El curioso método que usó un violador para escaparse de la cárcel que está en una isla Noruega.

Ocurrió en la prision de Bostoy, ubicada en una isla del fiordo de Olso y con un régimen abierto. El delincuente tomó una vieja tabla de surf y con una pala remó hasta una de las orillas.
sábado, 15 de agosto de 2015 · 12:15
A 75 kilómetros al sur de Oslo, casi en pleno Mar del Norte, la isla noruega de Bostoy le da resguardo a los presos de la cárcel que lleva el mismo nombre. Forma parte de un régimen especial que incluye a todas las penitenciarías de ese país nórdico. No tiene ni rejas ni un alambrado que la rodee, y sus 115 detenidos no duermen en celdas, sino en pequeños bungalows de madera, con baño y cocina, y con total independencia para prepararse sus comidas.

Existe una larga lista de espera para acceder a ella y no todos los que lo solicitan lo consiguen. En consecuencia, las fugas son realmente extraordinarias en ese penal. Hasta que uno de los presos se excedió en la confianza ofrecida por el sistema y se fue, se escapó.

Condenado por violación y tráfico de drogas, lo hizo de un modo fuera de lo común. En un depósito de la cárcel encontró una vieja tabla de surf y a eso le sumó una pala. Por la noche, después del último recuento, remó y flotó hasta llegar al otro lado de la orilla, a unos tres kilómetros de la cárcel. Allí se encontraron esos elementos. El ahora prófugo, para nada peligroso de acuerdo al informe de las autoridades noruegas, no inventó nada. El único modo de evadirse es a nado o utilizando algún otro elemento flotante. El último preso que intentó escapar, por ejemplo, lo hizo con una canoa. Y de eso hace ya unos cinco años.

Las fugas, de hecho, "son una excepción y es algo muy poco frecuente, incluso, entre los que obtienen permisos sin vigilancia para pasar unos días fuera de la isla", le aseguró al diario español La Vanguardia el director del centro, Tom Eberhardt. No hay que olvidar que, quienes consiguen una plaza en Bastoy, "se hallan en la recta final de su condena y saben que tienen mucha más libertad de la que tendrían en otro tipo de prisión. Por esto, suelen ser conscientes de que fugarse es, simplemente, algo poco inteligente", agregó. De todos modos, Eberhardt fue contundente: "Si es detenido, no se le permitirá volver a Bastoy, pues ha roto la confianza que se depositó en él".

Al bajo nivel de fugas en las cárceles noruegas se suma la poca reincidencia de quienes salen a la calle tras cumplir su condena. Sólo un 25 % vuelve a delinquir, uno de los menores índices que se registran en Europa. Y en el caso de Bastoy, la situación es aún mejor, con sólo un 16 % de presos reincidentes.

Para cerrar, un dato más que, con contundencia, reafirma que países como Noruega se manejan con un sistema carcelario muy diferentes al de estos lares. El preso más odiado por la socidad noruega, Anders Behring Breivik, el terrorista de ultraderecha que hace cuatro años mató a más de 70 personas y fue condenado a perpetua, es el único detenido con total aislamiento dentro del país. Sin embargo, dispone de tres celdas enteras y le fue permitido cursar la carrera de Ciencias Políticas a distancia.

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