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Historias del Crimen

Un exnovio rencoroso, una joven amante y el jubilado asesinado bajo el puente de Circunvalación

Una madrugada de julio de 2002 encontraron muerto a golpes al jubilado Miguel Llanera en Villa Del Carril. Detrás del asesinato descubrieron la relación con una chica y que mucho tenía que ver un exnovio.

Por Walter Vilca 11 de septiembre de 2022 - 09:00

Sus hijos no estaban de acuerdo que el jubilado se viera con esa joven. Sabían que lo “vivían”, pero además temían por él por el ambiente que frecuentaba esa chica de Rawson. Pero al abuelo de 74 años poco le importaba y esa misma ingenuidad lo llevó a la muerte una fría noche de invierno de 2002.

Un joven que caminaba con su novia por la ex calle Pringles –hoy, Conector Sur- vio a un hombre tirado y con su rostro ensangrentado, debajo del puente de avenida Circunvalación, en Villa del Carril. Supuso que era un vagabundo y pasó de largo, pero mientras caminaba hacia la casa de la chica pensó que esa persona podía estar gravemente herida. Esa intriga y preocupación, hizo que se despidiera de la chica y saliera a buscar ayuda.

Era la 1 de la madrugada del domingo 21 de julio de 2002 cuando ese muchacho llamado Ricardo Salinas llegó a la vieja estación de servicio Luján, sobre la calle Urquiza, y habló con unos policías de la Seccional 28va que justo en ese momento recorrían la zona en un móvil. Les contó lo que había visto minutos antes a pocas cuadras de allí.

El hallazgo

Los uniformados se trasladaron hasta el lugar señalado y efectivamente encontraron a un hombre tendido en el piso. Estaba muerto y llamaba la atención las heridas en el rostro y en la zona del cuero cabelludo. En un bolsillo de su pantalón corderoy encontraron su documento. Se trataba de Miguel Oscar Llarena, de 74 años y con domicilio en el barrio Sarmiento en Rawson. También le hallaron 10 pesos, otro billete de 2 pesos y tres Tickets Canasta.

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Esa misma noche, los investigadores policiales de Homicidios y la Seccional 28va localizaron a la familia del anciano y supieron que andaban en un auto Volkswagen Senda, el cual no estaba en el lugar donde hallaron el cadáver. Eso confirmó que Llarena había sido atacado y le habían sustraído el vehículo.

Horas más tarde, durante la mañana de ese domingo, la Policía encontró el Volkswagen Senda abandonado en calle Alvear, casi Cenobia Bustos, en Rawson. Le faltaban la rueda de auxilio, el estéreo y los dos parlantes. En el asiento trasero detectaron manchas de sangre y secuestraron una “lanza”, un caño de 70 centímetros de largo por 4 de diámetro que usaban para remolcar otros vehículos.

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Así luce el puente hoy, donde ocurrió la brutalidad

Así luce el puente hoy, donde ocurrió la brutalidad

La reconocida médica forense María Beatriz Vázquez, quien realizó la autopsia, reveló que el anciano sufrió una brutal golpiza. Su cuerpo presentaba dos fracturas en el cráneo, otra en el tabique nasal y una quebradura en el brazo izquierdo, además de escoriaciones. Explicó que la víctima recibió al menos tres golpes con un elemento duro, que bien podía ser esa lanza.

Datos cruciales

Sus hijos aportaron datos cruciales. Aclararon que don Miguel Llarena hacía tiempo estaba separado de su esposa, pero vivían en la misma propiedad. El abuelo era jubilado, cobraba la mínima, pero continuaba trabajando. Ayudaba a su hijo que posee una panadería y le hacía los repartos de pan en su auto Senda. Eso le permitía ganarse unos pesos más.

Lo más importante fue que indicaron que el hombre mayor mantenía relación con una chica apodada “Eli” de Villa San Damián. Comentaron que no querían que se mezclara con esa muchacha porque era muy joven, tenía poco más de 20 años, y algunos de sus amigos se movían en el ambiente delictivo.

Es que el anciano estaba obsesionado con esa chica, mientras que ella se aprovechaba de esa situación para manipularlo. Se suponía que él le daba dinero y la ayudaba con mercadería. Y los parientes de la chica conocían a Llarena, que en ocasiones hasta almorzaba o a cenaba en Villa San Damián.

El cadáver presentaba fracturas en la cabeza, el rostro y en un brazo. Había sido atacado con una lanza de auto.

Esa pista sembró sospechas en torno esa joven, de nombre Eliana. Los policías la entrevistaron y ella afirmó que vio a Llarena el sábado a la noche en su casa, pero se había retirado en su auto en compañía de Sebastián Ureta Sedeño, un exnovio suyo. Afirmó que desconocía qué hicieron o adónde fueron.

“Eli” no mentía. O al menos, nunca surgieron pruebas para vincularla con la trama del asesinato. La chica detalló que Llarena estuvo en su casa la noche del sábado 20 de julio de 2002, pero armó una treta para sacárselo de encima porque planeaba hacer una fiesta para celebrar el Día del Amigo y no quería que él se enterara. Explicó que, mientras charlaba con el jubilado, llegó Ureta con la excusa de saludarla y entonces ella les pidió a ambos fueran a comprar empanadas para cenar.

Un paseo fatal

Llarena y Ureta partieron en el auto a cumplir el mandado y regresaron al cabo de casi una hora a Villa San Damián. “Eli”, que pretendía que el jubilado se marchara, se escondió. Un familiar suyo salió a la puerta y le dijo al jubilado que la chica no estaba, que se había ido a la casa de su papá en el Lote Hogar 23.

Los dos hombres volvieron al coche y se dirigieron a ese otro barrio. Cuando arribaron allí, los atendió otro pariente de la joven y les explicó que “Eli” se encontraba en cama porque se sentía mal. Sin más qué hacer, el jubilado dejó las empanadas y se retiró con Ureta. A partir de ese instante, nadie supo más de Llarena.

Esto puso en la mira a ese joven, a quien algunos policías conocían porque ya habían caído preso por delitos contra la propiedad, según informaron en aquel momento Y no se equivocaron. El vehículo fue encontrado cerca de su domicilio en el Barrio Salvador María del Carril, en Rawson.

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Detención. Sebastián Ureta Sudeño fue detenido por los investigadores policiales el lunes 22 de julio de 2002.

Detención. Sebastián Ureta Sudeño fue detenido por los investigadores policiales el lunes 22 de julio de 2002.

“El Seba”, como apodaban a Ureta Sedeño, fue apresado el lunes 22 de julio de 2002 durante un allanamiento policial en su casa. Él mismo confesó que estuvo con Llarena y que lo golpeó, pero negó haberlo asesinado. Siempre sostuvo que él no lo mató.

Su detención permitió esclarecer el asesinato y echó algo luz sobre qué sucedió entre la noche del 20 y la madrugada del 21 de julio de 2002. Confirmó la versión de Eliana y reconoció que él había sido su novio tiempo atrás, pero rechazó cualquier teoría sobre un crimen planeado con fines de robo o por venganza.

En la indagatoria, Ureta contó que acompañó a Llarena hasta el domicilio del padre de “Eli” en el Lote Hogar 32. Cuando le comentaron que ella estaba en cama, pidió al jubilado que lo llevara a su casa. Por el contrario, éste le propuso que tomaran unas latas de cerveza en razón de que necesitaba charla con él sobre unos temas que le preocupaban, de acuerdo a su declaración.

Su confesión, a medias

Según el joven, estuvieron dando vueltas en el auto y finalmente se detuvieron a hablar sobre la calle Pringles, debajo del puente de avenida Circunvalación. En aquella época, esa zona era oscura y poca transitada. Ahí supuestamente Llarena le confió que no le gustaba la vida que llevaba “Eli” o que la visitaran otros muchachos.

Ureta afirmó que, en medio de esa conversación, el jubilado empezó a preguntarle de por qué visitaba con frecuencia a la joven y qué tipo de relación mantenía con ella. También aseguró que el abuelo se alteró y lo increpó diciéndole que era otro de los novios de “Eli”, que en esa circunstancia le largó unos golpes. En respuesta, él le tiró unas trompadas en el rostro, contó. Pero no todo quedó ahí. Porque, según sus dichos, mientras se alejaba caminando del auto fue agredido de atrás por Llanera, que cargaba con una llave tipo cruz.

LA FOTO DE LA AVENIDA.....

Ureta juró que, raíz de esta agresión, reaccionó con más furia contra el jubilado y se le fue encima. Le quitó esa llave y lo golpeó, pero con la sola intención de darle un escarmiento. Agregó que fue tanta su bronca que después decidió llevarse el auto en represalia a su actitud. Que sólo quiso amedrentarlo y que no le pegó en la cabeza, reiteró. Es más, declaró que, cuando se retiraba a bordo del coche, miró por el espejo retrovisor y vio al jubilado de pie.

Continuó relatando que luego fue a la casa de una amiga en el barrio Buenaventura Luna, en Rawson. En ese lugar limpió el auto y con un trapo mojado se sacó las manchas de sangre de sus manos y su ropa. Muy tranquilo, después se fue al boliche Bajo Zero y más tarde a Scombro. Y al amanecer partió rumbo a su casa, pero el coche se quedó sin combustible en el trayecto y finalmente lo abandonó sobre la calle Alvear. Dijo que no robó nada del vehículo.

Sin escapatoria

Su confesión lo incriminó, pero a la vez buscó zafar del asesinato. Es que reconoció que golpeó al jubilado, aunque aclaró que fue en defensa propia y que de ninguna manera lo agredió con rudeza como para matarlo.

La hipótesis de los investigadores fue que hubo animosidad y que atacó salvajemente al jubilado. Nadie le creyó esa parte del relato en la que afirmó que Llarena originó la pelea. La diferencia física y de edad eran considerable entre ambos.

Los policías que trabajaron en el caso estaban convencidos que Ureta seguía manteniendo encuentros con “Eli” y le molestaba que la chica se viera con el jubilado. La sospecha era que existía un rencor, dado que el muchacho andaba sin trabajo, mientras que el hombre mayor manejaba algo de dinero y siempre trataba de agradar a la joven.

Nunca se me hubiera ocurrido matar a una persona, pero actué por el impulso ante los celos de esta persona”, expresó Ureta Sedeño, en el juicio. Nunca se me hubiera ocurrido matar a una persona, pero actué por el impulso ante los celos de esta persona”, expresó Ureta Sedeño, en el juicio.

Él lo negó y se mostró arrepentido. “Nunca tuve la intención de matar. Nunca se me hubiera ocurrido matar a una persona, pero actué por el impulso ante los celos de esta persona”, expresó durante el juicio oral realizado en la Sala I de la Cámara en lo Penal y Correccional.

Sebastián Ureta Sedeño, de 26 años, fue sometido a juicio en septiembre de 2003 por el delito de homicidio criminis causa. Esto significa: matar para ocultar otro delito; en este caso, el robo. Sin embargo, esa calificación fue modificada durante el juicio y se lo condenó por homicidio simple y hurto calificado. Los jueces Arturo Velert Frau, Raúl Iglesia y Diego Román Molina lo sentenciaron a la pena de 17 años de cárcel.

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