Robo del Pettorutti

El cuadro está de fiesta

El robo de una valiosa obra de la colección de artistas argentinos del viejo edificio del museo Franklin Rawson, fue una muestra de la desprotección que vivió durante muchos años el patrimonio cultural de los sanjuaninos.
viernes, 18 de noviembre de 2011 · 18:03

Los museólogos afirman que se puede medir lo desarrollado de una sociedad, por la importancia que le den a los museos que a ella le pertenecen. Si volvemos la vista a 1995, cuando el cuadro del gran artista Emilio Petorutti  fue robado del antiguo edificio del Museo de Bellas Artes de San Juan, nos daremos cuenta que en ese momento los sanjuaninos no solo no se desarrollaban, sino que habían desatendido uno de los tesoros culturales más importante en la provincia.

Como en muchos de los grandes casos policiales que venimos recordando, la extracción del lienzo “El sol sobre la mesa” ocurrió en medio de lo que se llamó la “fiesta menemista”, en donde muchas de las cosas importantes para el pueblo y la Nación, entre ellas el arte,  se olvidaron bajo una capa de un capitalismo berreta y bochornoso en el que solo importaban las Ferraris mal habidas o una foto con los Rolling Stones.

En la provincia pasaba algo parecido. Sin la grandilocuencia de los avatares del “Sultán” presidencial, en San Juan los rumores y las noticias de descontrol se corrían día a día entre sus ciudadanos. Hacía tan solo algunos meses que Jorge Escobar había vuelto a la gobernación, luego que la justicia le devolvió su cargo (que había ganado en 1991), y parecía que la fiesta local empezaba “con todo” por estos pagos.

Fiesta que siguió con todo por varios años más. Desde funcionarios elegidos por el pueblo muertos en dudosas circunstancias (fábula que prometemos algún día contar), o romances con vedetongas porteñas, chusmeado por intrusos nacionales, o la fuerte leyenda de que desde Las Chacritas despegaban aviones oficiales con cargamentos de promiscuidad de todo tipo, que era el juguete preferido del poder de esa época.

Fue en ese clima de “todo vale”  que robaron uno de las más importantes pinturas de la colección de arte moderno argentino que tenía el antiguo, improvisado y destartalado museo Franklin Rawson.  Jorge García, ex Director de Cultura de la provincia durante el gobierno de Juan Carlos Rojas, entró al lugar, sacó la tela del marco y salió del edificio de Gral. Paz y Rawson, donde funcionaba el museo,  sin que nadie se enterara.

La denuncia se realizó el 24 de mayo de 1995. La hizo la subsecretaria de Cultura de la provincia en ese momento, María Elvecia García Carmona. No lo hizo por preocupación propia o por celo profesional por el cuidado del patrimonio cultural de la provincia, sino porque una nota en la sección Policiales de Diario de Cuyo la dejaba tan mal parada al respecto, que no le quedaba otra opción que presentarse ante la justicia.

Enterados los periodistas de que había desaparecido tan importante pintura del museo (la fuente que dio la información pertenecía al mismo museo, y como no fue pertinente dar a conocer su identidad en ese momento, tampoco lo haremos ahora), se presentaron en el lugar y entrevistaron a la funcionaria.

La mujer, que dudó en todo momento sobre la ubicación del cuadro, solo atinó a decir que el mismo “se encontraba como ausente” en los partes diarios de la institución y que “posiblemente” el director del museo, Juan José (Pipo) Victoria se lo había llevado a Chile adonde participaba de un ciclo de conferencias. A su vuelta del país vecino, Victoria no solo desestimó la presencia de la subsecretaria, sino que también estuvo a punto de denunciarla por sus dichos.

La repercusión de la publicación fue inmediata y el público se preguntaba indignado como un cuadro valuado en ese momento en más de cincuenta mil dólares, se “ausentaba” tan fácilmente. Casi de inmediato, García Carmona fue obligada por el mismo gobierno a presentar la denuncia, aunque más no sea para guardar las apariencias de lo que sería un papelón inocultable para esa administración.

La primera versión fue que alguien había forzado una puerta del museo, entró y se llevó la pintura. Esta versión escuálida fue apoyada por las excusas de la policía local, que aseguraba que no se podían hacer muchas pericias porque no se sabía a ciencia cierta cuando había sucedido el robo. Nunca se comprobó cual era la cerradura violentada y se podía decir que no hacía falta mucho esfuerzo para violar la seguridad del viejo edificio escolar devenido a museo.

En sí, la denuncia no hizo nada para ayudar a la recuperación de la obra. Quién si hizo lo necesario fue el artista y arquitecto Carlos Gómez Centurión, quien viviendo en la Capital Federal en ese momento se puso en buscar el Petorutti por los círculos de arte de esa ciudad, argumentando que era el único lugar de la Argentina en donde se podría comerciar un cuadro de este tipo.

Su suposición estuvo acertada y localizó la obra en una renombrada galería de arte de la Recoleta dirigida por un famoso marchant de nombre Daniel Maman. Inmediatamente Gómez Centurión dio aviso a la Policía Federal , la que un rápido operativo la recuperó, a la vez que rescataron otro cuadro robado en San Juan a la familia Gnecco.

Indudablemente la “buena fe” del marchant fue puesta en duda, ya que pinturas como estas son conocidas por todos los especialistas del país y se sabe en qué museos se encuentran en exposición. Sobre todo este Petorutti,  que fue comprado dentro de una colección de arte moderno argentino que realizó el gobierno sanjuanino, hacía ya varias décadas atrás.
El empresario en arte señaló a Julio Sapollnik y Jorge García como los vendedores que tocaron a su puerta para ofrecerle el cuadro. Desde allí se empezó a desandar la investigación hasta volver nuevamente a lo que había sucedido en San Juan.

Sapollnik y García habían sido socios en el robo y posterior venta dela obra. La investigación dio a luz que Sapollnik había viajado especialmente desde Buenos Aires para ver la “mercadería” que había en el Rawson. Allí le marcó el Petorutti a García como una pintura de alto valor.
Sapollnik, un especialista en artes plásticas, no solo indicó que cuadro robar, sino que también se encargó de realizar el trato con el “desprevenido” comprador. El que realizó el trabajo en sí fue el exDirector de Cultura, quien se encargó de cortar prolijamente la tela y desprender la misma del marco, que quedó en el lugar como mudo testigo de la extraña “ausencia” de lo que fue alguna vez su contenido.

Cuando identificaron a García, la teoría de la violación de una cerradura quedó rápidamente descartada, simplemente porque el ex funcionario aún  tenía llaves de cada una de las puertas del museo,  que por supuesto no había devuelto cuando dejó su cargo y tampoco nadie se las había exigido.El ladrón lo único que hizo es ir a una hora en que no hubiera testigos, quitó la tela, la puso en tubo porta planos y viajó hacia la Capital Federal para encontrarse con su socio.

Tanto Sapollnik como García fueron detenidos, aunque solamente el sanjuanino fue enjuiciado y llevado a prisión por un tiempo. Después de eso no se supo más de él, ya que se habría ido definitivamente de la provincia. Daniel Maman continúa con su exitosa y exclusiva galería de arte en la Recoleta. De Sapollnik se perdió el rastro en la provincia, aunque los investigadores aseguran que un “pájaro de su calaña” puede ser noticia en cualquier momento.

En cuanto a la ex subsecretaria de Cultura, María Elvecia García Carmona, se mantuvo un tiempo más a cargo de ese puesto,  sostenida por vaya saber que “relación” con las autoridades de turno de ese momento. En la actualidad, es una jubilada más que no será recordada por su brillante función pública, sino por considerar “ausente” a un valioso cuadro que fue robado bajo sus narices.
Increíblemente, San Juan fue conocido por mucho tiempo por no cuidar su patrimonio cultural. Ya sea por el robo de obras de artes como el descripto,  por la desaparición de geoformas como las bochas de Ischigualasto; o el tráfico de objetos antropológicos como alfarería, puntas de flechas y momias de los pueblos aborígenes;  o el desmantelamiento de petroglifos de distintas zonas del interior provincial.

Esa realidad va cambiando de a poco en esta sociedad que definitivamente se quiere desarrollar (siguiendo el razonamiento de los museólogos), sobre todo desde la reciente inauguración del nuevo Museo de Bella Artes Franklin Rawson,  en donde se puede ver exhibido el cuadro de Emilio Petorutti “El sol sobre la mesa”, como una de las estrellas de la colección sanjuanina.

Es fuerte el contraste de este presente con aquel pasado de “fiesta y descontrol” en el poder.  Tan es así y para que el lector haga memoria, en los años que se produjo este robo, el único objetivo cultural que tenía el ex gobernador Escobar para su provincia era crear un parque tipo Disneyworld,  pero de dinosaurios,  en el Valle de la Luna. Pero, para bien de todos, la fiesta terminó.

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