Explosión de la farmacia

Mucho ruido y pocos culpables

La justicia sanjuanina no encontró ningún responsable por el estallido que barrió de la faz de la tierra un negocio que se encontraba en el Barrio Municipal. Ocurrió hace 16 años y lo que oficialmente se creyó un accidente por una fuga de gas, todavía hoy presenta muchas dudas.
viernes, 25 de noviembre de 2011 · 19:30

Uno de los hechos policiales únicos de la historia reciente de San Juan, fue la explosión y destrucción del edificio de la Farmacia Echeverría en el Barrio Municipal de la Capital. Sucedió el domingo 3 de septiembre de 1995 a las 16,50 y, además de la desaparición de este negocio, produjo daños en casa vecinas, autos estacionados cerca y algunos heridos leves.

Lo especial de este caso se encuentra en varias aristas. La primera es que nunca en la ciudad de San Juan se había producido un estallido de este tipo,  que su sonido no  asustó tan sólo a los habitantes de la Capital, sino también a vecinos de departamentos cercanos.

La segunda tiene que ver con lo “prolija” que fue esta explosión, como si hubiera tenido  como único objetivo la destrucción de la farmacia en cuestión, que funcionaba en la parte delantera de una casa del Barrio Municipal. Aunque hubo daños en inmuebles vecinos, por la potencia y violencia de la misma se podría haber desatado una tragedia. Por lo contrario, como si hubiera sido planeado, la detonación solo afectó totalmente el negocio de la calle Esteban Echeverría 1390 y a la vivienda que lo albergaba, propiedad de quien vivía en ella, la señora Rosa Curtis.

La tercera es la obviedad de que lo ocurrido en esos días finales de otoño a mediados de los noventa, pudo haber sido una de las tragedias más grande de la provincia y que solo la casualidad hizo que no fuera así. Tal vez no fue tan solo una cuestión del azar, pero trataremos de desmenuzar lo pasado para sacar conclusiones.

Finalmente, la cuarta y última arista, que hace a este hecho tan especial, es cómo una explosión de esta magnitud, ocurrida en una de las zonas más densamente poblada de la Capital, fue rápidamente archivada en la justicia local y no se encontró a ningún responsable penal por lo sucedido.

Pero volvamos a los hechos que nos llevarán a otras conclusiones.  Pocos meses antes de la explosión, la Farmacia Echeverría –que era de propiedad de la Organización Aconcagua, una sociedad en que eran partes Juan Nefa y Miguel y Orlando Castracani- pasó a ser propiedad exclusiva de estos últimos, es decir, los hermanos Castracani. 

La explosión se produjo exactamente a las 16,50 de esa tarde de septiembre de 1995. El ruido provocado fue tan grande que acalló por unos segundos los cánticos de la barra de San Martín, que en ese momento se encontraba presenciando un partido de su equipo por el Nacional B en Concepción.

El estallido fue seguido de un incendio, que terminó de destruir lo poco que quedó en pie de la farmacia. Los bomberos verificaron que la onda expansiva afectó la estructura y mampostería de seis casas más y constataron daños en cinco manzanas a la redonda.

Un total de cinco vehículos quedaron destruidos; una camioneta que estaba estacionada en la misma cuadra de la farmacia, voló por el aire y cayó a los 10 metros. Pese a esto, solo se registraron cuatro heridos leves y al día siguiente (lunes), los bomberos lograron rescatar con vida a dos perros que habían quedado bajo los escombros.

Los investigadores siguieron dos hipótesis principales. La primera sostenía que se trataba de una detonación provocada por un artefacto explosivo. La segunda aseguraba que la explosión fue ocasionada por una fuga de gas que estuvo perdiendo durante todo el fin de semana. Finalmente, la hipótesis de la fuga fue la que primó y es la que se utilizó oficialmente para cerrar el caso. 

La primera hipótesis, la de una detonación planeada, se basaba principalmente en la “prolijidad” del estallido. Quienes la echaron a correr sostenían que “era como si el explosivo hubiera tenido un solo objetivo: borrar la farmacia de la faz de la tierra, y lo había conseguido”.

Es como si alguien hubiera sabido la cantidad exacta de “munición” que hacía falta para destruir el inmueble, que contenía en sus habitaciones delanteras a la farmacia Echeverría, y en las traseras el hogar de Rosa Curtis, que se salvó de milagro porque se encontraba en el sur del país en la casa de una hija.

Pero lo más importante para sostener esta primera hipótesis, era la posibilidad real de que alguien tuviera un motivo para este atentado. Primero se dijo que era una venganza contra los dueños y luego que los mismos propietarios la hicieron volar para cobrar un seguro. Ninguna de estas razones pudo  ser comprobada, aunque tampoco se investigó en profundidad en las mismas.
El único protagonista del que se podía sospechar que tuviera algún tipo de enemigo, era el antiguo propietario Juan Nefa, quien durante su juventud fue detenido por la dictadura militar y sufrió la represión en carne propia. A punto tal que hoy es uno de los querellantes en el juicio por crímenes de lesa humanidad que se realizan en la actualidad en San Juan.

También comenzó a barajarse otra idea: que los propios dueños habían hecho volar la farmacia, vaciada y sin stock, para cobrar el seguro.  Rápidamente,  Miguel Castracani salió a desmentir esta hipótesis, mientras que los vecinos del barrio aseguraban que el negocio estaba casi vacío desde hacía tiempo y que solo se podía comprar analgésicos y pañales.

La hipótesis de la fuga de gas fue la elegida por los investigadores. De la pericia hecha por Bomberos, surgió el dato de que existía una antigua conexión clandestina, que estaba sellada con un chicle. La empresa Ecogas, por su parte, constató un faltante de 50m3 en la red, lo que corroboraba la hipótesis de la pérdida de gas como causa de la explosión.

Con respecto a estas conclusiones quedan algunas dudas.El hallazgo de los perros con vida llamó la atención, ya que si los animales pudieron sobrevivir a la explosión, no se entendía cómo se salvaron de la intoxicación con gas. Además los vecinos informaron que tanto antes como después de la explosión nunca olieron el aroma característico de este combustible.

Hubo una tercera hipótesis que combinaba el atentado y la fuga de gas. Los investigadores dicen que el juez que participó en la causa desestimó la posibilidad de que un ejemplar de Diario de Cuyo de ese mismo día se haya encontrado entre los escombros. Los investigadores explicaron que hallaron el matutino dentro de la farmacia, lo que probaba que alguien estuvo ahí ese día.

Ese alguien, que no fue individualizado por los pesquisas, podría haber sido el encargado de dejar abierta una toma de gas. Es decir que la fuga de gas podría haber sido planificada y se esperaba que de una u otro forma algo la hiciera detonar. Los expertos aseguraron que el solo arranque eléctrico, como el de un electrodoméstico –adentro había una heladera para conservar medicamentos-, producen una chispa que instantáneamente pudo haber provocado la explosión.

Pocas explicaciones se dieron tanto por parte de la empresa prestadora del servicio de gas domiciliario como de los organismos que la controlan al respecto. Sobre todo en San Juan que tiene un extraño record con este tipo de fugas de gas en gran escala. En junio de este año, en el centro de esta Capital, o hace casi una década en un barrio del departamento Chimbas.
Con respecto a la investigación judicial que archivó la causa, por lo menos queda la duda de que semejante hecho no tuviera algún responsable. Por cualquiera de las hipótesis que se vean, se puede observar un delito. Ya sea por el atentado con una bomba o por la conexión clandestina de gas.

Es necesario preguntarse si a la justicia sanjuanina no le interesa quién es responsable de una conexión de ese tipo.  También vale cuestionar a la empresa sobre los controles que hacía al respecto, sobre todo con su obligación de que el transporte de este combustible sea seguro para todos los sanjuaninos.

Quizás todos se dejaron estar por el simple hecho de que no hubo una víctima fatal a causa de la explosión. ¿Hubiera hecho falta una gran cantidad de muertos para que los responsables hubieran investigado como se debe?

Hoy todo esto suena increíble. Que una casa explote en medio de un barrio y que nadie se haga responsable, sería una mancha para todas las instituciones (públicas y privadas) que participen en la investigación, que no podrían sacarse fácilmente. 

 Este país que vivió tragedias como la de Cromañón, ya no se puede permitir que estos “mega accidentes” sean pasados por alto. Que las autoridades solo tengan el afán de minimizar lo sucedido y pensar que hay que “seguir adelante” y barrer lo malo bajo la alfombra.
Hay una sensación que de estos hechos no se aprenden y por lo tanto no se pueden diseñar políticas de prevención de futuras tragedias. Desgraciadamente, en vez de eso solo se escucha la frase “fue una desgracia con suerte”.

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