nada es para siempre...

El obispo enamorado se separó, vive en España y estudia teología

Fernando Bargalló estuvo recluído en un seminario de Martín Coronado y en enero, el Vaticano lo envió a hacer el curso en Barcelona. La nueva vida de su ex Mariví Martínez Bo, quien está muy triste y realizando un gran esfuerzo por olvidarlo.
viernes, 1 de marzo de 2013 · 14:44



El ex obispo de la diócesis Merlo- Moreno resolvió tomar distancia del apasionado romance que vivió con la espléndida empresaria María de las Victorias Martínez Bo y se recluyó en un convento en España, lejos de punteros políticos y periodistas. Por el momento, lo que parecía que iba a ser la historia de amor más resonante de la década, quedó trunca. Alejado de su cargo pero aferrado a la sotana, Fernando Bargalló decidió alejarse de las pasiones mundanas y se fue a vivir a Barcelona a principios de enero para estudiar teología. Desde que estalló el escándalo en el mes de junio pasado, cuando se conocieron las fogosas fotos de la pareja en las playas mexicanas, el ex titular de Cáritas para América Latina guardó un perfil bajísimo y nadie sabía dónde vivía. Reporteros gráficos se cansaron de hacerle guardia y nunca lo encontraron. A través de familiares y amigos Democracia reconstruyó la historia de este hombre cuyo objetivo es la fidelidad a Dios.

Mariví, mientras tanto, sigue en Buenos Aires “muy triste y decaída” por el final que tuvo este amor tan contrariado. Acompañada de sus hijos Jaime y Sofía, pasa los días encerrada en su regio departamento de la arbolada calle Naón de Belgrano R, tomando sol y regando las plantas de un inmenso balcón terraza, ya sin esperanzas de que él regrese. Su hijo menor, Andrés, el joven que con mucha educación y simpatía se convirtió en el vocero de su madre mientras la novela lograba picos de rating increíbles en los noticieros, también, y vaya casualidad, se fue a vivir a España. ¿Qué pasará cuando viaje Mariví a ese país a visitar a su hijo? “Nada”, dicen sus amigas. “Ya no quiere saber nada con Fernando, está tratando de superar esa historia que la tiene atormentada desde hace años”. “Ella dejó de trabajar, cuida a sus hijos y a su nieto, a veces viaja, pero casi no se la ve. Todos la queremos acá. La conocemos desde hace más de veinte años y sabemos de su honestidad”, comentó una vecina. “Además está más linda que nunca, y realmente deseamos que pueda conocer a otro hombre”, auguró la mujer.

–Después de la difusión de las fotos, ¿vieron a Bargalló en el edificio?
–No, él no volvió más. Antes lo veíamos siempre, venía a cada rato, pero después desapareció. Igualmente, como te digo, queremos lo mejor para ella, porque es una excelente mujer, excelente madre y fundamentalmente una persona muy trabajadora, no frívola como la querían pintar los medios.

Los escondites del obispo
En un principio Bargalló quedó viviendo en su casa de Merlo hasta que la Santa Sede, a través del nuncio apostólico en Argentina, Emil Paul Tscherring, resolviera enviarlo a alguna Iglesia alejada de los centros urbanos. Como en la vivienda había una permanente guardia periodística, el ex obispo se fue a vivir cinco meses a un seminario de Martín Coronado, en la provincia de Buenos Aires. El lugar estaba prácticamente deshabitado por la crisis que hay en las vocaciones sacerdotales, y allí llevó un tiempo de recogimiento y oración hasta que le tocó viajar a Roma. En el Vaticano debió dar explicaciones de lo sucedido y Benedicto XVI lo envió a España a hacer un curso para reencontrarse con Dios. El obispo enamorado permanecerá allá hasta que el nuevo papa, que será elegido en los próximos días, “le asigne una capilla en algún lugar de América del Sur”, confió uno de sus hermanos a Democracia.
El trámite en Italia fue por demás simple. Al lado de las denuncias que empañaron a la Santa Sede en los últimos meses, la situación de Bargalló no era nada para asustar. No había cometido ningún delito como los que se investigan en el Banco del Vaticano, ni había abusado de nadie como ocurrió con el obispo belga Joseph Vangheluwe o su par argentino Edgardo Storni. Simplemente se había enamorado de la mujer que había conocido de niño en la localidad de La Cumbre, en las Sierras de Córdoba, por la que había temblado su corazón toda la vida. El Vaticano tampoco pudo inculparlo por ningún delito económico. Bargalló no solo no había sacado un peso de Cáritas para hacer el tour del amor, sino que, como reveló Democracia en primicia pocos meses antes del viaje, había recibido una herencia de su madre, la mitad de la cual donó para obras de bien y con el resto pagó el viaje. Esto también fue explicado por su hermano Santiago Bargalló en una carta dirigida al suplemento “Valores Religiosos” del diario Clarín. “Quiero aclarar –decía la nota– que en nada se utilizó el dinero de Cáritas ni de la Iglesia. Fernando, por ser del clero secular, no ha hecho votos de pobreza y tiene su propio patrimonio, y aun cuando ello no trascienda, durante toda su vida ha vivido con una gran austeridad”.
El tema de la financiación del viaje quedó de entrada esclarecido, faltaba saber cuál iba a ser su futuro con la rubia. Ahora se sabe que el romance quedó trunco y que el ex obispo deberá esperar en España su próximo destino, que seguramente será lejos de María Victoria.

El viaje de la polémica
La historia de amor de Fernando y Mariví tuvo su pico de esplendor en el verano de 2011, cuando la pareja decidió hacer un viaje oculto a las paradisíacas playas mexicanas. Cuando se supo del tour del amor, Fernando y Mariví dieron explicaciones un tanto insólitas para minimizar las sospechas de un fogoso romance. El ex obispo dijo por ejemplo que “las imágenes eran descontextualizadas porque también había un grupo de amigos”, aunque está claro que en las fotos nunca se ve a terceros. La rubia, en cambio, dijo al diario Perfil que “ese viaje del que todo el mundo habla fue para acompañar a una amiga que estaba enferma de cáncer, Beatriz, que falleció hace poco”.
Pero más allá del infausto destino de esta mujer, la realidad indica que el 10 de enero llegaron cada uno por su lado al aeropuerto de Ezeiza y tomaron dos vuelos distintos rumbo a Miami, él por American Airlines, ella por la entonces línea Continental. Hasta ahí no había nada que sospechar. Por el alto rango que tenía en Cáritas de América Latina, él viajaba constantemente; ella, una empresaria gastronómica exitosa cuyo padre había sido propietario de una importante naviera, podía tener perfectamente dinero para ir a Estados Unidos. Pero los enamorados viajaron juntos al Distrito Federal desde Miami, y luego, en la tarde del 11 de enero, tomaron un jet con destino al aeropuerto de Oaxaca. Desde allí se trasladaron a la exquisita villa balnearia de Puerto Angel. Se hospedaron tres días en el exclusivo hotel boutique Casa Bichú, donde las cabañas con jacuzzi y camas de bambú cuestan entre 270 y 490 dólares por persona. Escurridizos, disfrutaron cada minuto de esta paradisíaca playa, y entre besos, abrazos y caricias, jugaron como niños, hicieron snorkel, pescaron con red. El 13 de enero partieron en una camioneta Dodge Dakota a las playas de Xicatela, en Puerto Escondido. Allí compartieron el lujo del Hotel Santa Fe, un complejo con una imponente vista que recuerda a las Sierras de Córdoba, el paisaje que los unió durante toda la infancia. Después le siguió el celestial resort Las Brisas Beach de Ixtapa, con playa privada que da a un mar con aguas cálidas y cristalinas. El 27 de enero regresó ella a Buenos Aires, feliz, y él volvió el 30.
Jamás habrían de imaginarse que esta novela, quizás la más romántica de las últimas décadas, habría de quedar trunca por la difusión de las fotos. En su entorno nadie alberga esperanzas de que vuelvan a estar juntos. Fernando está encerrado en España, en un monasterio, y sigue por televisión las instancias de la elección del nuevo papa que tendrá que decidir su futuro. Ella está sola pero ya no espera. Sabe que él volvió a elegir los hábitos pese a su inmenso amor. Dicen que hay muchos hombres que la pretenden, pero ¿se animará alguno a acercarse a una mujer que amó con tanta pasión?


Fuente: Crónica.

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