"Por el mal camino"...¿y por casa?

Diarios españoles hacen lobby por las privatizadas y le pegan a CFK

“Patrioterismo económico”; “corralito montonero”, o “discurso populista”, son algunas de las previsibles delicadezas con las que El País De Madrid y el franquista ABC castigan al gobierno argentino, en defensa de los intereses de empresas españolas, en un tono muy parecido al usado por la oposición vernácula. Leé las editoriales en la nota y opiná.
martes, 03 de abril de 2012 · 12:16

(N. del E:) Enojadísmos porque entre otras cosas "La presidenta de Argentina ha hecho caso omiso al reclamo de colaboración del Rey", los diarios españoles El País de Madrid (del grupo Prisa, dueño entre otras de la proruralista Radio Continental) y el monárquico ABC, desplegaron en sus editoriales de estos días una encendida defensa de las empresas españolas, beneficiadas con el desguace del Estado Argentino en los 90, a las que ocnsideran víctimas del "patrioterismo económico" de Cristina Fernández de Kirchner.

Lee las editoriales y opiná.



Por el mal camino

 

Cristina Fernández degrada la economía argentina con sus amenazas veladas de nacionalizaciones

Hay muchas razones para suponer que Cristina Fernández de Kirchner y su Gobierno están intentando esconder el fracaso de su gestión económica detrás de una fachada de nacionalismo. La economía argentina está al borde del colapso y, en esta hora de frustración, la presidenta ha optado por escudarse en las viejas consignas patrióticas (“roban nuestras materias primas, se llevan nuestras riquezas”) que inflaman la retórica política del país desde la aparición del peronismo. Un buen ejemplo de esta deriva política fue el discurso que ayer pronunció en la Tierra del Fuego, conmemorativo de la guerra de las Malvinas, en el que apeló al diálogo, pero también al sentimentalismo, en el conflicto diplomático con Reino Unido a cuenta de la guerra de 1982 y la esperanza de acceder al petróleo descubierto en las costas de las islas.

Argentina corre el riesgo de una ruina a corto plazo. Y la exaltación patriótica es un mal camino. Hoy, los inversores extranjeros en Argentina operan bajo una amenaza permanente de exacción o nacionalización. Este es el caso de YPF, el grupo petrolero participado mayoritariamente por Repsol, al que se le están retirando arbitrariamente permisos de explotación en las provincias argentinas y sobre el que pende en los últimos meses un decreto de nacionalización. No hay ninguna razón para nacionalizar YPF. Pero sucede que el Gobierno ha sido incapaz de aplicar una política de moderación del consumo y tampoco ha gestionado bien su producción nacional de productos energéticos.

El resultado es una demanda creciente, una producción cada vez menor y unos precios disparados que pesan sobre los consumidores. Kirchner y sus ministros han intentado que las compañías extranjeras importen gas y lo vendan en Argentina con pérdidas. Quienes se han negado serán castigados con la nacionalización. El Gobierno de Buenos Aires está dispuesto a pasar por encima de contratos, concesiones y cualquier idea de seguridad jurídica que pueda atraer en el futuro a la inversión extranjera.

El discurso populista, las amenazas de nacionalización (que, además, deterioran la cotización de YPF) y el recurso constante a la presión sobre los capitales extranjeros son razones suficientes para que la comunidad internacional retire su confianza en la estabilidad regulatoria argentina. No es propio de un país del G-20 suprimir concesiones de explotación a una empresa extranjera sin ofrecer argumento alguno para ello o amagar con la nacionalización para satisfacer el chovinismo exaltado de los gobernadores de las provincias. Obama ha anunciado que suspenderá las preferencias comerciales de que gozaba Argentina; la Unión Europea, Estados Unidos, Japón, México y otros 10 países han denunciado ante la Organización Mundial de Comercio las políticas proteccionistas de Argentina. La señora Kirchner tiene un problema con la economía de su país, con su política energética y con su balanza de pagos. Si quiere solucionarlos con patrioterismo económico, comete un grave error.

(Nota de El País de Madrid)



Rehenes «gallegos» en el corralito montonero de Cristina Kirchner

 

La presidenta de Argentina ha hecho caso omiso al reclamo de colaboración del Rey y los ministros económicos del país se niegan a negociar con los emisarios enviados por el presidente Rajoy.

Repsol, Telefónica, Endesa, Gas Natural y Prisa son los nombres que aparecen impresos con grandes caracteres tipográficos en el informe presentado recientemente por José Manuel García-Margallo al Consejo de Ministros para analizar la debacle que acecha a las empresas españolas en Argentina. El Gobierno de Cristina Fernández se ha deslizado por la pendiente de un victimismo radical que trata de achacar sus males endémicos al «empedrao» de socorridos fantasmas lejanos. Los culpables son los de siempre; las Malvinas y los «gallegos», David Cameron ya se lo advirtió a Rajoy hace poco más de un mes en Londres: «Ahora la están pagando con el Reino Unido pero ustedes no tardarán en sufrir las mismas consecuencias».

A la luz de las desventuras que viene padeciendo Repsol con su filial YPF, las grandes multinacionales españolas en Argentina podrían pensar que el primer ministro británico es un gafe redomado. César Alierta, Borja Prado, Salvador Gabarró y Juan Luis Cebrián, cada cual por la parte que le toca, tienen motivos para pensar mal pero las suspicacias no deben dirigirse contra el mensajero de la Gran Bretaña porque mucho antes de que la viuda de Kirchner anunciase zafarrancho de combate el Gobierno español se había puesto en guardia bien aleccionado por Antonio Brufau.

El dictamen sellado por el jefe de la diplomacia española muestra a las claras el desprecio que han de soportar los emisarios de Rajoy cada vez que pisan Buenos Aires. El peor parado ha sido el secretario de Estado para Iberoamérica, Jesús Gracia Aldaz, quien viajó a Argentina a finales de febrero con la intención de trasladar a las autoridades del país la consideración más distinguida del nuevo inquilino de La Moncloa. En buena hora porque tanto el vicepresidente Amado Boudou como el ministro de Planificación, Julio de Vido, cancelaron las entrevistas programadas y el único contacto realizado fue la cena ofrecida por el canciller Héctor Timerman que transcurrió «en un tono muy áspero por parte del anfitrión», según el dossier de Asuntos Exteriores.

Los gobernantes locales se niegan en redondo a discutir cuestiones empresariales porque el redil de los progres montoneros abanderados con el fetiche de La Cámpora han vallado la Casa Rosada imponiendo sus ideales de autarquía como única solución ante la crisis que devora al país. Argentina ha vuelto a las andadas de la hiperinflación y el gasto público a lo que se añade una política desaprensiva de subvenciones para dopar el crecimiento económico a partir de una demanda de consumo energético a precios artificialmente bajos. Todo ello dentro de una economía maltrecha por la fuga de capitales, el acaparamiento de dólares y un nivel de apalancamiento con vencimientos de deuda por importe de 13.000 millones a lo largo de este año.

El hambre se junta con las ganas de comer en una situación agónica que pronto se tornará revolucionaria a poco que las condiciones climatológicas demuestren en los próximos meses que al perro flaco todo se le vuelven pulgas. Desde la victoria electoral de octubre, la política económica de la señora Kirchner y su secretario de Comercio, Guillermo Moreno, ha tenido como principal objetivo la restricción de importaciones y de salida de divisas. Una ocurrencia que viene obligada por la necesidad de frenar la sangría de la balanza de pagos pero cuyos efectos pueden resultar dramáticos en uno de los países del mundo con mayor dependencia de los hidrocarburos.

La amenaza del general invierno obliga a echar una cortina de humo para tapar las vergüenzas de un presidencialismo arbitrario y favorecido por lo que Friedrich Hayek definía como una dictadura plebiscitaria, donde el jefe del Gobierno es confirmado de vez en cuando por el electorado en su posición, pero dispone de todos los poderes para asegurarse que el sufragio se moverá siempre en la dirección que desea. Ahora que vienen curvas nada mejor que un chivo expiatorio como Repsol, un enemigo exterior a modo de coartada para inflamar el espíritu nacionalista y prevenir los cambios de sentido que puedan alterar el voto oficialista.

Las expropiaciones de los yacimientos petrolíferos de YPF se celebran como verdaderas fiestas populares orquestadas por los gobernadores de las provincias en una secuencia tragicómica con poco pan y mucho circo. Cristina Fernández ha hecho caso omiso a los reclamos de colaboración que le ofreció hace un par de semanas Don Juan Carlos cuando la presidenta argentina tuvo finalmente a bien devolver la llamada al Jefe del Estado español. El ministro de Industria, José Manuel Soria, ha quedado no menos desairado tras su patética entrevista con las autoridades del país y nuestras empresas se sienten atrapadas, con las tarifas congeladas y los dividendos embargados. Argentina es ahora un inmenso corralito para todo hijo de «gallego» que aspire a defender la marca España. O hay un arreglo rápido o mejor salir corriendo.

(Nota de ABC)

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