pelea”, decía en aquellos momentos, apenas enterada del salvaje ataque que sufrió su esposo.

Según esta mujer que acompañó las últimas horas de vida de Oviedo, fue por el alcoholismo que se fue a vivir con la “Coboy”. Al parecer ambos bebían “a la par” y ninguno se molestaba con el otro si se embriagaba. Vivieron juntos tres meses en la casa de la calle 25 de Mayo, y al parecer en todo ese tiempo la pareja le dio rienda suelta al alcohol.

 Lo único que los separaba, aseguró a los medios en esa época Delia Jácamo, eran los celos que la Carrizo sentía por su familia. Lo cierto es que Oviedo llegó un momento que vivía en las dos casas y era una situación que molestaba a las dos mujeres.

“Luis me había prometido que iba a dejar de tomar y se iba alejar de esa mujer, para que pudiéramos volver a ser una familia junto a mis hijos”, contaba Delia mientras esperaba las noticias en la sala de espera del Rawson.

Jácamo también aseguró que la Carrizo era muy violenta y que la prueba la tenía con sus hijos, que cada vez que trataban de visitar a su padre en la calle 25 de Mayo, la ex presidiaria los corría a pedradas y exigiéndoles a gritos que no volvieran a ver más a Oviedo que éste “ya no era su padre”.

Tanto Delia como el mejor amigo de Oviedo –el que lo encontró desangrándose en la vivienda de adobe- aseguraron que la víctima le tenía miedo a la “Coboy”. “Esta algún día me va a cortar el cogote”, aseguraban que decía Oviedo. Pero que seguía volviendo a lo de la Carrizo porque allí se juntaban a tomar sin que nadie los molestara.

Peligrosa

En las fotografías de la época de este sangriento hecho, se pueden ver a los vecinos de esa zona de Chimbas todos reunidos en la vereda del frente del lugar en donde se cometió este furioso ataque. Los pobladores de esae lugar realmente temían a la “Coboy”, porque esta mujer dirimía cualquier problema por la violencia.

Ya sea porque normalmente estaba alcoholizada o porque su conducta social era realmente peligrosa, la Carrizo ante cualquier discusión se plantaba a insultar y pegar trompadas y patadas, y casi siempre a apedrear a su contrincante de turno. Al parecer las piedras eran su arma favorits, ya que siempre conseguía de estos proyectiles para lanzarle a quien sea.
En el juicio se supo que Rosario Carrizo estuvo presa por lo menos diez años, por iniciar en la prostitución a su hija a los doce años. Ya en esos tiempos tenía un largo prontuario, no tan solo por hechos de violencia, sino por ser cómplice de reconocidos malvivientes de la zona de Chimbas.

Un grupo de psicólogos y psiquiatras que trabajaron en el Penal de Chimbas en su caso, aseguraron que la mujer tenía problemas de adaptación social y que era realmente peligrosa para vivir en cualquier comunidad. A pesar de esto, al cumplir su condena quedó en libertad. Estuvo poco tiempo lejos de la celda, porque en menos de dos años asesinó a Oviedo, hecho que la devolvió inmediatamente a Chimbas.

Rivalidad

Durante el juicio a Rosario Carrizo por el homicidio y abandono de Luis Oviedo, realizado en 1997, se vivieron distintas escenas que llamaron la atención del tribunal. La primera de ellas fue cuando la “Coboy” llegó al juzgado con una cartera la que nadie sabía que tenía adentro. Finalmente fue requisada y se encontró papeles de diarios arrugados.

Actos de este tipo ponían nerviosos a todos en el tribunal, porque se sabía lo peligrosa que era esta mujer. Así que cualquier movimiento sospechoso de ella, ponía en alerta a todos los presentes.

Solo un hecho produjo algo de temor y compasión por la acusada. Fue cuando Delia Jácamo pasó a atestiguar. En el momento que la “Coboy” se empezó a desesperar, empezó a moverse nerviosa y finalmente se largó a llorar.

Terminada esa jornada del juicio, los periodistas que cubrían el proceso lograron saber que Carrizo se había puesto de esa forma porque vio que “la otra”, Delia Jácamo, fue a dar testimonio calzando unos zapatos que eran de su propiedad.

Es decir que la “Coboy” tomó como un insulto que la rival por el amor de Oviedo hubiera tenido el tupé de usarlos frente a ella. Por más que se averiguó, nunca se supo si los zapatos realmente eran de Carrizo y menos se supo cómo Jácamo se hizo con ellos.

 

 

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