Robo a Arquitectura

Zona liberada - Por Omar Garade

El robo de dinero de salarios de empleados públicos sucedido en 1993, tuvo varias características. Quizás la principal fue la “ausencia” de serenos y policías en el lugar del hecho, lo que posibilitó que una de las bandas más temidas de San Juan trabajará tranquilamente en apoderarse del botín y manteniendo varias horas a una familia secuestrada.
viernes, 23 de diciembre de 2011 · 19:35

En San Juan se registraron varios robos y asaltos con el método de “zona liberada”. Esta modalidad no es otra que un acuerdo entre criminales y fuerzas de seguridad, para que estas últimas no estén presentes en los lugares que normalmente tienen que vigilar durante el tiempo que se cometa el ilícito.

Quizás el caso de “zona liberada” más conocido en el país, fue el asesinato del fotógrafo y periodista José Luis Cabezas el 25 de enero de 1997 en Pinamar, provincia de Buenos Aires.
 
Tan es así que todo el juicio que se realizó para castigar a los culpables, entre ellos cuatro policías, estuvo basado en la conexión que hubo entre criminales y policías para el secuestro y posterior asesinato del trabajador de prensa.

Esta modalidad viene desde la época de la última dictadura militar, cuando el gobierno de facto le indicaba a la policía en “donde no tenía que actuar” mientras los grupos de tareas secuestraban a personas y saqueaban casas con total impunidad.

En el caso del robo a la Dirección de Arquitectura de la Provincia, las características de la “zona liberada” no tan solo se dio por la falta de presencia policial mientras se llevaban los dineros de los sueldos, sino también por la extraña “ausencia” de los  serenos que debían vigilar el interior del edificio. Pero relatemos los hechos para mostrar lo sucedido.

El 2 de Junio de 1993, un grupo comando integrado por al menos 3 personas llegó hasta la casa del Tesorero de la Dirección de Arquitectura de la Provincia, Justo Moya, cerca de las 22,30. La casa de Moya estaba ubicada en el Barrio Belgrano, Rawson, y en el momento del ataque, se encontraba junto a su mujer y sus cuatro hijos.

Luego de reducirlo a él y maniatar a los miembros de su familia, lo obligaron a entregar las llaves de la caja fuerte de la tesorería. Uno de los delincuentes se quedó vigilando a la familia Moya y los otros dos partieron hacia el edificio 9 de Julio, donde funcionaba la Dirección de Arquitectura de la Provincia.

En principio no se sabía cómo hicieron para entrar al edificio 9 de julio, ya que supuestamente en ese lugar tenía que haber tres serenos. Luego las pericias demostraron que ingresaron por una ventilación de luz del sótano y desde allí, subieron por las escaleras hasta el 2do. piso, donde tardaron aproximadamente dos horas en abrir la caja fuerte del segundo piso.

En la caja estaban guardados los sueldos de los empleados de la repartición, una suma cercana a los 200 mil pesos. Luego de robar, los delincuentes vuelven a la casa de Moya y junto con el tercero que había quedado vigilando, desaparecen. Apenas puede liberarse, Moya da aviso a la Policía y al personal de seguridad del edificio 9 de Julio.

Un dato llamativo fue que el lunes 31 de mayo a la siesta, la ascensorista del edificio 9 de Julio advirtió sobre la presencia de un hombre que había pedido ir al segundo piso y que al retirarse, le dijo "Saludos de (Mario) Firmenich (en alusión al ex miembro y fundador de la agrupación Montoneros)".  Ante este hecho tan inusual, la mujer advirtió a sus superiores y quiso avisar al personal de seguridad del edificio, pero éste se había ido a tomar mate con su par de Tribunales.

Esto motivó que al otro día el contador Alfredo Jordán (funcionario de la Tesorería General de la Provincia) emitiera una circular a todas las dependencias, en la cual se les recomendaba tomar recaudos y extremar las medidas de precaución, ya que se estaba ante la posibilidad de un robo o asalto. Era la primera vez que se hacía algo así.

En algún momento, se habló de "defraudación" y no de robo, y se llegó a dudar que la plata estuviera en la caja fuerte. Circuló la versión de que, en realidad, el robo era un simulacro para tapar una defraudación. Luego se confirmó que la plata sí estaba en la caja fuerte, ensobrada y guardada en siete cajas de madera con llave, que eran entregadas a los habilitados de cada repartición todos los meses para la fecha de cobro.

Los ladrones entraron y salieron por el mismo lugar, es decir, por las ventanas  del sótano que daban a la vereda del edificio.Hasta ese momento, el gran interrogante era dónde estaban los serenos y cómo fue que no advirtieron nada. Uno de los serenos debía estar precisamente en el sótano, el lugar por donde entraron los ladrones.Hubo cerca de 50 allanamientos y se demoró a los serenos, pero hasta ese momento, no había pistas de los delincuentes.

El 10 de septiembre de 1993, tres meses después del robo, la Policía de Mendoza atrapa en medio de un confuso episodio, a los autores del robo a la Dirección de Arquitectura: el Taza Albornoz, Juan Ramón Guevara, Diego Tantén y otros dos personajes que no participaron del robo, pero que se agregaron luego: Sergio Reyes y Carlos Guevara.

Los atrapan por equivocación, ya que en la madrugada del 5 de septiembre, los cinco delincuentes habían robado en una armería de San Luis y ese mismo día, seis presos de la cárcel de San Luis se escapan. Era a estos últimos a los que buscaba la Policía de Mendoza, pero alertados por el control policial de El Encón, por donde habían pasado los sanjuaninos, los persiguen y atrapan en Mendoza.Una comisión de la Policía de San Juan viajó a Mendoza para su traslado.

Los datos son irrebatibles y la impunidad con la que trabajaron los ladrones es solo producto de cómplices tanto dentro del edificio público, como de la policía provincial. No tan solo para cometer el hecho en sí, sino también por la facilidad como los malvivientes lograron “desaparecer” de la provincia, sinónimo de que “nadie los salió a buscar” de inmediato como debía ser.

Memoria

Pero esto no son los únicos casos de este tipo  en San Juan. El robo al Bingo en la calle Mendoza en febrero del 2002 y el asalto al Casino en julio del 2006, tuvieron características parecidas en donde miembros de fuerzas de seguridad participaron activamente para que se cometieran los ilícitos.

Guardias que no estaban donde tenían que estar, puertas que se abrían que no se tenían que abrir, y controles mínimos que se tenían que realizar y que no se hicieron. Todo esto conveniente en tiempo y forma tanto para los “vigilantes” que aluden inocencia, como de los ladrones que festejan el camino sin obstáculos.

También existe entre los tres hechos una coincidencia que vale destacar. Todo sucedió en el ámbito del Estado. Los tres robos se cometieron en edificios públicos. Tanto en la Dirección de Arquitectura, el Bingo y el Casino la seguridad estaba a cargo de la policía de la provincia. Y en los tres se registró la característica de la “zona liberada”.

¿Alguna vez se investigó si los policías que se “ausentaron” o no hicieron lo debido en estos casos, lo hicieron solo por iniciativa propia, o hubo alguna orden de un superior? ¿Es posible que en plena democracia la Policía de San Juan tenga vicios de la época militar? ¿Se habrá democratizado esta institución como para estar a la altura de los tiempos que corren? ¿Se trata de tan solo de un grupo de policías corruptos o de una metodología que todavía cuesta desinstalar?

No hay que olvidarse que esta institución provincial fue una de la que más se resistió a los cambios con la llegada de la democracia. Cuando se estableció a nivel nacional que las policías de todo el país destruyeran todos los registros de inteligencia sobre los ciudadanos que se habían hecho ilegalmente, la fuerza sanjuanina se resistió hasta que fue denunciada públicamente y se vieron obligados a hacerlo.

Sin olvidarse la gran cantidad de denuncias por brutalidad policíaca, sobre todo contra travestis y otros detenidos que hay en su contra, y que hoy con el asesinato del oficial Mario Vega, toman una inesperada importancia. ¿De qué manera se forma a los policías en San Juan? ¿Está acorde esta formación a los tiempos que corren?

Pareciera que todo se queda en la queja de que cobran muy poco por “arriesgar sus vidas”, pero eso no los habilita para no hacer lo más profesionalmente posible su trabajo. En todo caso será un dilema que las autoridades deberán resolver cuanto antes, porque indudablemente la Policía es una de las instituciones más importantes de la provincia, y no puede nadar en medio de un mar de desprestigio.

 

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