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Historias del Crimen

El secuestro extorsivo del productor pocitano y su asesinato a sangre fría en Vallecito

El caso del productor Juan Peña Rivas fue uno de los más conmocionantes de la historia de San Juan. Fue en junio de 1974. Se lo llevaron en un auto y su cadáver apareció en el campo, cerca de Vallecito.

Por Walter Vilca 14 de agosto de 2022 - 08:58

Hacía frío. Pronto caería la tarde y don Juan Peña Rivas no estaba dispuesto a helarse, entonces le propuso a su esposa que regresaran a casa. Pero en el momento que entraban al callejón de su propiedad, dos hombres les hicieron señas para que detuvieran el auto. El productor pocitano paró el coche. Uno de los sujetos se le acercó a la ventanilla, mientras que el otro dio la vuelta y se puso del lado donde viajaba su mujer.

Peña Rivas no terminó de articular una palabra, que los desconocidos los encañonaron. La orden fue tajante: exigieron que el productor se corriera del volante y que Pura Figueroa bajara de inmediato del coche. La mujer entendió ahí que esos hombres venían puntualmente a llevarse a su marido. “Por favor, no me lo vayan a matar”, suplicó ella, presintiendo lo peor. Uno de los captores respondió con voz firme: “Pierda cuidado, señora. Se lo entregaremos vivo”.

Nunca más volvieron a ver con vida al productor y exportador pocitano Juan Peña Rivas desde esa tarde del domingo 23 de junio de 1974. Su caso fue de los más conmocionantes de la historia de San Juan. Un secuestro extorsivo que ni siquiera llegó a las negociaciones por su rescate y que culminó en una ejecución a sangre fría en cercanías del paraje Vallecito.

Una banda organizada

Hay muchas versiones y silencios en torno a esos hombres que conformaban la banda que tomó cautivo a Peña Rivas. Se dice que fue parte de un comando del Ejército Revolucionario del Pueblo. O un grupo residual y de desertores de esa u otra organización guerrillera, que se convirtieron en bandidos comunes. Por qué no, integrantes de una célula de la Triple A –la banda de ultraderecha peronista- o personajes ligados a militares progolpistas, que ya operaban en esos convulsionados años durante el ocaso de la última presidencia de Juan Domingo Perón.

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La víctima. Este era el productor Juan Peña Rivas. Foto de Diario de Cuyo.

La víctima. Este era el productor Juan Peña Rivas. Foto de Diario de Cuyo.

En esos tiempos todo era confusión y no se sabía quién era quién. Hacía un mes que Francisco “El Loco Paco” Herrada Estrada, Vicente Palacios y Horacio Alejo Maza habían arribado a Pocito. Este último tenía sólo 22 años y si bien nació en ese departamento, venía de vivir en la ciudad bonaerense de Wilde. Herrada Estrada era de nacionalidad española y al igual que Palacios –también era pocitano o sus parientes eran de allí- tenían domicilio en Mataderos, en Buenos Aires.

Dos de ellos se alojaban en una casa de calle Tascheret. Ahí planearon el secuestro extorsivo. Es posible que recibieron apoyo de otros para elegir a su víctima. Juan Peña Rivas era un español de 68 años arraigado en Pocito. Junto a su esposa Pura Figueroa tuvieron seis hijos, con quienes vivían en la calle Mendoza, entre 9 y 10.

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Evidencia. Los policías examinan la chalina que llevaba el empresario asesinado. Foto de Diario de Cuyo.

Evidencia. Los policías examinan la chalina que llevaba el empresario asesinado. Foto de Diario de Cuyo.

En esa época, Peña Rivas se dedicaba a la producción y exportación de cebollas y poseía sus emprendimientos en Pocito y en Jocolí, Mendoza, según las crónicas periodísticas de aquel momento. Es decir, su posición económica lo ponía en la mira de cualquier grupo mafioso. Además, llevaba una vida tranquila y muy de pueblo. Quién pensaría que Pocito sería escenario de un secuestro extorsivo.

La captura

Palacios poseía un auto Rambler que lo usaba de taxi. Con ese mismo auto comenzaron a vigilar al viejo empresario. Conocían todo sobre Peña Rivas, incluso lo siguieron al velorio de un amigo suyo el sábado 22 de junio de 1974. El domingo a la tarde se realizaría el sepelio en el mismo poblado, esa era la oportunidad que necesitaban para ejecutar el plan y agarrarlo por sorpresa.

De hecho, acompañaron el cortejo fúnebre el domingo por la tarde, donde también participaron Peña Rivas y su esposa. Como hacía frío, el productor decidió volver a su casa y dio la vuelta en su auto Dodge para tomar rumbo por calle Mendoza al sur. Sin perder tiempo, Palacios junto a Herrada y Maza se adelantaron en el Rambler para emboscarlo en otro lugar.

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Los secuestradores. Vicente Palacios (a la izquierda), Horacio Alejo Maza y Francisco Herrada (a la derecha). Foto del diario Tribuna de la Tarde.

Los secuestradores. Vicente Palacios (a la izquierda), Horacio Alejo Maza y Francisco Herrada (a la derecha). Foto del diario Tribuna de la Tarde.

Maza y Herrada se bajaron en la entrada al callejón que llevaba a la propiedad de Peñas Rivas. Sí o sí, el auto del matrimonio debía pasar por allí. Palacios se alejó en su vehículo y se mantuvo expectante a la espera que sus cómplices capturaran al empresario. Una versión decía que Palacios tenía un parentesco o conocía a la familia, que por esa razón no quiso exponerse.

Pasadas las 18.30 del domingo 23 de junio de 1974, apareció el Dodge de Peña Rivas. Maza y Herrada le hicieron señas en la entrada al callejón para que detuviera la marcha. Cuando el coche paró, ambos apuntaron con sus revólveres al matrimonio. Ahí se produjo ese corto diálogo en el que Pura Figueroa rogó: “Por favor, no me lo vayan a matar”. Del otro lado, recibió esa temeraria respuesta de uno de los sujetos: “Pierda cuidado, señora. Se lo entregaremos vivo”, según una publicación de Diario de Cuyo.

Pura Figueroa corrió aterrada a pedir ayuda, mientras que su marido era llevado amenazado por Maza y Herrada en su propio auto. El vehículo marchó por Mendoza hacia el norte. Por detrás fue el Rambler de Palacios, que hacía de apoyo. Más adelante doblaron hacia la ruta 40, después emprendieron la fuga por la ruta 20 en dirección a Caucete.

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Pruebas. Las armas usadas por los captores y el reloj de la víctima. Foto de Diario de Cuyo.

Pruebas. Las armas usadas por los captores y el reloj de la víctima. Foto de Diario de Cuyo.

Miguel Peña, el hijo mayor del empresario, abordó otro de los vehículos de la familia y salió a toda velocidad por calle Mendoza buscando rastros del auto de su papá, pero no lo localizó. Minutos más tarde puso en aviso a los policías de la Seccional 6ta de Rawson. Entre tanto, otros familiares ya estaban en la Seccional 7ma de Pocito denunciando el secuestro del empresario.

El asesinato

El conmocionante suceso no tardó en llegar a los medios. Y a la par que la Policía desplegaba operativos cerrojos en los puestos camineros de San Carlos, Bermejo y El Encón, la noticia era difundida por las radios locales. Para ese entonces, los captores ya habían pasado el paraje de la Difunta Correa en Vallecito.

Palacios escuchó por la radio que hablaban del secuestro y que la Policía rastrillaba distintos departamentos buscando al productor Peña Rivas y a su auto Dodge. Eso quizás definió la suerte del empresario. A 6 kilómetros de Vallecito, los secuestradores salieron de la ruta 141 y se metieron por una huella en medio del campo.

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Conmoción. Así titulaba el caso el diario Tribuna de la Tarde.

Conmoción. Así titulaba el caso el diario Tribuna de la Tarde.

Allí hicieron descender al empresario y caminaron por el lecho de un río seco. El fin último del secuestro era cobrar un rescate de 50 millones de pesos, pero la decisión parece que estaba tomada. Los captores les quitaron el reloj a Peña Rivas. Con su propia corbata le ataron las manos y con su chalina le cubrieron el rostro. Después lo obligaron a ponerse de rodilla y prepararon su ejecución.

Ellos mismos luego lo confesaron, en principio ninguno quiso encargarse de efectuar el disparo. Se pasaron uno a uno el revólver marca Colt calibre 38, hasta que Palacio se decidió, agarró el arma y gatilló sobre la cabeza del productor pocitano. Peña Rivas Murió en el acto. Su cuerpo quedó tendido entre unos matorrales.

Los secuestradores llevaban dos palas en el baúl del auto de Palacios. Eso hace suponer que la idea inicial fue asesinar al empresario y enterrarlo en ese lugar alejado, cosa que no hicieron. Pero como nadie sabía sobre su paradero, supusieron que todos creerían que lo tenían cautivo. Por ese motivo continuaron con el plan. El reloj era la prueba de vida para exigir el rescate.

Se delataron solos

Tras el asesinato, Herrada partió primero en el auto del empresario con la intención de abandonarlo cerca del paraje de la Difunta Correa. Palacios y Maza se trasladarían en el otro coche para buscarlo en la ruta. Sin embargo, estos últimos tuvieron un percance en la salida por la huella. El Rambler se atascó entre las piedras y tuvieron que maniobrar para sacar al vehículo. Esto los demoró un largo rato.

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Traslado. Maza es llevado por un policía de civil. Foto de Diario de Cuyo.

Traslado. Maza es llevado por un policía de civil. Foto de Diario de Cuyo.

A todo eso Herrada ya había dejado el auto de Peña Rivas cerca de Vallecito y los esperaba a pie más adelante. Pero al ver que no venían, se preocupó. Pensó que sus cómplices siguieron otro camino, de modo que se puso a hacer dedo en la ruta 141 para llegar cuanto antes a Pocito. En esos minutos pasó una camioneta y lo levantó.

Dio la casualidad que uno de los ocupantes de ese vehículo era vecino de Pocito y lo reconoció. Se saludaron. Por dentro, “El Loco Paco” Herrada” supo que estaba en problemas. Fue así que improvisó una excusa. Muy nervioso, le pidió por favor a ese otro muchacho que no contara a nadie que lo habían recogido en la ruta cerca de Vallecito. Es que sus parientes no sabían que andaba por esa zona y no quería preocuparlos, le dijo para justificarse.

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"El Loco Paco". Francisco Herrada es trasladado por dos policías. Foto de Diario de Cuyo.

Llegaron a Pocito sin problemas. Pero claro, la noticia del secuestro del productor Peña Rivas circulaba por las radios y la televisión. Más tarde, ese vecino que vio a Herrada y lo acompañó en ese trayecto desde Vallecito, recordó la charla con éste último y empezó a sacar conjeturas. Le llamó la atención su nerviosismo y su insistencia para que callara sobre el encuentro en la ruta.

Esa misma persona después hizo el comentario sobre Herrada a la familia del productor secuestrado y esto llegó a los oídos de los policías que investigaban el caso. A partir de ese instante, Herrada quedó en la mira. De inmediato, los investigadores sospecharon que podía ser uno de los secuestrados. Había llegado hace poco de Buenos Aires y se movía con otros dos foráneos, de los cuales no conocían casi nada.

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"El Loco Paco". Francisco Herrada. Foto de diario Tribuna de la Tarde.

En horas de la madrugada, la Policía allanó la casa de Herrada y Palacios en la calle Tascheret en Pocito. Revisaron todo y dieron con la prueba que delató a los sospechosos. Dentro del calefón de la vivienda encontraron un revolver calibre 22, otra arma calibre 38 y el reloj del empresario Peña Rivas. Eran ellos los secuestrados.

Enjuiciados

Tras la detención de Herrada y Palacios, también cayó preso Maza. No tenían coartada y fue tan sorpresivo los allanamientos, que cada uno por su parte se quebró y empezó a revelar detalles del siniestro plan sobre el secuestro extorsivo, hasta confesaron el asesinato del empresario y señalaron el lugar donde dejaron su cadáver.

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El ejecutor. Vicente Palacios, el señalado como el que disparó contra el empresario secuestrado. Foto de Tribuna de la Tarde.

El ejecutor. Vicente Palacios, el señalado como el que disparó contra el empresario secuestrado. Foto de Tribuna de la Tarde.

El caso que comenzó a ser investigado por el juez provincial Arturo Lerga Armendariz, pasó a manos de su par Mario Gerarduzzi, de la Justicia Federal. Los tres acusados reconocieron la autoría del secuestro y asesinato, pero jamás dijeron si alguien más estaba detrás de ellos o si pertenecían a una célula guerrillera o un grupo de extrema derecha. Eso tampoco fue aclarado por la Justicia.

Los tres terminaron presos en el penal de Chimbas. En mayo de 1976 y en plena dictadura militar, Horacio Alejo Maza, Francisco Herrada y Vicente Palacios fueron condenados por la Justicia Federal a la pena de reclusión perpetua por el secuestro seguido de muerte del productor Juan Peña Rivas.

De Herrada no se sabe mucho. Una versión dice que, a los años, insólitamente fue sacado o desapareció del Servicio Penitenciario Provincial. Maza y Palacios cumplieron su pena y en los años 90 recuperaron su libertad. En 1998, ambos volvieron a vivir a Pocito, pero su presencia generó malestar entre los vecinos.

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El tercer miembro. Horacio Alejo Maza. Foto de Tribuna de la Tarde.

El tercer miembro. Horacio Alejo Maza. Foto de Tribuna de la Tarde.

Un grupo autodenominado “Comisión por la Decencia Social” realizó pintadas y pegó afiches contra ambos. Los declararon personas indeseables. “Palacios-Maza = crimen”, decía una de las pintadas. Buscaban que se fueran del departamento. Fue así que los secuestradores y asesinos de Peña Rivas tuvieron que ocultarse o desaparecer de la vista de sus vecinos para no levantar más polémica.

En el caso Estornell

Maza intentó rehacer su vida en Guaymallén, Mendoza, pero no dejó su oficio de maleante. Empezó a trabajar de cobrador, pero como un matón que se dedicó a “apretar” a personas que debían dinero. Por lo visto se movía en un ambiente pesado y en negocios turbios, así fue que también regresó a San Juan y volvió a ser noticia el 13 de octubre de 2005 cuando cayó detenido por el intento de extorsión a la familia Estornell en la capital sanjuanina.

En esa trama también estuvieron involucrados Miguel Ángel Altamirano, otro viejo extorsionador que pasó por el penal de Chimbas, y Daniel Humberto Fornari. El mentor de ese otro plan extorsivo fue Altamirano, que junto a Maza y Fornari comenzaron a intimidar, primero, a Raúl Alberto Estornell, y luego a la madre de éste, Ana Gualino de Estornell, por una supuesta deuda de 350.000 dólares que tenía pendiente el fallecido Héctor Estornell –hijo de la mujer-.

Desde diciembre de 2004 empezaron a enviarles cartas exigiendo ese dinero. Les decían que la plata que pedían era una deuda que Héctor Estornell contrajo con una banda narco de Colombia por un cargamento de droga. También hubo llamados telefónicos para negociar y pactar el pago, pero la familia no cedió a las extorsiones y radicó la denuncia.

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La última foto. Horacio Alejo Maza tras su última detención en 2005. Foto de Diario de Cuyo.

La última foto. Horacio Alejo Maza tras su última detención en 2005. Foto de Diario de Cuyo.

La Policía intervino los teléfonos y realizó seguimientos. La familia le siguió el juego a los extorsionadores hasta que fijaron un encuentro. El 13 de octubre de 2005 hicieron una redada en la que detuvieron a Altamirano, Maza y Fornari. Este último siempre aseguró que era ajeno a la maniobra, que ese día sólo acompañó a Maza a esa reunión y desconocía de qué se trataba.

Maza declaró que no sabía de las maniobras extorsivas y que fue contratado por Altamirano, a quien conocía del penal de Chimbas, sólo para encargarse de cobrar la deuda. Los dos junto con Fornari permanecieron presos durante dos años y fueron excarcelados en 2007 tras cumplirse el plazo de la prisión preventiva. Como no habían sido juzgados, quedaron en libertad.

El juicio contra todos ellos se fijó para septiembre de 2009. Sin embargo, Altamirano no se presentó y fue declarado prófugo. A los que sí llevaron a juicio fue a Maza y Fornari, quienes fueron condenados en la Sala III de la Cámara en lo Penal y Correccional a la pena de 3 años y 4 meses de prisión por el delito de extorsión en grado de tentativa. La misma pena le dieron a Altamirano, aunque en ausencia.

Como Fornari gozaba de libertad y la pena aún no estaba firme, éste optó por desaparecer. La Justicia provincial luego libró la orden de captura en su contra. Lo estuvieron buscando, al igual que a Altamirano, pero no fueron apresados. La cuestión es que pasaron los años y finalmente sus penas prescribieron. El único que cumplió su pena en prisión fue Horacio Alejo Maza. Y aunque tenía una causa por robo calificado en perjuicio del Banco de La Rioja, le dieron por cumplida su condena por el caso Estornell. Hoy no se sabe qué es la vida de los tres. Como tampoco se conoce qué fue de Herrada y Palacios, los otros asesinos de Peña Rivas.

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