Asesinato y violación de una niña

El peor crimen de todos - Por Omar Garade

Un trabajador mató y violó una nena de dos años en 1997. El caso produjo una de las mayores olas de indignación en la población sanjuanina. Más de 500 personas sitiaron la seccional en la que lo detuvieron, pidiendo que las autoridades lo entregaran para lincharlo. El rápido y efectivo trabajo de policías y miembros de la justicia, posibilitó que el asesino y violador saliera con vida de ese lugar.
viernes, 09 de marzo de 2012 · 19:53

Por Omar Garade

Era la hora de la siesta. El venía caminando como podía luego de haberse pasado todo el mediodía “chupando” con sus compañeros de cuadrilla. Hacía calor y se dirigía al rancho en donde dormía mientras durara este último trabajo “golondrina” que había conseguido. Era en el Lote Hogar 27 de Pocito, detrás de una casa de familia donde vivían dos abuelos y una pareja con hijos pequeños.

El sol le pegaba justo en la frente y le transpiraba la camiseta de Boca que hacía más de un mes que no se sacaba. Tropezaba con sus ojotas entre los caminos de tierra y piedra de las fincas cercanas al lote. Cuando llegó frente a la pequeña y humilde casa de una sola habitación, vio a una de las niñas. Algo lo invadió por dentro y trató de agarrarla.

La chica de unos diez años lo esquivó y salió corriendo porque ese hombre rubio, sucio y con olor a alcohol le dio mucho miedo. Él se enfureció y comenzó a mirar para todos lados. Bruscamente entró a la casucha y vio a la pequeña beba que estaba durmiendo sobre un viejo sillón.  La tomó en sus brazos como si fuera una muñeca y se la llevó para afuera.

Iba camino a la acequia cuando la niña se despertó y empezó a gritar. Asustada,  la beba no entendía qué le pasaba. No eran los dulces brazos de su abuela los que la cargaban, ni los fornidos y curtidos brazos de su abuelo con el que jugaba. Eran brazos extraños, brazos desconocidos, brazos del odio. El susto era tan grande que las pocas palabras que había aprendido a decir en estos dos primeros dos años de su vida no le salían.

Llegaron a la acequia y él la tiró sobre el pasto al lado del cauce. Ella lloraba cada vez más fuerte, como si su llanto fuera un desesperado pedido de ayuda. Nunca la habían tratado con tanta violencia. Nunca había sentido algo así. El hombre se arrodilló frente a ella y con su enorme mano sucia le tapó la boca.

El dolor la invadió. Era más grande que ella y que su propio cuerpo. Llorar con todos sus pulmones era lo único que podía hacer. En su cabeza lo hacía cada vez más fuerte. En su cabeza alguien la escuchaba y la sacaba de ese terror nunca esperado. En su cabeza su madre la levantaba y la acunaba entre sus brazos. En su cabeza esto no estaba pasando.

En un momento todo se empezó a desvanecer. Hasta esos ojos llenos de odio que vio que la alzaban empezaban a desaparecer en su cabeza. Ya no podía escuchar ni su propio llanto. Ya su pecho dejaba de inflarse. Su cuerpo se escapaba de ella y todo se fundía en el negro de una inmensa agonía.

Y en un solo segundo, pasó. Vio los ojos de su madre dándole la teta. A sus hermanitas jugando con sus manos. A su abuela cambiándola y a su padre teniéndola a upa antes de dormirse. Fue en ese instante que vio todo ese amor que había vivido y con esos recuerdos en su cabecita se fue definitivamente de este mundo terminando de una vez por todas con ese desgarrador dolor.

Él se tiró de espaldas sobre el pasto. Agitado y endemoniado por lo que había terminado de hacer. Esperó a que se le pasara un poco la agitación y se puso de pie. Se terminaba de levantar el pantalón corto, cuándo vio la cruel escena que acababa de “pintar”. No se inmutó. Solo se limpió el pasto de la cara, escupió a un costado y comenzó a caminar rápidamente en dirección contraria de la casa. Lo único que sabía en ese momento era que tenía que alejarse de ahí.

Este relato es la posible narración de los hechos ocurridos el domingo 17 de noviembre de 1997 cuando un trabajador golondrina de 27 años, violó y mató a una beba de dos años. El peor de los crímenes, sin duda. Algo que sólo de repasarlo indigna tremendamente. Esto pasó en San Juan y fue tan grave para el pueblo sanjuanino, que durante ocho horas sitiaron una comisaría con el fin de “hacer justicia por mano propia” contra este asesino y violador.

Este hecho ocurrió en horas de la siesta de ese domingo. El cuerpo de Andrea del Valle Paredes fue encontrado en la acequia cercana a la casa 13 del Lote Hogar 27 del departamento Pocito. La niña y sus hermanitos habían quedado a cuidado de sus abuelos, Julia Castro (52 años en ese momento) y Bernardo Paredes (74 años en ese momento), ya que su madre Deolinda Sosa (23 años en ese momento) se encontraba hacía una semana en el hospital cuidando a su última hija, que había nacido con problemas de salud.

Por un momento, la pequeña Andrea quedó vigilada por su tía de 13 años, Esther, ya que el abuelo Bernardo había salido para ver un partido de la Selección Argentina, y la abuela Julia había partido a un lejano almacén para comprar fósforos para prender las lámparas de kerosene de su humilde rancho,  que no tenía electricidad ni agua potable.

Esther salió un instante de la casa dejando a la bebé Andrea en un improvisado corralito hecho por el viejo sillón en donde se había quedado dormida y una sillas que le hacían de resguardo para que no se cayera. Cuando la tía volvió ya no encontró a su sobrina. Salió afuera de la casa y comenzó a llamarla a los gritos.  Comenzó a desesperarse y pidió ayuda a los vecinos. Prontamente un grupo de amigos y vecinos empezaron a buscarla. También se unieron los familiares que, uno a uno, se enteraron de lo sucedido.

También llegó personal policial que se unió a la búsqueda. Estaba anocheciendo cuando el cadáver de la beba fue hallado. De ahí en adelante todo fue el espanto. La abuela entró en una crisis de nervios y de rodillas en el suelo gritaba desesperada por el asesinato de su nieta. Su padre, Julio Paredes (25 años en ese momento), que recién llegaba a la escena del crimen, ya que faltaba de su casa desde el sábado pasado, tuvo que ser sujetado por varios de sus parientes para que no viera el cuerpo de su hija que en ese momento estaba siendo levantado del lugar por los peritos policiales.

Su madre Deolinda fue informada de que volviera de urgencia a casa porque tenían que contarle algo sucedido con su madre. En realidad no le querían decir por teléfono lo que había ocurrido. Cuando llegó y se enteró se derrumbó por varios minutos, no pudiendo creer lo que le relataban sobre la muerte de su pequeña Andrea. Tardó varias horas en recuperarse y poder acercarse y consolar a sus otros hijos que estaban paralizados por semejante tragedia.
El lunes, los médicos forenses dieron su dictamen de lo que había sufrido la beba antes de morir. Según los peritos la niña fue violada y sufrió graves lesiones en su zona vaginal. La causa de la muerte fue la asfixia producida por la obstrucción de la entrada de aire por boca y nariz, y según supusieron los profesionales, ocurrió porque el asesino le puso la mano en la cara para hacerla callar y evitar escuchar su desesperado llanto.

Hasta los mismos investigadores policiales se indignaron cuando conocieron lo que le pasó a Andrea. Si en ese momento todos los esfuerzos de los sabuesos de la zona Sur eran incansables para resolver el caso, luego de conocer los detalles se redoblaron, y personal de otras comisarías comenzaron a ayudar en la investigación.

La gran pista que tenían los “sabuesos” era el testimonio de dos menores que vieron cómo un hombre se llevaba a la beba de la casa del Lote Hogar 27.  Los uniformados confeccionaron un identikit con ese dato. Rápidamente los pobladores del lugar y compañeros de cuadrilla lo identificaron. Se trataba de Esteban Guillermo Fernández (27 años en ese momento), más conocido como el “Rubio”, “Gringo” o “Gardelito”.

Según los que lo conocían y lo describieron, se trataba de un personaje oscuro y alcohólico que vivía casi como un linyera. Siempre sucio y con la misma ropa (en este caso la desgastada camiseta de Boca Juniors), se gastaba todo el dinero que ganaba en las cuadrillas de cosecha en vino. No tenía un domicilio fijo y siempre pedía “conchabo” en los lugares que trabajaba. Los que tuvieron un mayor contacto con él aseguraban que este hombre de cabellos rubios había nacido en la zona de Calingasta.

Con esos datos la policía salió a peinar todo el Gran San Juan. Los esfuerzos se centraron en Pocito, Rawson y Chimbas. También se mandaron grupos de investigadores a distintas localidades de Mendoza, en donde Fernández había trabajado en el pasado. Todo esto sucedió en las primeras 48 horas posteriores al crimen. El miércoles 20 de noviembre los pesquisas obtuvieron un dato que sirvió para detener al trabajador golondrina.

Un “buchón” (delincuente informante de la policía) le informó al personal de la Brigada de Investigaciones Sur que había visto a Fernández en las cercanías Barrio Patetta, en el departamento Chimbas, lugar en el que vivió en alguna época junto a familiares y amigos. En esa zona se lo conocía como el “Quirquincho” y con ese alias fue “buchoneado” ante la policía.
Esas precisiones sirvieron para que las más altas autoridades de la seccional Sexta se subieran a un auto particular y ese miércoles partieran hacia Chimbas para detenerlo. Fue en el callejón Villa María de ese departamento que los comisarios y sus subalternos lo vieron caminando junto a unos compañeros a las 12.45 de ese día y luego de llamarlo por su nombre, lo esposaron y lo trasladaron a las instalaciones de la seccional ubicada sobre el boulevard Sarmiento.

Allí Fernández se largó a llorar y dijo que sólo se acordaba que le había tapado la boca a la nena para que no llorara, pero que nunca la había violado. Los comisarios que asistieron a esos dichos lo escucharon con paciencia, pero estaban más preocupados por contener a sus subalternos que realmente estaban muy indignados por escuchar al cobarde criminal, que por la declaración de Fernández.

Temían por su seguridad, por lo que llamaron cuanto antes al juez que llevaba la causa para  sacar a ese hombre de ahí. Uno de esos altos jefes que estaba durante esos tensos momentos aseguró: “Hay que sacarlo cuanto antes a este tipo de acá, porqué  ha cometido el peor crimen de todos”.

 

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