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Magdalena Frackowiak, mucho más que un ángel

La Mujer del Año 2018 de GQ ha sido modelo de alta costura, ángel de Victoria's Secret y diseñadora. Y solo tiene 34 años.
sábado, 02 de marzo de 2019 · 12:19

Nos citamos con Magdalena Frackowiak (Polonia, 1984) en una espaciosa suite del hotel Only You... a las nueve de la mañana. A las nueve. No es que pretendamos convertir en una heroicidad el hecho de comenzar nuestra jornada laboral a la hora en que ficha medio mundo, pero sí recalcar que la noche anterior estuvimos celebrando nuestra gran fiesta de los Hombres del Año hasta bien entrada la madrugada y que nuestra capacidad de concentración se encuentra aún algo mermada a esa hora. Frackowiak no sólo acudió también a la fiesta, sino que su condición de premiada le obligó a posar una y otra vez ante las cámaras, conceder entrevistas, dar un discurso y ser en definitiva uno de los principales centros de atención. Ella, sin embargo, es un torrente desde las 9:01.

Mientras la make up artist la prepara para su sesión de fotos con GQ, no para de compartir anécdotas sobre su ya dilatada carrera (tiene sólo 34 años, pero empezó en la moda a los 16, con lo que ya ha consagrado más de media vida a su profesión). Rememora, por ejemplo, una grabación publicitaria hace unos años junto a otro de nuestros premiados, Jon Kortajarena, para la que tuvo que pasar horas y horas sumergida en el agua con un fino vestifo blanco emulando a una sirena. "El resultado fue increíble y dejamos una imagen espectacular para siempre, pero a mí me costó pasar luego dos semanas enferma en la cama", cuenta la modelo. "Y no me quejo en absoluto, porque para todos los trabajos hay que pagar un precio y yo tenía muy claro el que debía pagar por el mío desde que empecé. Y, en mi caso, siempre me ha compensado".

 

Magdalena Frackowiak, mucho más que un ángel

© Adriana Roslin

Como denotan estas palabras, Frackowiak no ha perdido un ápice de pasión por lo que lleva haciendo desde que era una adolescente. Su profesionalidad, una de las cualidades que más destacan todos los que han trabajado con ella –hablamos de diseñadores como Stefano Pilati y Karl Lagerfeld, fotógrafos como Steven Meisel, firmas como Ralph Lauren, Christian Dior, Louis Vuitton o Victoria's Secret... y esto es sólo un extracto brevísimo de su impresionante currículum– también sigue absolutamente intacta. Lo demuestra en cuanto se enfunda un vestido azul de Angel Schlesser para dar comienzo a las fotos.

Magdalena Frackowiak, mucho más que un ángel

© Adriana Roslin

Ahí es cuando el torrente se convierte en huracán. Su entrega e intensidad en cada posado, en cada movimiento, en cada gesto ante la cámara son propias de una joven promesa que quiere comerse el mundo, no de alguien que ya ha llegado a la cumbre más absoluta y no le queda nada por demostrar. Si a ello le añades el talento y la experiencia adquiridas por su bagaje y una facilidad y naturalidad que probablemente arrastre desde la cuna, te da como resultado el cóctel perfecto que puedes ver en estas páginas. Entre cambio y cambio de vestuario no se permite además un momento de descanso, para que no baje el nivel de adrenalina: nos pide que le enseñemos algo de español y luego lo aprovecha para interactuar con su medio millón de seguidores en Instagram ("¡¡¡¡Ossss quierrrrro!!!!!").

Hablando de redes sociales, ella las utiliza ahora, y mucho, pero empezó a ganarse su posición en la industria en los primeros años de este siglo, en una era bastante más analógica –fue su propia madre la que envió sus fotos a un concurso de scouting, ya que estaba convencida de que su hija tenía "algo distinto"–. "La industria ha cambiado completamente, no se puede comparar", dice Frackowiak. "Recuerdo estar al principio en París en un día de castings orientándome con un mapa de papel y llevando a todas partes un book que pesaba varios kilos. Ahora las chicas lo llevan todo en un iPad". Su carrera despegó realmente en 2006, cuando Pilati se fijó en ella y la subió por primera vez a la pasarela para desfilar para Yves Saint Laurent.

A partir de ahí fue un no parar: en 2007 se convirtió en rostro de Ralph Lauren y portada de Vogue Italia (con fotos de Meisel), y en los años siguientes desfiló para todas las grandes –siempre ha sido de las preferidas para los cierres–, desde Dior a Givenchy, pasando por Vuitton, Armani, Gaultier, Balenciaga, Versace, Dolce & Gabbana, Oscar de la Renta o Hermès. En 2010 alcanzó definitivamente la fama mundial cuando fue reclutada como ángel por Victoria's Secret. "Normalmente las modelos empiezan trabajando para Victoria's Secret y luego se pasan a la alta costura. Yo lo hice al revés y me sorprendió que ellos quisieran trabajar conmigo en ese momento, pero me encantó hacerlo porque son como una familia. Y fue un paso importante para mi carrera, porque confirmaba que mi belleza clásica, que mi forma de trabajar, convencían tanto a los grandes diseñadores como a la moda comercial", señala.

 

Magdalena Frackowiak, mucho más que un ángel

© Adriana Roslin

Cuando dejó esta firma en 2015, la modelo aprovechó para reciclarse: se convirtió en diseñadora de ropa y joyas –elaboradas por artesanos de su Polonia natal– que vende con mucho éxito a través de internet (las puedes encontrar en magdalenafrackowiak. com). "Ser una modelo no era suficiente para mí, para dar salida a toda mi creatividad. Necesitaba una nueva aventura y esto era lo más natural porque conozco muy bien el negocio. Las joyas son un reflejo mío: son muy clásicas y trascienden las tendencias. Y en la ropa utilizo el slang estadounidense de manera irónica para transmitir un mensaje de empoderamiento para que las mujeres confíen más en sí mismas. A muchas les falta autoconfianza, les falta quererse más, y yo quiero que dejen de castigarse cuando no hay motivo para ello".

Le hacemos una última pregunta antes de despedirnos, aunque casi resulta innecesaria porque ya conocemos la respuesta: ¿Qué necesita una modelo que empieza para convertirse en la nueva Magdalena Frackowiak? "Ser profesional, ante todo". Palabra de Mujer del año.

Magdalena Frackowiak, mucho más que un ángel

© Adriana Roslin

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