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Historias del Crimen

El "Loco" Mercado, el linyera sanjuanino que asesinó y arrancó el rostro al amigo

Por unos cigarros y un sánguche, un vagabundo sanjuanino mató a su amigo de una manera brutal. Lo degolló y despellejó para dejarlo literalmente irreconocible.

Por Walter Vilca

Bebedor empedernido, si se quiere vagabundo de profesión, delincuente de ocasión y dos veces homicida. Impiadosa como dura, pero no hay otra forma de describir al “Loco” Mercado, un linyera sanjuanino que una noche de 1985, víctima de su irascible temperamento y su desequilibrio mental, ajustició cruelmente a su amigo por unos cigarrillos y un sánguche y cuán experimentado desollador le arrancó centímetro a centímetro la piel de la cara hasta dejarlo sin rostro.

Tal sadismo le valió en aquel entonces el sobrenombre de “El Chacal”, un apodo que inmortalizó tristemente al sanjuanino Julio César Mercado en las Historias del Crimen de San Juan. Es que nunca antes se había visto un asesinato con esa alevosía y con tanto ensañamiento, encima por tan poca cosa.

En realidad, ya nada tenía valor para Mercado. que vivía la suerte del despojado y el incierto porvenir. Provenía de una familia humilde de Villa San Francisco, Rivadavia, hijo de una madre modista y un padre policía. El destino de ese chico nacido el 28 de octubre de 1950 se vio sacudido por la desgracia a raíz del asesinato de su papá, según él mismo contó alguna vez a sus carceleros.

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Escenario. Los policías y peritos inspeccionan el lugar del crimen. Foto de Diario de Cuyo.

Escenario. Los policías y peritos inspeccionan el lugar del crimen. Foto de Diario de Cuyo.

Apenas llegó al sexto grado de la escuela, después se entregó a los avatares de la calle. Fue lustrabotas y vendedor de boletos de lotería, con el tiempo rebelde sin rumbo. Conoció una comisaría a los 16 años. Esa primera vez fue por escaparse de su casa. La segunda por robo. Y así, sin buscarlo, a los 17 años empezó su carrera delictiva, de acuerdo a su prontuario. Los tres años que pasó en un Instituto de Menores no corrigieron su vida y su sueño de ser marinero algún día quedó en el recuerdo.

Sus malos pasos

Corrían los furiosos años 70 y él iba engrosando su prontuario. No era un delincuente profesional, pero su malograda vida lo metía en problemas. Una de las anécdotas que contaba fue que una ocasión, como no contaba con dinero para pagar el colectivo, optó por sustraer una bicicleta. Sólo en ese año sumó tres causas por hurtos y lo mandaron a la cárcel. Pasó un tiempo encerrado, pero más tarde tuvo otro traspié y en 1976 volvió al penal de Chimbas por seis meses más.

En la Policía cuentan que no lo vieron por unos años hasta que en 1981 cayó preso por la brutal paliza a un conocido suyo, José Humberto Uviedo. Para desgracia de éste, las heridas resultaron tan graves que le costaron la vida. Mercado terminó entre rejas por el asesinato y lo llevaron a juicio. Igual la sacó barata. El juez entendió que el crimen se había dado en medio de una riña y le impuso la pena de 2 años y 6 meses de prisión por el delito de homicidio preterintencional. Al año ya estaba otra vez libre.

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El "Loco". Este era Mercado, el linyera sanjuanino que se convirtió en asesino una noche de alcohol. Foto de Diario de Cuyo.

Sacudido por sus propios errores y sin futuro, buscó refugio en el alcohol y en sus amigos ocasionales. Porque si bien todavía vivía en la casa de su madre en Rivadavia, su otro hogar era una vieja casona de calle 9 de Julio en Villa del Carril en Capital, un aguantadero en el que se daban citas los hombres perdidos y desamparados para compartir sus soledades charlando con un vino y otros vicios. Ahí se encontraba con Oscar “El Pajarito” Morales y Guillermo “El Jujeño” López, otro marginal de 64 años caído en desgracia por el alcohol que residía en el Hogar de Ancianos y que muy seguido se escapaba para ir a tomar unos tragos en la casa abandonada.

Mucho por muy poco

Así como el vino los unía, también hacía que se desconocieran a menudo por cualquier entredicho o avivada entre ellos. Y algo de esto último fue la piedra de la discordia la noche del 26 de marzo de 1985. “El Jujeño” López, que por ser el mayor del grupo creía tener mayores prerrogativas, se tomó la atribución de hurgar las cosas del “Loco” y fumó sus cigarrillos y comió el sánguche que éste guardaba celosamente.

En el mundo del vagabundo, eso era una fortuna. Y entonces era de esperar que tremenda afrenta desatara la rabia de Mercado. “El Pajarito” Morales observó cuando éste llegó y entró en cólera al descubrir que sus cigarrillos y su sánguche no estaban. Al parecer, López ya lo había hecho otras veces. Y no se lo perdonó. El viejo dormía sobre unos trapos cuando el “Loco” Mercado le largó a traición un pedazo de bloque en la cara. El golpe partió la nariz al indefenso vagabundo, que no pudo siquiera ponerse de pie.

El viejo López dormía sobre unos trapos cuando el “Loco” Mercado le largó a traición un pedazo de bloque en la cara. ahí empezó su macabra faena.

“El Pajarito” Morales, único testigo de tamaña violencia, corrió espantado hacia el fondo y escapó. Ahí empezó la carnicería de Mercado. Enceguecido tomó un cuchillo sierrita y pasó el filo por el cuello del viejo López. Los hilos de sangre saltaron como chispazos contra la pared y sobre sus cuerpos. Nada frenó al “Loco”, que continuó con su macabra faena. Extrajo la hoja de Gillette que siempre llevaba en su documento y con la precisión de un matarife comenzó a desollar a quien era su amigo. Con cada pequeño corte fue arrancándole el rostro al muerto hasta dejarlo irreconocible. Su sadismo llegó al extremo que también le borró los labios, le cortó una oreja y escalpó parte de la cabellera. Después se supo que de tanto en tanto pasaba la Gillette por el costado de una caja de fósforo para afilarla y hacer más fácil su abominable tarea.

Macabro hallazgo

Siendo la madrugada del 27 de marzo, Julio Mercado huyó bajo el amparo de la oscuridad y se fue a dormir a Rivadavia. Debajo de la desvencijada galería de la casona abandonada quedó el cadáver sin rostro sobre un gran charco de sangre. En la mañana, los obreros que retomaban sus labores en la obra de la propiedad lindera vieron desde lo alto de un tablón y a través de la medianera un extraño bulto rodeado por perros callejeros. Como siempre, hubo un curioso que miró demás y notó que aquello era el cuerpo de una persona y que había sangre.

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Preso. Mercado fue llevado preso a la Seccional 4ta de Desamparados. Foto de Diario de Cuyo.

Preso. Mercado fue llevado preso a la Seccional 4ta de Desamparados. Foto de Diario de Cuyo.

La escena impresionaba, pero más horripilante era ver ese cadáver sin rostro. “Jamás habíamos visto un hecho así. Fue obra de un loco. La cara de la víctima era macabra”, recordó un comisario retirado que, siendo un joven oficial de la Seccional 4ta, estuvo en el sitio del crimen y trabajó en el caso.

Un documento a nombre de Julio Mercado que fue hallado en el piso hizo suponer a los policías que el fallecido era el titular de ese DNI. Pero mientras los investigadores rastreaban el predio, apareció “El Pajarito” Morales, quien relató en detalle el escalofriante episodio del que había sido testigo y aportó los nombres de la víctima y de su sanguinario asesino. Esa misma mañana apresaron a Julio César Mercado, que desde ese día recibió el mote de “El Chacal”. Un investigador contó que en su domicilio encontraron su ropa manchada con sangre, la hoja de Gillette y la caja de fósforo que todavía tenía adheridos restos de piel y cabellos.

La vida no vale nada

Convertido en un peligroso asesino, Mercado retornó a la cárcel y al año siguiente fue condenado a prisión perpetua por el juez Carlos Zavalla. El delito: homicidio agravado por alevosía y ensañamiento. Para muchos era un sádico criminal, pero su vida de presidiario estaba lejos de eso. Adentro del penal lo llamaban “Mercadito”. Los penitenciarios lo consideraban un reo inofensivo y con un excelente comportamiento, aunque manifestaba cierta alteración mental. Esto lo contaron los guardiacárceles. De hecho, más de una vez fue asistido en el neuropsiquiátrico.

Mercado fue condenado a prisión perpetua, pero estuvo 14 años de prisión y gracias a los beneficios carcelarios pudo recuperar la libertad.

Julio Mercado permaneció preso por 14 largos años en la penitenciaria hasta que obtuvo la libertad condicional en julio de 1999. Dicen que volvió a su oficio de lustrabotas y vendedor de cartones de lotería, pero no se apartó de su mala vida. En el 2000 lo llevaron preso por tentativa de robo, en otra ocasión por exhibiciones obscenas y también por golpear a una mujer. Por quinta vez regresó a la cárcel por una nueva condena de 1 año de prisión, la que se acumuló con la pena por homicidio que no terminaba de purgar. Gracias a las conmutas, finalmente quedó libre a fines del 2003 con 63 años.

El “Loco”, “El Chacal” o “Mercadito” retorno a la única vida que conocía, la de la calle. Sus vapuleados años y su violento pasado fueron una dura carga que se transformó en su sombra y lo hundió más en la marginalidad. Sus carceleros cuentan que lo vieron por el centro deambulando y pidiendo limosna y que luego le perdieron el rastro. Posiblemente hoy ande vagabundeando por ahí, a lo mejor recluido en algún refugio o quizás haya muerto, pero es y será recordado por uno de los crímenes más horrendos en la historia de San Juan.

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