Para sobrevivir en la guerra comen pasto y gatos

El hambre y la desnutrición están haciendo estragos en el absurdo asunto belicoso en Siria. Al menos 10 personas murieron en la sitiada ciudad de Madaya, que se convirtió en un caso emblemático de la crisis.
sábado, 09 de enero de 2016 · 11:48
El hambre y la desnutrición son dos de las consecuencias más silenciadas de la guerra en Siria. Y la sitiada ciudad de Madaya se convirtió en un caso emblemático de la crisis.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) advirtió que miles de vidas se encuentran amenazadas por la hambruna.

Según el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH), al menos 10 personas murieron por la falta de medicamentos y alimentos en Mayada.

Comen lo que pueden

El doctor Khaled Mohammed, que trabaja en un hospital de campaña de la ciudad, reveló que los habitantes de esa ciudad en manos de los rebeldes comen pasto para mitigar mínimamente el hambre. Además hace algunos días sacrificaron perros y gatos. También falta leche para bebés, reportó el médico. "Recientemente falleció un niño de diez años por desnutrición”, contó.
 


Madaya se encuentra sitiada desde hace más de 170 días por las tropas del régimen y la milicia terrorista libanesa chiita Hezbollah. Los últimos suministros humanitarios, incluyendo raciones de comida, llegaron a Madaya a mediados de octubre, tras un acuerdo local de la oposición y el Gobierno, según el PMA.

"Estamos profundamente preocupados por la situación humanitaria reportada en la localidad de Madaya, que ha estado bajo sitio por muchos meses con miles de vidas bajo amenaza”, explicó Bettina Luescher, portavoz de PMA. Y recién ahora, el régimen otorgó permiso a Naciones Unidas para entregar ayuda humanitaria.

Testimonio

"Hay césped. Quedan algunos pimientos, que mezclamos con sal”, cuenta Alí Ibrahim, activista opositor. "Cuando conseguimos arroz, lo hervimos al máximo para inflar los granos. Las hojas de morera son un manjar”. No tanto las hojas de olivo: "Recientemente una familia se intoxicó comiéndolas. Es un lujo poder comer cada tres o cinco días", agrega casi con resignación.

(Fuente: Crónica) 

Comentarios