Fotos: Gabriel Iturrieta
Calamaro en San Juan: el regreso a la Alta Suciedad
Subió al escenario como si fuera un samurái o una leyenda, con su pañuelo en la cabeza y la caminata lenta de un tipo que hace poco cumplió los 58 años. Vino con su nuevo disco bajo el brazo, pero no se olvidó de traer nada de lo que cosechó durante todos esos años de creatividad. Fue un show de casi tres horas entre la mítica de las viejas canciones y lo nuevo de “Cargar la Suerte”, un disco que tiene la esencia roquera de sus dos mejores producciones como solistas grabadas veinte años atrás: Alta suciedad (1997) y Honestidad brutal (1999).
Con más empaque sonoro que su predecesor de referencia, “Bohemio” (2013), en su nuevo trabajo, Calamaro ha optimizado en gran medida su nivel lírico y compositivo, ofreciendo una pieza mucho más fluida y lúcida a nivel narrativo, con la cuota del rock and roll que tenía a fines de los 90 pero con la madurez y el cuidado más absoluto que el artista tiene después de un largo camino en la escena musical.
El fútbol no podía pasar inadvertido, ya que como todos saben el cantante es de River y como buen hincha de River la noche no era la mejor después del partido contra Flamengo donde casi se logra la hazaña. Andrés habló de eso arriba y afuera del escenario, y hasta en un momento pasaron una foto de Gallardo con el sombrero que le dio el apodo de Napoleón. Hubo un poema dedicatorio y no faltaron las canciones al gran Diego Armando Maradona.
Andrés Calamaro es como un boxeador incansable, que, a poco de cumplir 6 décadas de vida, sigue pegando piñas musicales como el disco que vino a presentar a San Juan. Tal vez incluso haga falta ponerle un mote pugilístico como El Salmón Argento o Kid Calamaro para salir al ring mientras retumba en el estadio ‘La verdad congelada’, un tema experimental de su propio repertorio. Le acompañan hasta el cuadrilátero toreros, artistas y bandidos. Son sus amigos. Comparte mesa con ellos y son una pequeña mafia.
Estuvieron también en escena el bajista Mariano Domínguez, el batero Martín Bruhn, el tecladista Germán Wiedemer y el violero Julián Kanevsky en un viaje musical único ante más de 3000 personas que no lo van a olvidar. La nueva etapa de Andres viene con la soledad que se vio inmerso durante muchos años. El mismo habló de eso en innumerables entrevistas y su reflexión es parte de lo que se trasmitió en este show. “La soledad te convence. La soledad acompaña bien... La imaginación de los textos se permite decir incluso que "lo bueno de estar solo es que la soledad no miente" (verso de "Las rimas"). A la soledad tampoco se le pregunta nada. Lo primero que hice cuando me quedé solo fue sacar todos los muebles y, en el lugar más importante de la casa, poner un terrible equipo de música. Me di cuenta que de adolescente, la llegada de un equipo de música a mi casa había sido un momento de tremenda importancia. Sin embargo me había pasado una punta de años con los estudios domésticos y había descuidado el equipo para escuchar música. Entonces aproveché que estaba solo, saqué comedores, sofás para invitados, mesitas ratonas y dejé un lugar donde sentarme yo y un tremendo equipo de música delante. Fue una buena manera de empezar a estar solo”. (fragmento de entrevista La Nación).