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Historias del Crimen

Oviedo, el femicida que hostigó a la mujer que decía "querer" hasta que la asesinó

Un año de relación sirvió para comprobar que Roberto Oviedo era violento. Tras la separación, el femicida persiguió y maltrató de todas las formas a su expareja. Una noche de julio de 1998 la asesinó en la calle.

Por Walter Vilca 8 de mayo de 2022 - 08:56

“El procesado alude en su defensa que la mata porque la quería. Cabe preguntarse qué hará con las personas que no quiere… Dijo que no soportaba su juego. Pero no se comprende a qué juego alude Oviedo en sus manifestaciones, salvo que se trate el del gato y el ratón, justificando así el mote de ‘monstruo’ que usaba Viviana para referirse a él… Sin otra causa aparente que no fuera su decisión comprobada de mantener a su víctima sometida al terror, Oviedo fue infringiendo castigos y amenazas como método de tortura, para finalizar con la trágica decisión final de matarla”.

Con estas palabras, los jueces de la Sala I de la Cámara en lo Penal y Correccional describieron el cinismo y la crueldad de Roberto Javier Oviedo y la agónica vida que llevaba Viviana De la Torre. Esa joven sanjuanina de 24 años que sufrió maltrato psicológico, sucesivas golpizas y la aterradora obsesión de ese remisero apodado “El Chuchín” que no la dejó en paz hasta que la mató a balazos una noche de otoño de 1998.

Hay que decirlo también. El femicidio y toda la antesala de violencia permanente que padeció esa chica pudo haberse evitado, pero los organismos estatales ni la Justicia hicieron nada para detener a ese “innombrable” -como lo calificadaba ella- a pesar de las reiteradas denuncias.

Relación violenta

Viviana ya estaba separada cuando conoció a “El Chuchín” Oviedo, contó una amiga de la joven. Solía llevarla en su remis, así entablaron amistad e iniciaron un romance en 1997. Con los meses, el remisero prácticamente se instaló en el departamento de la muchacha y sus dos hijas en el barrio San Martín. Él mismo después contó que separó de la madre de sus hijos por esa nueva relación. Lo que no dijo fue que a su primera mujer también la castigaba.

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"El chuchín". Este era Roberto Javier Oviedo, el femicida.

Viviana no sabía con quién se había metido. Lo supo al poco tiempo. El sujeto era por demás celoso y encima golpeador. Ella trabajaba en la oficina del coseguro de la obra social del Sindicato de Vialidad Provincial en la calle Toranzo, en Capital, y varias veces sus compañeras la vieron llegar con moretones en el rostro. Eso daba cuenta de las brutales palizas que recibía.

El miedo

Por vergüenza y miedo buscaba excusas para no decir que Oviedo le pegaba. Tampoco quería preocupar. El sujeto la llevaba y la buscaba del trabajo, en algunas ocasiones se presentaba de sorpresa en la oficina con el fin de controlarla. Viviana entró en un laberinto de violencia que no podía salir por la obsesión de “El Chuchín” y sus amenazas.

Los vecinos declararon que fueron testigos de cómo el remisero rompió la puerta y destrozó el departamento de la joven porque ésta no lo dejaba entrar. Nadie sabe con certeza cuánto duró la relación, pero existen registros de que la joven denunció y realizó exposiciones en varias oportunidades en la Policía por las agresiones de Oviedo. De hecho, él estuvo detenido. En otros casos, la obligó a retirar las denuncias.

El exesposo de Viviana declaró que Oviedo incluso golpeó a una de sus hijas. Eso motivó una presentación judicial, dada la situación de riesgo de las niñas, y una jueza de familia le quitó la tenencia de las niñas a la joven.

La separación

En un momento, la muchacha se propuso sacar de su vida a Oviedo y no verlo más. Pero estaba sola y, si bien contaba su drama a sus conocidos, buscaba no meterlos en problemas. Es que “El Chuchín” siempre volvía a aparecer y con más violencia. Tanto era el temor que le generaba, que le pidió a su padre y a su hermano que no se involucraran.

Era tal terror que tenía la chica que pensó en comprar un arma de fuego para defenderse o marcharse de la provincia para desaparecer de la vista del remisero.

Un remisero amigo de Oviedo relató a los investigadores que éste lo contrataba para trasladarlo y seguir a su expareja. Pretendía saber con quién se veía y la celaba con sus compañeros de trabajo. En paralelo, la extorsionaba. Porque le sacaba plata. Esto lo contaron las amigas de la víctima.

Un chofer de apellido Paredes declaró en la causa que una vez llevó a Viviana hasta la casa de Oviedo para entregarle dinero. Relató que la escena fue tremenda. Dijo que el hombre salió, la amenazó con un arma y la tomó a golpes enfrente suyo, mientras le sacaba la plata. Paredes agregó que intentó frenarlo, pero el otro sujeto arrojó piedrazos a su auto.

Sin escapatoria

La joven se asfixiaba poco a poco en su propio miedo. Para escapar de Oviedo, abandonó su departamento en el barrio San Martín y se refugió durante algunas semanas en la casa de sus amigas Rosa Gordillo y su hija Cristina. Después alquiló otro departamento en el barrio UDAP, en Santa Lucía, para que el sujeto no la encontrara, según la causa judicial.

Oviedo no paraba, la seguía hostigando. Era tal terror que tenía la chica que pensó en comprar un arma de fuego para defenderse o marcharse de la provincia para desaparecer de la vista del remisero. No pudo huir y nadie la ayudó a tiempo. Y ese sujeto cumplió sus amenazas.

Nadie sabe con certeza cuánto duró la relación, pero existen registros de que la joven denunció y realizó exposiciones en varias oportunidades en la Policía por las agresiones de Oviedo.

Su compañera de trabajo relató que la tarde del lunes 13 de abril de 1998, Viviana salió a la puerta de la oficina y Oviedo pasó por el frente en un remis. Provocador como era, le hizo un gesto con una mano señalando que la iba a matar. La joven entró de nuevo a su trabajo y expreso angustiada: “ahí pasó el innombrable”, refiriéndose a Oviedo, mientras contaba la escena.

Esa fue una premoción de lo que sucedió horas más tarde. Viviana se demoró más de la cuenta en el trabajo. Pasadas las 21, pidió a un compañero de apellido Ríos que la acercara a la casa de su amiga Rosa Gordillo. En el camino hizo que se detuviera en el locutorio situado sobre avenida Ignacio de la Roza, metros al oeste de calle Ameghino, en Capital.

Alevoso ataque

No sabía que Oviedo la seguía a bordo de un remis Volkswagen Senda guiado por un conocido suyo. La chica ingresó a la telefónica, pero no llegó a entrar a una cabina, que fue tomada del brazo por “El Chuchín” y sacada a los tirones a la vereda. Al menos cuatro personas vieron cómo empezó a pegarle debajo de un árbol, entre la oscuridad. Ríos quiso interponerse, pero el agresor lo amenazó: “Si te metés, te va a pasar lo mismo que a ella”. Para entonces ya había extraído su revólver calibre 22.

Otro testigo, de apellido D`Anna, relató que Oviedo golpeaba a algo que parecía un bulto en el piso y luego le efectuó tres disparos sin piedad. Creyó que ese “bulto” era un perro, después observó que se trataba de una mujer, declaró el hombre.

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Escenario del crimen. Oviedo siguió a Viviana hasta esta esquina.

Escenario del crimen. Oviedo siguió a Viviana hasta esta esquina.

Dos balazos impactaron en la cabeza y otro en el pecho de la mujer. Ella quedó agonizando. Oviedo se mostró en todo momento muy frío e insensible. Es más, subió al remis que lo trasladaba y largó un cuarto disparo al aire a través de la ventanilla cuando se alejaba, casi como un saludo de despedida y de amenaza a los testigos.

Viviana De la Torre fue auxiliada por su compañero de trabajo y los vecinos. Llegó a la guardia del Hospital Guillermo Rawson a las 22 de ese lunes 13 de abril de 1998. Los médicos no pudieron salvarla. Había muerto desangrada.

Frustrado suicidio

De inmediato avisaron a la Policía y comenzó la búsqueda de Oviedo. Éste por su parte, descendió del remis en la avenida Libertador y calle Salta. En las proximidades tomó un colectivo que lo llevó al Partidor San Emiliano, en Rivadavia. Allí se pegó un tiro en la cabeza con el revólver que cargaba y cayó a las aguas de ese cauce.

No consiguió quitarse la vida. Estaba consciente; de hecho, mientras era arrastrado por la correntada se arrepintió y comenzó a gritar pidiendo ayuda. Un empleado de la Dirección de Hidráulica y otro hombre que caminaba por la zona lo escucharon y corrieron a rescatarlo. Más tarde fue trasladado en ambulancia al Hospital Marcial Quiroga, donde lo atendieron y lo despacharon. Es que estaba en perfecto estado de salud. No le habían visto la herida en la cabeza y el plomo alojado en su cuero cabelludo.

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En la vereda. Oviedo atacó a tiros a su víctima sobre esta vereda.

En la vereda. Oviedo atacó a tiros a su víctima sobre esta vereda.

Esa misma noche, Oviedo regresó todo mojado a la casa de su tía en Villa Estornell en Rawson. Mientras tanto, un grupo de policías de Seguridad Personal y la Seccional 4ta ya lo estaban esperando. Ahí fue que lo detuvieron. “El Chuchín” confesó todo sin remordimiento y con una hipocresía sorprendente reconoció que le disparó contra Viviana por “quererla tanto”.

El juicio

Esa misma actitud de soberbia y cinismo exhibió en el juicio realizado en junio de 1999 en la Sala I de la Cámara en lo Penal y Correccional. En sus declaraciones pretendió victimizarse e intentó sembrar una mala reputación sobre la víctima argumentando que mantenía encuentros con distintos hombres. Algo que sonó a provocación fue que no admitió que era un hombre violento, pese a que reconoció que golpeaba a Viviana. Dijo que a la chica se le veían los moretones porque “el color de piel que tenía”.

El fiscal Gustavo Manini mencionó decenas de testimonios que confirmaron los maltratos y el hostigamiento que sufría Viviana por parte del remisero. También dio por acreditado que Oviedo planeó asesinarla.

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En la cárcel. Roberto Oviedo durante sus años de detención en el penal de Chimbas.

En la cárcel. Roberto Oviedo durante sus años de detención en el penal de Chimbas.

El abogado Carlos Reinoso, que intervino como querellante, sostuvo que hubo premeditación. En sus alegatos señaló los antecedentes judiciales de Oviedo por las agresiones a la víctima y a su anterior pareja, la falta total de arrepentimiento, su peligrosidad, la edad y la condición de madre de la víctima. Afirmó que el acusado “es una persona que no merece vivir en libertad” y solicitó una pena de 20 años de cárcel.

La cárcel y la muerte

El tribunal fue duro en sus expresiones al emitir el fallo, pero no consideró los agravantes de la premeditación ni del vínculo –porque había sido pareja de la víctima-, tal como pedía la querella. El 25 de junio de 1999 leyó su sentencia y condenó a Roberto Javier “El Chuchín” Oviedo a 17 años de prisión por el delito de homicidio simple. Muy poco por tan cruel asesinato, más con los antecedentes previos de violencia que soportó la víctima.

Oviedo, a sus 35 años, fue confinado a purgar su condena en el Servicio Penitenciario Provincial. Fue imposible conocer cuándo salió en libertad. Sí se tiene la certeza de que cumplía la pena en mayo de 2014.

La familia de Viviana prefirió no escuchar nunca más su nombre, igual que los amigos de la joven. Nadie sabe qué fue de la vida de Oviedo en los últimos años. Un documento oficial señala que figura como fallecido en el Registro Civil. Por los datos obtenidos, Roberto Javier Oviedo estuvo viviendo en Luján de Cuyo en Mendoza y murió en esa ciudad.

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