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Historias del Crimen

Tragos, pelea y el asesinato de un gaucho en Villa El Tango

Este es el caso de un gaucho de 25 de Mayo que empezó a provocar en un bar y terminó llevándose la peor parte. El asesinato ocurrió en 1989.

Por Walter Vilca 1 de mayo de 2022 - 08:36

Muchos se preguntan aún qué pasó esa noche en el bar. Acaso fue algún viejo resentimiento. El propio alcohol. O la disputa absurda de puro mal llevados. Lo cierto es que la discusión existió y que, como gauchos que eran, ninguno quiso ser menos. Uno por pendenciero y el otro porque llevaba su cuchillo en la cintura. Y así también les fue esa noche de octubre de 1989: el primero resultó víctima de un asesinato y el segundo terminó preso.

Esa sangrienta pelea sucedió en la última hora del sábado 15 de octubre de 1989 en la puerta del bar del Club Nobleza Argentina, en la localidad veinticinqueña de Villa El Tango. Ese poblado está a 6 kilómetros de Villa Santa Rosa.

En la tarde hubo partido de fútbol en el predio y, como es habitual, fue la excusa para la reunión de amigos y vecinos de la zona. No faltaron las cervezas y los vinos, que matizaron el encuentro. Entre ellos estaban Miguel Facundo Giménez y los cauceteros Alberto Matías Chavero y Pedro Ceferino Soria. Ahí todos se conocían, eran trabajadores rurales y gauchos que solían andar a caballo.

Discusión de borrachos

Los testimonios señalan que, terminado el partido, muchos de los parroquianos la continuaron en el bar del club. Hay quienes jugaron al pool y otros al truco. Las rondas de tragos animaron la charla y también las polémicas alrededor de la mesa. Los testigos declararon que el encuentro se extendió hasta la noche, la mayoría de los hombres se encontraban borrachos. Ahí fue que empezó una discusión entre Giménez y un tal Antonio Escudero.

Conocían a Giménez, cargaba la mala reputación de pendenciero y fama de peleador. Y éste que hacía gala de eso, aquella noche comenzó a levantar la voz y a provocar a todos, en especial contra Escudero. Nadie lo hacía callar, entonces intervino Alberto Chavero.

Conocían a Giménez, cargaba la mala reputación de pendenciero y fama de peleador. Y éste que hacía gala de eso, aquella noche comenzó a levantar la voz y a provocar a todos, en especial contra Escudero. Nadie lo hacía callar, entonces intervino Alberto Chavero. Escudero era su cuñado. No lo iba a dejar solo, de modo que cruzó algunas palabras con Giménez para ponerlo en su lugar y después caminó hacia la puerta con intenciones de marcharse junto con Pedro Soria.

La pelea

Las versiones señalan que Giménez se alteró más, empujó a Chavero y lo invitó a pelear en medio de insultos. Como dice el viejo refrán: “Entre gauchos no se pisan el poncho”. La siguieron hasta afuera del bar. Chavero llevaba el cuchillo en la cintura. En un momento lo sacó e hizo amagues de encarar al otro gaucho.

Giménez no se amedrentó; al contrario, se puso irascible y levantó un trozo de adobe para enfrentar a su contrincante. Pero no se quedó con las amenazas nomás. En el instante que Chavero pestañó, le largó el adobe en la cara. Todo se desmadró a partir de ese momento, porque ahí uno se fue encima del otro, cayeron y se desató la pelea cuerpo a cuerpo.

Chavero tenía empuñando el cuchillo, así que le lanzó algunos puntazos en el cuerpo. Giménez sintió las heridas, se puso de pie y salió apresurado tratando de escapar.

Chavero tenía empuñando el cuchillo, así que le lanzó algunos puntazos en el cuerpo. Giménez sintió las heridas, se puso de pie y salió apresurado tratando de escapar. Algunos testigos afirmaron que Soria montó su caballo y se adelantó para cerrarle el paso, mientras que Chavero lo persiguió con un rebenque dándole “guascazos”, según la causa.

Heridas mortales

Giménez llegó hasta un alambrado vecino y se desplomó. Chavero recién ahí dejó de agredirlo, regresó con Soria al bar para sacar sus pertenencias y se retiraron. Los testigos luego corrieron a auxiliar al herido. Uno de los presentes sacó su vehículo y partieron raudamente del bar de la calle 3, entre 24 y 24, llevando a Giménez.

El destino era el Hospital César Aguilar de Caucete. Minutos antes de la medianoche llegaron al servicio de urgencias del nosocomio. Pero no hubo caso, los cuchillazos en la zona del tórax ya habían provocado la muerte de Miguel Facundo Giménez.

Los policías de la comisaría de 25 de Mayo pronto fueron anoticiados del crimen. Los testigos señalaron a Chavero y también a Soria. Y en la madrugada del 16 de octubre de 1989, los uniformados detuvieron a Alberto Chavero en el puesto El Sauce en Caucete. Muy cerca de ese lugar apresaron a Soria. Al primero por estar sospechado de ser el autor del asesinato y al otro por presunto cómplice del delito de homicidio. Ambos se cerraron en afirmar que se trató de una pelea que originó la propia víctima.

La primera condena

La discusión entre ebrios acababa mal, con un hombre muerto y otros dos detenidos y acusados del crimen. En julio de 1991, Chavero fue condenado por el delito de homicidio simple. La pena fue de 12 años de prisión. Soria fue absuelto. La defensa del primero no estuvo de acuerdo con la sentencia y apeló el fallo judicial en busca de obtener la absolución.

Su argumento fue que se trató de una riña provocada y desatada por Giménez. También mencionó los numerosos testimonios que referenciaban a la víctima como un provocador y violento. En ese contexto, buscó reforzar la hipótesis que Chavero reaccionó a una agresión concreta del ahora fallecido y que utilizó el cuchillo para defenderse.

Revisión del fallo

En 1992, la sentencia fue revisada en la Sala II de la Cámara en lo Penal y Correccional, por el tribunal compuesto por Mirtha Ivonne Salinas de Duano, Ramón Avellaneda y Félix Herrero Martín. Los jueces dieron parte de razón a la defensa, pese a que el fiscal reiteró su postura de que estaba probada la autoría de Chavero en el crimen y volvió sobre Soria, sobre quien reiteró que debían condenarlo por participación principal en el asesinato.

Los magistrados rechazaron la teoría del abogado de Chavero que indicaba que hubo un acto de defensa propia y que fue como consecuencia de una agresión ilegítima. Afirmaron que fue verdad que la víctima inició la gresca y le lanzó un trozo de adobe, pero nada justificaba la acción del acusado. Explicaron que, en vez de retirarse, éste hizo frente a su agresor y sacó el cuchillo que ya había exhibido antes. Y que durante la pelea, además de herirlo mortalmente a puntazos, continuó pegándole con una fusta.

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