¿Alguna vez te has preguntado qué hay detrás de nuestra elección de pareja? Claramente, la atracción es algo que tenemos en cuenta, pero sobre este tema se pueden perfilar dos modelos generales.
¿Cómo elegimos pareja?: descubrí las cinco leyes de la atracción
Por un lado está el biológico: la finalidad es encontrar las mejores características de nuestra pareja para sobrevivir. Por otro, el social: la sociedad es la que determina los parámetros que nos hacen más o menos atractivos. Algunos piensan que cada modelo funciona por su cuenta, aunque hay quienes piensan que ambos coexisten y están interconectados.
El psicólogo Noam Shpancer explica que existen 5 leyes de la atracción interpersonal que han sido ampliamente estudiadas y con las que la mayoría de los profesionales guardan consenso. Tampoco es que sean muy sofisticadas, si no que se trata de “leyes” de sentido común. Básicamente demuestran que para explicar el comportamiento humano tampoco hace falta descubrir teorías muy complicadas.
1. La ley de la familiaridad: cuanto más tiempo pasemos con esa persona, más probabilidades hay de que nos guste. Por lo tanto, es imposible enamorarse de alguien con quien has compartido poco tiempo, y mucho menos considerarás formar pareja con esa persona.
También hay algunos efectos psicológicos muy curiosos ligados a esto. Por ejemplo, ¿no te ha pasado que las personas parecen cada vez menos feas a medida que tienes más contacto con ellas? Pues pasa. Y aunque la confianza de asco, quedate con que, al final, el roce hace el cariño.
2. La ley de la atracción física: nos vamos a sentir atraídos por gente guapa. No me voy a parar mucho en esto. Ya lo sabés. Aunque… hay otro dato más desconcertante. Según los estudios, esta ley funciona también con los mismos principios económicos de la oferta y la demanda. Es decir, nos sentimos atraídos por los más guapos, pero al no estar a la altura de la demanda de ese producto, al final terminamos con gente con más o menos nuestro mismo atractivo físico. Por eso los guapos suelen salir con guapos, y los feos con feos.
3. La ley de la personalidad: hay ciertos rasgos de nuestra personalidad que nos hacen más atractivos. ¿Puede ser la extroversión? ¿La apertura? ¿Nuestra estabilidad emocional? ¿La configuración completa?
Hay dos cualidades de nuestra personalidad que destacan enormemente en la valoración del atractivo. Una es nuestra competencia social, es decir, el cómo nos desenvolvemos con la gente; nuestra inteligencia social. La otra es la calidez o, dicho de otro modo, nuestra cercanía; lo cariñoso que somos.
4. La ley de la proximidad: muy parecida a la primera ley. Salvo que en la primera hablábamos de que nos sentimos más atraídos por personas con las que solemos convivir a diario. Esta indica que habrá más probabilidades de que escojamos a alguien con el que podamos tener mucho contacto. Vamos, que podamos verle todos los días o que podamos hablar o salir muy a menudo.
5. La ley de la semejanza: claro está que no tienen por qué encajar al 100% con nosotros. No tienen que ser clones. Pero nos entusiasman las personas que comparten ciertos gustos con nosotros, o pensamientos, o formas de sentir. Es más fácil sentirse identificadas con ellas.
Si hiciésemos un ejercicio de memoria y repasásemos todas nuestras historias amorosas, quizás de alguna manera nos demos cuenta de que según qué situaciones, nos dejamos influir por uno u otro fenómeno.
Estas son leyes de la atracción. Lo que hace que sintamos más predilección por ciertas personas, y por otras. Pero una cosa es la gente por la que nos sentimos atraídos, y otra es la gente a la que al final escogemos.
(Fuente: https://muhimu.es)