CASO BARCELO

El secuestro, el show y la duda

San Juan nunca había vivido un caso policial de este tipo. La misma ola de secuestro que en esa época azotaba al país, llegó hasta una casa de Rawson. El comportamiento de las autoridades, los medios de comunicación, y de la familia de la víctima, dejó mucha tela para cortar aún hoy a más de nueve años de haber sucedido.
sábado, 15 de octubre de 2011 · 18:12

María del Carmen López no paraba de reírse y de llorar mientras se abrazaba a sus hijos dentro de un patrullero de la Policía de San Juan. Había estado cinco días encerrada en una casa de Trinidad y aún no sabía que toda una provincia se había movilizado por su caso.
Todo comenzó el 9 de agosto del 2002, cuando esta mujer se preparaba para salir de su casa, luego de despedir a su marido, el empresario Eduardo Barceló,  quien se fue más temprano para llevar a su hijo al colegio.
La paz matinal se rompió en unos segundos, cuando un grupo fuertemente armado irrumpió en la casa sobre la calle Mendoza en el departamento Rawson. Rápidamente  inmovilizaron a todos los que se encontraban en el lugar. Buscaban a alguien y no lo encontraban. Sin que transcurrieran muchos minutos, discutieron entre ellos, para finalmente cargar a María del Carmen en uno de sus vehículos y desaparecer a toda la velocidad de la zona.
Luego se supo que los secuestradores no buscaban a la mujer, sino a su hijo, pero debido a un cambio de horarios en el colegio no lo encontraron como lo habían planeado. Aparentemente todo esto fue ideado unos meses antes, cuando los mismos sujetos entraron y robaron en la casa del socio de Barceló.
Las primeras horas fue toda confusión. Desde la policía se informaba que se trataba de un asalto a mano armada. La familia mantenía silencio. Y los vecinos de la zona testimoniaban claramente cómo vieron que los cinco encapuchados se llevaron a la mujer a la fuerza.
Recién al día siguiente se comenzó a hablar definitivamente de secuestro. La casa de los Barceló se transformó en un bunker copado por familiares e investigadores que salían y entraban  a cada momento.  Cada movimiento de Eduardo era seguido por una caravana de periodistas y policías, a la espera que el empresario tomara contacto con los secuestradores.
Así y todo, durante varios días no se tuvo información cierta de lo que estaba sucediendo. La desinformación era moneda corriente. Por eso miles de hipótesis descabelladas empezaron a “tener sentido” y tomaron estado público.  Se hablaba que la víctima ya estaba muerta o que con “destreza”, los criminales la habían sacado de la provincia sorteando los controles en las rutas que llevaban a otras provincias.
Todas estas posibilidades informativas eran viables, mientras las autoridades y la familia seguían manteniendo  silencio. Una desenfrenada carrera por la noticia se había desatado: el show había comenzado. 
No solo se apostaron guardias periodísticas frente a la casa de Rawson con el fin de estar presentes en el momento de que Barceló saliera a pagar el rescate por su esposa, sino que se llegó al punto de que a través de un programa de cable se anunciara con un día de anticipación en qué barrios de la capital y de los departamentos  se iba a rastrillar en busca de los criminales y su víctima.
Tanto la policía como esos periodistas habían roto con los protocolos mínimos en un caso como este, avisándoles a los secuestradores por donde los buscarían. Tal fue ese desatino, que las  cámaras de televisión  seguían a las movilidades en busca de la primicia. Pero esto no fue el punto más alto del “show”. En el desenlace de esta historia  se vivió un hecho único en la historia de los casos policiales argentinos.
A primeras horas de la mañana del día 13 de agosto, la policía ya tenía una pista bastante clara de donde se encontraban los secuestradores. Guiados por testimonio de vecinos y el entrecruzamiento de llamadas desde los celulares en los que se pedía el rescate a la familia, los investigadores y las fuerzas de comando locales, realizaron el “asalto final” para recuperar a María del Carmen.
Atrás había quedado la jornada anterior, que fue denominado como un “día de furia”, ya que Barceló y la policía montaron toda una estrategia para salir de su casa y dirigirse a algún punto entre los límites de San Juan y Mendoza, para entregar el rescate.  La información se supo, pero se aseguró por distintos canales que el pago no se había hecho porque los malvivientes no se presentaron en el lugar.
Volviendo al  13 de agosto, las fuerzas policiales rápidamente rodearon una casa del barrio Solares de Otoño. Habían llegado ahí luego que vecinos denunciaran movimientos extraños en el lugar y que reconocieran una de las movilidades en las que se aseguraba que los secuestradores habían cambiado minutos después de tomarla como rehén en la casa de Rawson.
En segundos los uniformados rodearon y tomaron la vivienda. Los dos malvivientes que se encontraban vigilando a María del Carmen, se sorprendieron y  fueron hacia la habitación en donde se encontraba la mujer, escudándose detrás de ella,  que estaba tirada sobre un colchón.
Los policías los siguieron hasta ese lugar y en esa misma habitación, los arrinconaron y les ordenaron que se entregaran. Los dos criminales de origen cordobés no acataron la orden, sino que subieron la apuesta apuntando sus armas directamente a la cabeza de la víctima. Hubo un momento de alto nerviosismo, en el que un solo paso en falso le hubiera costado la vida a la señora de Barceló.
Los malvivientes a los gritos aseguraban que solo se entregarían ante las cámaras de televisión, ya que no confiaban salir vivos del lugar si caían en manos de la policía sin que nadie atestiguara su estado de salud en ese momento.
Los periodistas de todos los medios ya habían sido alertados de lo que sucedía en Trinidad y por eso fue que móviles de todo tipo se hicieron presentes en las inmediaciones del lugar. En una primera instancia, al no encontrarse en el lugar alguna cámara de televisión, los policías le ofrecieron salir en vivo por radio, a lo que los secuestradores no accedieron.
Unos minutos más tarde, llegó al lugar una cámara de Canal 8 comandada por el histórico José “Ñato” España,  que rápidamente fue convocado por los policías. El “Ñato” no estaba transmitiendo en vivo, pero lo mismo se mandó y comenzó a grabar todos los incidentes que sucedían dentro de la habitación.
Los cordobeses sospecharon que el material no estaba saliendo en “vivo y simultáneo”, por lo que le exigieron a los policías que llevaran el aparato de televisión que había en la casa a la habitación en la que todavía seguían apuntando a la cabeza de María del Carmen.  España se da cuenta de lo que iba a pasar si no se veían en la pantalla  y rápidamente hace un alto en la grabación de lo que estaba sucediendo y sale de la habitación. Afuera, cambia el casete de su cámara y lo envía urgente con la movilidad del Canal a los estudios para que lo pongan al aire.
Mientras tanto los uniformados tardaban todo lo posible en hacer el traslado del televisor adonde estaban los raptores. Simularon problemas con el cable, o que se había roto el aparato mientras lo cargaban, para lograr que el tiempo pasara. Lo cierto es que mucho más rápido que lo que todos esperaban el material se puso al aire y los criminales se pudieron ver en la tele.
Durante esos minutos de zozobra, los acorralados nunca se dieron cuenta que no estaban en vivo y luego de una última negociación, decidieron entregarse.
Afuera el “show” continuaba y se veía como un periodista y un camarógrafo del mismo programa que habían adelantado los lugares en que la policía iba a rastrillar, le reclamaban al jefe de la fuerza porque no los habían dejado entrar si ellos “sí estaban en vivo”.
A metros de esas quejas y reclamos, María del Carmen se abrazaba con sus hijos nuevamente. Su esposo se quedaba fuera del patrullero y a pesar de la felicidad de haber recobrado a su mujer con vida, Eduardo sabía que todavía este mal trago no se había terminado.
Horas después de la liberación, Barceló tuvo que enfrentar el fuerte rumor de que si había pagado el rescate y que por eso dieron con la ubicación de su mujer. El empresario lo negó en todo momento y aseguró que la misma cantidad que le pedían los raptores iba a ser donada a la policía en recompensa al trabajo realizado.  Así sucedió: días después,  la Jefatura recibió en sus arcas el dinero prometido,  monto que era mucho menor al rescate pedido por los secuestradores y al que  por supuesto, había que sumarle  todo el combustible y otros dineros que Eduardo les entregó a los uniformados durante los cinco días que duró la búsqueda de su mujer.
La duda de si se realizó el pago o no del rescate no era una ocurrencia del periodismo.  Un día antes del desenlace, el empresario dio una entrevista a Radio Universidad de Córdoba, en donde se lo escucha claramente decir que había pagado el rescate de 300.000 dólares,  tal cual como se lo habían pedido los secuestradores.
En una entrevista en un matutino local, enfrentado hasta este hecho, Barceló volvió a negar el pago.  Asimismo los interrogantes sobre el caso siguen hasta hoy. ¿Cómo hizo una banda de criminales provenientes de Córdoba para pasar inadvertida por tanto tiempo en San Juan? ¿No hubo socios locales, además del hombre que alquiló la casa? Los dos cordobeses que fueron sorprendidos custodiando a María del Carmen, ¿fueron atrapados por la investigación policial o traicionados por sus socios sanjuaninos luego de cobrar el rescate?  ¿Los cómplices locales eran criminales comunes y corrientes?  ¿Los raptores fueron descubiertos antes de dejar en libertad a la rehén, ya que el dinero estaba seguro?
Lo cierto es que la duda aún persiste, el “show” fue vergonzoso y lo único bueno que dejó el secuestro de María del Carmen López de Barceló, fue su sonrisa final cuando quedó libre.


Los únicos

En la historia de los hechos criminales de San Juan, el secuestro de la señora de Barceló, es único en muchos sentidos.
1) Fue el primer secuestro extorsivo de esa envergadura que se conociera públicamente en la provincia.
2) Fue el primer caso en que todos los ejecutores del hecho delictivo pertenecían a otra provincia, Córdoba
3) Fue la primera vez que la justicia local utilizó el sistema Excalibur de entrecruzamiento de llamadas, para localizar a los negociadores que se encontraban detenidos en la cárcel de Bower en el interior cordobés.
4) Fue la primera vez que la negociación y posterior liberación de la rehén fue televisada casi al instante por un canal de aire sanjuanino.


Tres pasos

“Fueron los más largos de mi vida: los tres pasos que me separaban de la puerta y que me ponían fuera de la línea de tiro del secuestrador que estaba más cerca. Eso fue lo que sentí”. Así definió el “Ñato” José España lo que sintió cuando, después de haber registrado las imágenes que mostraban a María del Carmen López de Barceló en manos de sus captores, salió de la casa donde la tenían y donde les había hecho creer a los delincuentes que estaba transmitiendo en vivo.   “Lo importante es la primicia. La verdad que creo que si lo pienso un poco, no entro. Y no sé cómo, pero hasta tuve claridad para cambiar el filtro, porque venía de filmar en exteriores y la luz no era la misma. Lo que siguió es lo que todo el mundo vio. ¡Si hasta fui tan audaz de preguntarle a los tipos si se rendían!”, contó entre risas el camarógrafo.
Con simpleza, el Ñato sintetizó la experiencia. “Es una de esas que se te dan en un millón. Por eso, hay que estar atento y tener los reflejos suficientes para que no se te escape. Porque si la buscás, no se te vuelve a repetir…”

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