Caso Hensel

Quince hechos y ningún culpable - Por Omar Garade

El sangriento crimen del abogado conmocionó a todo San Juan. Más lo hizo cuando se dio a conocer públicamente su condición de homosexual. Lo que casi no produjo alteración en la paz ciudadana, fuel el hecho de que nunca se juzgó nadie por este alevoso asesinato.
sábado, 22 de octubre de 2011 · 10:40

El próximo 27 de noviembre se cumplirán 17 años del asesinato a cuchillazos de Ricardo Hugo Hensel . La muerte de este abogado de 39 años produjo varios cimbronazos en la opinión pública y sobre todo en el mundo político sanjuanino. La víctima era en ese momento asesor del ex diputado por Ullum, Miguel Navas y hermano del actual intendente de Sarmiento, Alberto Hensel.

Era una época de mucha convulsión política, ya que pocos días después Jorge Escobar era restituido en su cargo y Juan Carlos Rojas abandonaba la gobernación interina que había ocupado desde 1992. En el país se vivía la “fiesta menemista” y este alevoso crimen tenía todos los condimento de lo que se decía era el “descontrol” del oficialismo nacional y provincial.  Una sinfonía de “dimes y diretes” sobre corrupción y desenfreno corría por todos lados, pero sin que existiera  ninguna denuncia concreta ante la Justicia.

Pero el caso Hensel no era un rumor incomprobable más. Era un hecho que era imposible de tapar. Sobre todo cuando el mismo juez que llevó a la causa permitió que más de diez periodistas se mancharan los zapatos con la sangre de la víctima al entrar en tropel al departamento donde vivió y murió, en  la avenida  Ignacio de la Roza.

Este panorama se complicó más aún al otro día, cuando las crónicas policiales aseguraban que el crimen tenía connotaciones pasionales y que la policía investigaba firmemente pistas dentro del mundo homosexual sanjuanino.

La sola publicación de este dato levantó gran polvareda entre la sociedad, especialmente entre los abogados y los políticos, quienes se sentían más afectados por verse rozados por el estigma del Sida y los gay, que por el asesinato en sí mismo. Desde ese momento hicieron más esfuerzo por desacreditar a los medios de comunicación que por  resolver el caso.

A casi a dos décadas de este crimen es bueno repasar los hechos del mismo y observar si todos aquellos que se rasgaron las vestiduras en esa época tienen  el valor de hacerlo hoy,  cuando el único acusado fue dejado en libertad y se le dio la posibilidad de desaparecer hasta ahora del radar de la justicia sanjuanina.

Hecho 1:  Hensel fue asesinado a puñaladas en su departamento del edificio Alcazar  en la madrugada del 27 de noviembre de 1994. Su cuerpo  presentaba por lo menos tres cuchillazos en la espalda y uno en el cuello.

Hecho 2: Los policías de la Seccional Cuarta que fueron los primeros en llegar el lugar y se encargaron de levantar el cuerpo  indicaron a la justicia en primera instancia que se trataba de un suicidio. Luego la justicia cambiaría la carátula por homicidio.

Hecho 3: Cuando el juez de la causa  Enrique “El Loco” Domínguez llegó a las 10 de la mañana al lugar para inspeccionar la escena del crimen, se encontró con que la faja que clausuraba la puerta del departamento estaba rota y que los efectivos de la seccional Cuarta no tenían la llave para entrar.

Hecho 4: La llave la tenía el hermano de la víctima, Alberto Hensel, actual intendente de Sarmiento, quien fuera el que encontró el cuerpo sin vida de Ricardo esa fatídica madrugada. Cuando el magistrado preguntó por qué la llave no estaba en manos de la policía, el oficial a cargo explicó que se la había dado al pariente, porque este necesitaba buscar algo en el departamento.

Hecho 5: Domínguez prometió ante no menos de 10 periodistas sanjuaninos que levantaría un sumario a los efectivos de esa seccional por no haber seguido los mínimos pasos legales para  preservar la escena del crimen y las pruebas que allí se encontraban. Semanas después se supo que el juez nunca inició una investigación al respecto.

Hecho 6: El juez permitió por lo menos a diez periodistas entrar con él a la escena del crimen y participó a cada uno de ellos de la revisión del lugar y de las pertenencias íntimas de la víctima.
Hecho 7: Entre los objetos pertenecientes a Ricardo Hensel se encontró una caja de AZT, droga usada en el tratamiento del VIH.  El juez se aseguró que todos los periodistas presentes tomaran nota del hallazgo.

Hecho 8: Los miembros de la Brigada de Investigaciones de la Jefatura, presentes durante la inspección judicial, aseguraron en ese momento que la víctima era homosexual y que estaba enfermo de Sida.

Hecho 9: Ese día, profesionales especializados del Hospital Rawson confirmaron que el abogado llevaba un tiempo realizando el tratamiento para combatir esa enfermedad.

Hecho 10: La principal pista que siguieron los investigadores tuvo que ver con la movida homosexual en San Juan. Sobre todo con el submundo que noche a noche poblaba las inmediaciones de la plaza Aberastáin.

Hecho 11: Se produjeron decenas de detenciones de personas de ese submundo.  Hasta de simple trabajadores que controlaban el tránsito en el lugar y que nada tenían que ver con el caso.

Hecho 12: Finalmente la investigación policial dejó pegados en la causa a tres personas: al portero del edificio de la avenida Ignacio de la Rosa, a un modelo y un joven pelilargo que tenía fama de “taxi boy”.

Hecho 13: Cristián Javier Moreno fue el único que quedó procesado por homicidio agravado por alevosía (es decir matar a traición y ponerse a salvo). Entró y salió del Penal de Chimbas en varias oportunidades. A veces legalmente favorecido por algún fallo y otra por evadirse, aunque luego fuera recapturado.

Hecho 14: En 1999 Moreno es favorecido por una ley que deja en libertad a los presos que durante más de dos años estuvieron detenidos y no fueron a juicio. Poco tiempo después, cuando los miembros de una Cámara Penal lo llamaron para realizarle el juicio, no encontraron al procesado por ninguna parte.

Hecho 15: Hasta el día de hoy no se juzgó  ni se condenó a nadie por el asesinato del abogado Ricardo Hugo Hensel.

Hasta aquí los hechos confirmados y vividos por los periodistas que cubrieron el caso en esa época. Por supuesto que cada hecho tuvo distintas interpretaciones que nunca se podrán comprobar por falta del juicio. Pero la sola lectura de los mismos abre gran cantidad de  interrogantes.

¿Puede ser que un grupo entrenado de policías levante un cadáver bajo la sospecha de suicidio, cuando este tiene tres puñaladas en la espalda? Es increíble que los efectivos de la seccional Cuarta hayan creído posible que alguien les iba dejar pasar semejante error.  Por otra parte, ¿alguien conoce a un caso de suicidio en que la víctima se apuñale asimismo por la espalda?

¿La carátula de suicidio sirvió para evitar el escándalo de un homicidio pasional gay o para que el hermano de la víctima entrara y saliera del departamento durante unas horas sin que nadie lo controlara? Las dos posibilidades son factibles, pero en una se llegó hasta la ilegalidad de romper la faja de seguridad que anunciaba que el lugar estaba clausurado.

¿Cómo es posible que un juez en actividad haga entrar a diez periodistas con él para revisar la escena del crimen? Indudablemente a Domínguez le importaban muy poco las reglas procesales básicas en un caso de este tipo y en la forma que se instruyó el mismo tampoco le importaba mucho.

¿Por qué el juez no cumplió con su promesa de investigar la conducta de los efectivos de la Cuarta como lo hizo esa mañana frente a los medios? ¿Será parte de su ineficacia procesal o fue tan solo porque él se presentó a casi diez horas de producido el crimen?  Es decir, estaba en falta como los mismos policías que criticaba.

¿Por qué los investigadores no siguieron de inmediato la pista de Moreno si hubo un vecino que  lo identificó y además, era un conocido “taxi boy” activo dentro del mundo homosexual sanjuanino? Daría la impresión que en este caso todo se hizo lento adrede, como si se quisiera que el tiempo apagara el escándalo y que nadie se enterara qué pasó.  Es más, se hicieron innumerables operativos en la plaza Aberastáín y ninguno llevó a resultados claros.  Todo parecía más un espectáculo montado para distraer que una pesquisa seria.

¿Es tan ineficiente la justicia sanjuanina que tuvo preso varios años a Moreno y nunca lo juzgó? ¿O solo hizo los movimientos necesarios para que nadie que tuviera que ver con este caso quedara tras las rejas? Parece que fue esto último, porque no se puede entender tantos errores juntos a la hora de llevar a juicio a un procesado por uno de los crímenes más escandalosos de la provincia. Tal vez los ocupados de impartir justicia lo único que tenían como cierto es que era imposible condenar a Moreno, al que muchos consideraban tan solo un “perejil” que pagaba los platos rotos.

Finalmente la gran duda fue el motivo del crimen. Mucho se habló de las cuestiones pasionales que envolvieron al caso. La homosexualidad, la pretendida promiscuidad de la víctima o una venganza de un posible heterosexual contagiado en una relación casual. Muchos acordaron con estas ideas, pero ninguna se pudo comprobar.

Muchos detalles marcaban esta hipótesis, sobre todo las puñaladas en la espalda (en un primer momento se habló de ocho), pero los sabuesos más antiguos aseguraban que se trataba un asesinato por encargo por un sicario.

Esos oficiales explicaban que la posibilidad de un hecho pasional se derrumbaba con el corte en la garganta que recibió Hensel, porque aunque los otros cortes pueden ser considerados de alguien enojado que clava el cuchillo en cualquier parte,  ese último estiletazo fue el que causó la muerte y fue practicado con gran precisión, viniendo de una persona que sabía lo que estaba haciendo.

Si esta otra hipótesis se comprobara, la mirada acusadora se volvería hacia el mundo de la política, que en esos años hizo todo lo posible para despegarse casi desesperadamente de la figura del abogado.

Lo cierto es que ninguna de estas preguntas, hipótesis u otras informaciones se podrán responder o confirmar porque muchos se encargaron que la causa no llegara a juicio. Solo quedan los hechos, y son ellos por sí solos los que hablan claro de cómo la sociedad, la justicia y la policía sanjuanina dejaron impune el crimen de Hensel.

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