editorial

La economía en San Juan: pensá en amarillo

El semáforo marca señal de alerta. La Nación envía menos fondos y el comercio se resiente. No es una buena noticia los problemas de Scioli con el aguinaldo. Con la caja no se embroma: los fondos nacionales y los mineros mueven la economía local. Por Sebastián Saharrea.
viernes, 6 de julio de 2012 · 15:01

Por Sebastián Saharrea

Tendrán que tener cuidado los que sueñan a la vez con que eleven el mínimo no imponible de Ganancias y que a San Juan lleguen más fondos coparticipables de la Nación. Van a contramano: Ganancias es un impuesto coparticipable y si recauda menos representará un menor envío de fondos a las provincias. Con más condimentos: menor coparticipación es menos dinero circulante en la provincia, menos actividad comercial, menos recaudación de impuestos provinciales. Así, en espiral: menos, menos, menos.

Por primera vez desde hace un tiempo, el gobernador Gioja se atrevió a ponerle una luz de precaución al flujo de caja provincial. Lo hizo la semana pasada en el programa de TV Paren las Rotativas (los viernes a las 23 por Telesol). Dijo que hay una luz amarilla en las cuentas públicas, nada para enloquecerse, pero sí un cambio de tendencia que significa un llamado de atención.

En el primer cuatrimestre, los envíos nacionales a San Juan fueron por un pelo inferiores a los que están presupuestados en el cálculo provincial: 1%. Igual, Gioja dijo que no se corre el riesgo de incumplir con el presupuesto anual, aunque sólo una declaración sobre el asunto señala que se trata de un tema para encender los sensores de alerta. ¿Qué pasa si uno tiene una acreencia y su deudor lo llama para decirle que no está en riesgo el pago de la deuda? Si deduce que algo anda mal, está en lo cierto. Lo mismo ocurre con este caso: si se habla de que no habrá problemas para cumplir con el presupuesto, significa que en algún momento esa posibilidad anduvo rondando.

El presupuesto de la provincia es de 7.540 millones de pesos y se financia en su mayor parte por los ingresos coparticipables, donde la provincia dispone de un porcentual generoso. El resto, lo completa con los ingresos por impuestos provinciales, entre los que sobresale el termómetro de la actividad económica, como es Ingresos Brutos. Si la calle muestra ritmo, la recaudación de ese impuesto funciona bien.

Pero alcanza con calzarse la bufanda para encontrar que la temperatura invernal no ha perdonado el ritmo económico. Sin descalabros groseros, el comercio no es por estos días lo que venía siendo desde hace años y se empiezan a notar algunos agujeros en los locales céntricos. El Centro Comercial hace esfuerzos para mostrar los repuntes en las ventas por el Día del Padre, pero entre sus asociados corre cierto frío en la espalda por el frenazo y las cobranzas. Nada caótico, sí un cambio en la curva.

El aporte de los fondos públicos en la economía de la calle no es ninguna noveda
d en San Juan. Un informe de esta edición de Tiempo de San Juan señala el impacto de la Asignación Universal por Hijo: hay en la provincia 75.000 niños beneficiados, que a $270 cada uno significan $20.250.000 mensuales. Esos pagos van directamente a parar al comercio local dedicado a insumos esenciales: comida y vestimenta. Por consecuencia, cualquier tropezón en el envío de esos fondos como producto de algún eventual problema de caja del gobierno nacional, será pagado al contado por los comerciantes sanjuaninos que captan el movimiento.

Con la caja no se juega.

Lo mismo ocurre con el aguinaldo, abonado en San Juan antes de que terminara el mes pasado. Por lo tanto, no fue noticia como sí lo fue el padecimiento de Scioli por pagar el aguinaldo escalonado en Buenos Aires: enfrenta paro y descrédito político. No significa ese silencio con el que la administración provincial abonó el complemento salarial de mitad de año que las cuentas luzcan desbordantes. Sí, que el nivel de previsión ha sido eficiente y que el sector público sigue siendo la gran topadora de la economía provincial.

Pero, en términos económicos y políticos, los problemas de Buenos Aires para pagar el aguinaldo no son una buena noticia para nadie. Y mucho menos para San Juan, si es que esos lamentos activan un retorno a la discusión por los fondos coparticipables. Es que Buenos Aires ha sido claramente perjudicada en el reparto respecto de su dimensión cuando el gobernador radical Alejandro Armendáriz resignó en 1987 una parte importante de su porcentaje, mientras San Juan consiguió establecer –gracias a la mano negociadora de Leopoldo Bravo y a cambio de su voto positivo por la ley de divorcio que fogoneaba Alfonsín- un coeficiente de 2,4% del total a repartir que la provincia no justifica ni por cantidad de habitantes, ni por extensión, ni por necesidades básicas insatisfechas.

Puesta en la necesidad de recuperar aquella cesión –amortiguada apenas por el Fondo del Conurbano, hoy congelado en $650 millones- que obliga a Buenos Aires a salir a pasar la gorra nacional cada vez que debe pagar aguinaldo (y por lo tanto, a mantener la sintonía política), el riesgo correrá entre las provincias que están más holgadas: como con todo en la vida, la suma cero indica que lo que entra en algún lado deben necesariamente salir de otro. Y esta misma semana, el gobernador Scioli puso a San Juan como ejemplo de las provincias que más coparticipación reciben: buenas migas con Gioja, pero en la pelea por la plata cada uno apunta para su rancho.

La otra señal de alerta que viene sonando en la economía provincia proviene de la Nación: el parate en las obras públicas financiadas con fondos del gobierno central está poniendo en guardia al sector de la construcción, con empresas que empezaron a tener complicaciones en las cadenas de pagos. Esos fondos por varios millones –se calculan unos $200 en ejecución- van a parar en una parte importante a insumos locales y a mano de obra sanjuanina.

Además de una administración prolija, hay dos ventanillas que ayudan a mantener el tono de la actividad, con fondos privados y públicos. Una de ellas es el fondo de la soja, que ha alcanzado cifras récord este mes de la mano de la cotización internacional del yuyo por encima de los 570 dólares por tonelada. Otra es la minería: por regalías están entrando entre $200 y $250 millones anuales y esas liquidaciones estuvieron momentáneamente frenadas por el control sobre el dólar. A lo que hay que sumar lo que la actividad genera como salarios privados entre unas 40.000 trabajadores en blanco por sueldos que parten de los $10.000 pesos, y que van a las jugueterías, peluquerías, concesionarias, almacenes. Además de los impuestos que estos generan: pago de Ganancias e IVA, además de Ingresos Brutos en la provincia.

La perfomance de Rentas en los últimos meses fue también satisfactoria. Sin haber subido las alícuotas, el ente recaudador provincial ha sobrepasado sus metas para esta parte de año, aunque hay que resaltar que los impuestos locales integran apenas una parte mínima del presupuesto provincial.

Esa es la provincia que recibe el nuevo ministro de Hacienda, Francisco Alcoba. Se trata su ingreso de una posta entre hombres de confianza para el gobernador Gioja.  Aldo Molina estuvo a su lado desde que comenzó, construyó el Fondo Anticíclico y fue eficiente en el manejo de las cuentas y el surfeo sobre los reclamos sindicales. Francisco Alcoba escoltó desde hace años a Gioja desde lugares menos visibles y no representa un cambio de rumbo.
Sí es el hombre elegido para lo que entiende como tiempos distintos: un conflicto gremial áspero como el de los médicos, junto con los saldos de color amarillo.

 

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