Caso Archerito

El gran desafío - Por Omar Garade

Gustavo Cortez aún está libre luego de ser sentenciado a prisión efectiva por atropellar y matar a María Celeste Archerito. Ahora solo falta la decisión de la Corte de Justicia para saber si Cortez cumplirá su pena. La justicia sanjuanina produjo un fallo histórico en este caso, pronto se realizará un proceso de circunstancias parecidas y los jueces locales deberán enfrentar el desafío de mantener este criterio para la severidad en las penas que comenzó con el caso Archerito.
viernes, 03 de febrero de 2012 · 20:39

La vida de una joven de 19 años fue lo que le costó a la sociedad sanjuanina tener por primera vez la sensación de justicia por un homicidio ocurrido en un accidente de tránsito. María Celeste Archerito nunca sabrá que luego de su muerte, las sentencias judiciales en la provincia cambiaron para siempre.

Gustavo Fabián Cortez fue sentenciado a 3 años y 8 meses de prisión efectiva y a 7 años de inhabilitación para manejar cualquier vehículo. El primer fallo en la historia de San Juan al que por el cargo de homicidio culposo agravado, se lo pena efectivamente, siendo que el acusado ni siquiera tenía antecedentes en su contra. Es decir que por el sólo hecho de manejar borracho y matar alguien con su vehículo, fue castigado con ese lapso de tiempo privado de su libertad en el Penal de Chimbas.

En la actualidad Cortez sigue libre, ya que la sentencia sigue siendo apelada por sus abogados. Primero en apelación a la Corte de Justicial –quien decidió sostener el fallo del doctor Gil-, y ahora en recurso de casación.

Ahora el desafío de mantener este cambio está en manos de los jueces del máximo órgano de justicia local, que ante un nuevo caso de similares características que el ocurrido el 26 de agosto del 2009, no quede impune con una pena en suspenso, sino con el castigo que realmente se merecen conductores altamente irresponsables.

Habrá que esperar que los juzgados de la provincia actúen de la misma forma en un caso en que la víctima no tenga una familia tan luchadora como la Archerito, y en que el victimario no sea un simple desconocido como Cortez. Sería realmente volver atrás, si en otro caso parecido, se decidiera una pena más leve tan solo por el nivel de influencias del acusado o lo indefenso del muerto.

En San Juan ya se han visto casos así, en el que por muchas razones al conductor ni siquiera se le hacía un dosaje de sangre para ver en qué estado conducía. No estamos hablando de grandes hechos de corrupción policial o judicial, sino que hasta la muerte de María Celeste, la forma de hacer la investigación era muy distinta y siempre se daba por sentado que la pena por causar un homicidio culposo en accidente, generalmente terminaba en una pena en suspenso.

Por supuesto, en el aire de toda la sociedad quedaba una sensación de injusticia que crecía cada vez más.

Vayamos hacia los hechos, no tan solo del accidente sino también del proceso judicial, que nos mostrarán cómo se llegó a este fallo que cambió la forma de impartir justicia en San Juan. María Celeste Archerito fue atropellada a las 10,20 del 26 de Agosto del 2009, cuando iba caminando por la vereda de la calle Cabot en el departamento Rivadavia.

Fue un Volkswagen Gol conducido por Gustavo Cortez, quien dio de lleno contra la joven para luego chocar de frente contra un negocio de comidas. Según testigos el auto venía zigzagueando fuera de control desde hacía dos cuadras atrás, y a unos pocos metros de donde ocurrió el accidente, se salió de su carril, golpeó con un Rastrojero que estaba estacionado, y finalmente se subió a la vereda para matar a María Celeste.

Aunque la joven salió aún con vida del lugar, a las 18,40 de ese mismo día falleció en una cama de la Terapia Intensiva del Hospital Guillermo Rawson. Había llegado con algunas fracturas, pero en realidad las lesiones en sus órganos internos eran tan graves, que a pesar de los esfuerzos de los médicos no pudo sobrevivir.

De esta manera se apagaba la vida de una hermosa joven de 19 años, que según el testimonio de familiares y amigos, había hecho de su vida una gran posibilidad para ella y para aquellos que la amaban. Estudiaba dos carreras universitarias, y también se inclinaba por las artes ya que era profesora de declamación y arte escénico.

Es decir que esta joven mujer salió de su casa ese día con toda la vida por delante. Una vida llena de deseo de ser vivida, una vida de amigos y planes. Una vida a la que le había apostado todo y de la cual quería ser protagonista. Pero le llegó la muerte, y como todos sabemos, la muerte no avisa. La muerte no da pistas, solo se presenta y se lleva a quien cree que debe llevarse.

Pero ¿cómo llegó esa muerte? Esa muerte vino de la mano de Gustavo Cortez. Este otro joven de tan solo 26 años condujo alcoholizado y por eso perdió el control de su vehículo y terminó con la vida de María Celeste. Él hoy asegura que no es un asesino, y quizás no lo sea, pero si son asesinas sus costumbres de vida que lo llevaron a manejar en ese estado.

Cortez se había pasado toda la noche bebiendo con su novia y amigos. Volvió a su casa a principios de la mañana del 26 de agosto y se acostó a dormir. Su madre lo despertó para que la llevara en el mismo auto que había conducido ebrio minutos antes para llegar a su casa. Según él mismo cuenta, siempre llevaba a su madre a cobrar la pensión (aunque en esa oportunidad la mujer se equivocó el día de cobro) y luego la dejaba en su trabajo.

Fue a la vuelta de este “trámite” que ya el cuerpo alcoholizado de Cortez no le respondió más para mantener el control del Gol. Dos cuadras antes, testigos relataron cómo el auto se movía de forma extraña y cómo la cabeza del conductor aparecía y desaparecía como en el caso de alguien que ya no puede sostenerse al volante por el sueño. En la tercera cuadra, Cortez, no resiste más, y el auto toma la dirección de la tragedia.

En un primer momento se dijo que no se le había hecho a Cortez los análisis de sangre que probaban su estado de ebriedad al conducir. Pero esto no fue así, y al acusado se le encontró 1,34 gramos de alcohol en sus venas, es decir casi más del doble de lo permitido por la ley que es de 0,5 gramos.

Todo esto se ventiló en el juicio que obtuvo la histórica condena del doctor Eduardo Gil, del Segundo Juzgado Correccional. Los testigos y los análisis presentados no dejaron dudas de la responsabilidad de Cortez. Quizás la prueba más convincente de su culpabilidad fue un video que mostró el estado del chofer mientras lo sacaban del interior del destruido auto. Allí Cortez se muestra a los gritos y repitiendo frases que tienen que ver más con una persona que ha perdido el sentido de la realidad, que el de una persona herida y que tiene miedo por su vida.

Todo el proceso judicial realizado en la provincia por este caso fue seguido de cerca y activamente por los familiares y amigos de María Celeste. El pedido de justicia de estos sanjuaninos no descansó (ni descansa aún) ni un momento hasta que se vio realizado el juicio. Sabían que era difícil lograr el fallo histórico que se logró, ya que el sistema judicial siempre fallaba con penas en suspenso en estos casos.

Su hermano Sebastián, su hermana Carolina y su madre Remedios, fueron activos protagonistas de este pedido de justicia. Hicieron marchas, sentadas ante Tribunales y fueron a hablar personalmente con todos aquellos que estaban involucrados en este caso. A nadie en San Juan le pasó inadvertido el esfuerzo y las razones de la familia de María Celeste. A tal punto que el abogado defensor de Cortez esgrimió entre sus argumentos para presentar la apelación a la Corte de Justicia, que lo hecho por la familia había influido en el fallo del juez para una sentencia de prisión efectiva.

En sí no le falta razón al letrado. Es indudable que en una provincia en donde se acumulan los casos sin culpables y otros hechos en lo que nunca se llegó a justicia, los familiares tomaran esta actitud para ver que se hiciera lo correcto durante el proceso. También han hecho esto familiares de Tellechea, Verdú, Rodríguez, entre otros, que aún no han conseguido justicia.
Pero el accionar de estas personas, no representan una presión en sí para el magistrado. Sino más bien un dato de la realidad que se vive en San Juan debido a los accidentes de este tipo y de la realidad que se ve en todo el país, en que un fallo como el suyo ya habían empezado a brotar de muchos juzgados de otras provincias y de la Nación.

Sí es bueno aclarar que pedir justicia no es sinónimo de que salga el fallo que los familiares quieran. Pedir justicia por parte de los familiares sería pedir a los que la impartan que tengan en cuenta todas las pistas, pruebas y testimonios que se reúnan en la investigación, y si no están satisfechos con el resultado de la investigación, realizarla de nuevo hasta llegar a lo más cercano a la verdad.

Si los familiares se obsesionan con un solo fallo, más que pedir justicia estarían pidiendo venganza, algo que no está en manos de los jueces. En manos de ellos está repasar los hechos y lo investigado y llegar a la decisión más justa posible teniendo en cuenta los derechos del acusado y de la víctima. Si los familiares se dan cuenta que el proceso ha sido todo lo claro posible, más allá de lo deseado en lo personal, tendrán que estar de acuerdo con el fallo.
En el caso Archerito así sucedió y los hechos demostraron lo justo del fallo del doctor Gil. Ahora es el turno de la Corte, máxima autoridad a la que apeló Cortez, la que decidirá si el acusado debe o no cumplir la prisión sentenciada. Los Archerito se pueden quedar tranquilos con la justicia sanjuanina, porque esta vez cumplieron su labor. Solo queda esperar la decisión final de la Corte.

Sin duda que el accionar de la justicia sanjuanina fue impecable en este caso, pero es ahora cuando este buen trabajo tiene su máximo desafío. El sábado 11 de diciembre del 2010, Hernán Lastiri (17 años) falleció luego de ser embestido por un auto conducido por Juan Pablo Abelín (25 años), hijo del ex intendente de Rivadavia, Jorge Abelín.

En este caso las “presiones” vienen de ambos lados. El clima se ha enrarecido con denuncias por parte de los familiares de amenazas por parte del propio Juan Pablo Abelín, y también por presentaciones ante la policía que hizo el “Coco” asegurando que alguien habría contratado un sicario para matar a su hijo, en venganza por la muerte de Lastiri.

Lo cierto es que Abelín no es Cortez. El hijo del ex intendente no tiene las posibilidades del muchacho del barrio Rivadavia Sur que está esperando la decisión final para ir a la cárcel. Juan Pablo Abelín tiene un nombre dentro de la sociedad sanjuanina, y su padre es alguien importante en el mundo de la política.

Cierto es que nada de esto debería importar, pero no debe existir durante el proceso judicial de este caso ni la más mínima duda de lo sucedido, y si a Abelín le cupiera una pena igual a la de Cortez, al juez no le debería temblarle la mano. De igual modo que si piensa que el acusado merece una pena menor.

Pero no perdamos de vista por qué se llegó a aquel fallo histórico en San Juan. Se llegó porque por primera vez se creyó que la irresponsabilidad para manejar un vehículo y en su paso quitarle la vida a una persona, es una actitud criminal que merece algo más que tan solo una pena en suspenso. Había que ser severo y por primera vez lo fue.

Esperemos que en el caso Lastiri se utilice la misma severidad si el juez lo cree necesario. Tan solo por una simple razón: Para que la muerte de María Celeste Archerito no haya sido en vano.

Esperando la Corte

Actualmente el caso de Celeste Archerito está en suspenso. Todas las miradas están puestas en la decisión que tome la Corte de Justicia, donde llegó mediante un recurso de casación por parte del abogado de Gustavo Cortez, para que le reduzcan la pena de prisión efectiva de 3 años y 8 meses. Esto ocurrió en diciembre último. Y el máximo tribunal provincial no tiene fecha límite para resolver.

El letrado, Federico Marcelo Rodríguez, le pide a la Corte que se tengan en cuenta los artículos 26, 40 y 41 del Código Penal, en el que se respetan las condiciones del imputado, tales como la edad, la falta de antecedentes, sus trabajos, su nivel de vida social, entre otros puntos, de una persona que es sometida a una condena penal.

“También hemos planteado en el recurso la presión pública con la que actuó el juez Gil ante las reiteradas protestas que la familia Archerito realizó a través de los medios de comunicación”, informó el abogado.

El fallo del juez Gil había sido apelado por la defensa de Cortez ante la Corte. Como este órgano dejó firme esa decisión, ahora la defensa presentó el recurso de casación. En el caso de que la Corte acepte ese pedido de revisión, la defensa deberá argumentar su pedido ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación. En caso de que la Corte local niego el pedido, la defensa tiene previsto plantear un recurso de queja para que la Corte fundamente por qué no.

Mientras suceden todos estos pasos legales, Cortez sigue libre. Pero, desde el momento en que la condena quede firme, si es que eso ocurre, el muchacho debería ir inmediatamente a prisión y cumplir la pena de 3 años y 8 meses.

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