El análisis del día

Gobierno-médicos: llamen a Lunati

Hubo mediaciones, cruces de solicitadas y negociaciones frustradas hasta el hartazgo. La nueva perlita: un arbitraje. ¿Qué es eso?, ¿La Haya, o el árbitro del momento? Por Sebastián Saharrea
lunes, 21 de mayo de 2012 · 13:05
Justo ahora que se definen los campeonatos y los arbitrajes están en la cresta de la ola, a alguien se le ocurrió pronunciar esa palabra maldita para solucionar un conflicto que ya está cansando por lo extenso y repetitivo.

De un lado, el Sindicato Médico se recluye en cuatro puntos de reclamos laborales y salariales. Piden un aumento del 35%, más el nombramiento de los interinos y el 82% móvil para jubilarse. En realidad, todas estas exigencias se concentran en otro punto más bien político: piden que se vaya el ministro Balverdi y si eso ocurriera, tal vez podría aparecer mayor flexibilidad.

 Del otro lado, el gobierno respondió con un ofrecimiento del 25% de aumento como al resto de los empleados públicos y blanquear a los interinos mediante un concurso. Hubo conciliación obligatoria dictada por la Subsecretaría de Trabajo y varios días de paro, incluyendo un anuncio para otra medida de fuerza la semana que viene. ¿Quién puede solucionar el problema?

Las posturas aparecen ahora demasiado radicalizadas, y ese no es el mal menor. El problema es que a medida que el enfrentamiento se profundiza, se afecta aún más el servicio. Ante esto, surgió una nueva chance: el arbitraje obligatorio. Ya fracasó el arbitraje voluntario y esta nueva alternativa está tipificada en la ley para obligar a las partes a aceptar el fallo de un tribunal constituido especialmente.

Ahora, ¿quién podría ser ese árbitro que se sobreponga a los condimentos de este reclamo salarial en el que sobrevuelan viejas facturas políticas? Seguramente no sería un arbitraje con facultades para sacar la roja como en el fútbol, ni de un fallo espiritualmente inapelable como el del Papa por el Beagle. Hasta acá, parece un intento más para desactivar dignamente un problema que está pasando de castaño a oscuro.

Y eso que todavía falta la instancia judicial, a la que cualquiera que se sienta disconforme con el arbitraje podrá acudir. Cuestión de nunca acaban.