Paco y el factor G - Por Sebastián Saharrea

Al gobernador mendocino lo acosan en su provincia con el fantasma de su colega de San Juan. Tanto, que en Chile hubo que introducir una mentirita.
viernes, 23 de marzo de 2012 · 22:37

Son cosas de la política. Con esas 5 palabras intentaban explicar en el campamento sanjuanino el peregrinaje angustiante que se tuvieron que comer para evitar que se descolgara Agua Negra de la declaración de los presidentes la semana pasada. Y esas “cosas de la política” tenían nombre y apellido. También apodo, el famoso Paco con que los mendocinos designan a su mandamás con un toque de buen humor y otro toque de menosprecio.

Paco Pérez no es cualquier cosa dentro del universo K. Es, en principio, uno de los más antiguos referentes de los Kirchner en Mendoza, a pesar de que sólo tiene 43 años. Los conoció en la Constituyente de 1994 y desde allí supo defenderlos en terreno siempre hostil: la opinión pública mendocina.

Fue ministro de Jaque, pero no es Jaque. Y sus cuatro años al frente de la  cartera mendocina de Infraestructura le sirvieron para ganarse un lugar importante en la estantería emocional del jefe nacional del sector, nada menos que Julio De Vido. Coquetean con él desde la Rosada por varios motivos: porque Mendoza en uno de los distritos más importantes del país en cantidad de electores y Cristina cree haber encontrado en Paco a alguien que defienda esa trinchera, porque lo ven como cabecera de playa regional, y porque en estos días tuvo algo muy importante que hacer para la estrategia oficial, nada menos que inscribir a Mendoza entre las provincias que quitaron reservas petroleras a YPF.

No iban a entregarlo a los leones así nomás. Y la manera de entregarlo a los leones era haciéndolo aparecer a la cola de los anotados por los beneficiarios por la visita de Cristina a Chile. Y fue justamente De Vido, el superministro de estas super-obras, el que se empacó: se plantó en que no se firmaría nada para San Juan que no tuviera su contraparte para Mendoza. Uno a uno, si no nada. Y así fue.

En realidad, lo que hubo fue una mentirita. Porque enunciar –como se hizo en la declaración- que tanto el túnel sanjuanino por Agua Negra como el mendocino Trasandino están partiendo en igualdad de condiciones es lo más parecido a un pedido de piedad para que no crucifiquen a Paco desde la opinión pública mendocina, acostumbrada últimamente a bufar cada vez que San Juan obtiene una moneda nacional.

En ese punto se plantó De Vido en Chile. Si para lo del Trasandino decía “eventual” licitación –como pretendían los chilenos-, entonces para Agua Negra lo mismo. Y así en réplica, con la indisimulable intención de no dejar a la intemperie a un gobernador con el que la Nación pretende jugar fuerte en un distrito fuerte.

Después, todos sabían que eso era mentira. Empezando por el proyecto, un punto clave de los emprendimientos en el que San Juan le ha sacado una legua a Mendoza: Agua Negra ya lo tiene terminado y sólo espera el visado chileno en dos o tres meses, mientras el Trasandino debe empezarlo y eso demora al menos tres años de paciencia.

Siguiendo por las características de la obra. El túnel sanjuanino será una obra pública hecha y derecha, mientras el mendocino es un proyecto privado, impulsado por el grupo Eurnekian. Justamente el sobrino del poderoso empresario de Aeropuertos Argentina 2000 estaba en la delegación argentina.

Y finalmente, por la envergadura de cada uno. Mientras las mega-obra sanjuanina tiene un costo aproximado de unos 900 millones de dólares, la mendocina cuesta entre 10.000 y 15.000 millones de la misma moneda, algo que recién podrán saber cuando esté el proyecto final. Por todas esas razones, es imposible que marchen juntos a la par, más allá de las intenciones políticas. Y todos lo saben.

El problema de Paco Pérez es cómo hacer para desmarcarse de su vecino regional José Luis Gioja. No tanto por él, sino por la presión que le impone el imaginario colectivo de su provincia, acostumbrado desde hace tiempo a la kilométrica diferencia de escala entre las cuyanas,  a la altura de un paternalismo. Y como pasa en todas las familias, los chicos crecen y comienzan los conflictos.

Por eso, la cosa no es con Paco, pero a él le toca ligarla. Ya Cobos había sido cuestionado por alguna supuesta quietud contrastable al crecimiento de la vecina San Juan. Luego fue el turno de Celso Jaque,  sacrificado en el Olimpo a nombre del despegue sanjuanino, como si él pudiera evitarlo. Ambos, Cobos y Jaque, víctimas de la condición de vecinos y también de la voracidad de sus propios ámbitos: no sólo sufrieron como testigos el emparde sanjuanino en obras financiadas desde la Nación o en protagonismo político nacional, sino también perdieron figuración en el debate de la política vitivinícola y en el desarrollo de la minería. En estos dos últimos puntos, Cobos y Jaque  no necesitaron ayuda para desperdiciar oportunidades: dilapidaron ellos mismos capacidad de negociación con los sectores bodegueros y prohibieron sin necesidad de concejos externos la actividad minera.

Paco Pérez llegó dispuesto a barrer de un plumazo con ese tablero de dificultades. Contó desde su asunción con la planificada incontinencia verbal de su vice Carlos Ciurca, quien desde el arranque nomás definió a Gioja como “vendehumo”. Y amagó con hacer marcha atrás con la prohibición de la minería, justo él que proviene de un estudio de abogados que supo tener de cliente a San Jorge en un planteo legal contra la ley Cobos. Pero se quedó en el amague nomás: De Vido, que llegará el mes que viene a visitar Pascua-Lama, no tiene la culpa de que en Mendoza no haya ningún emprendimiento minero por visitar y que el que más promete, San Jorge, esté planeando trasladar por tren el mineral que saque en Mendoza para procesarlo en Barreal.

Igual, contó Paco con De Vido, uno de los funcionarios más poderosos del equipo nacional por su manejo de fondos y obras, pero más aún por su perspectiva política en esas decisiones. En Chile comprobó Paco Pérez que con eso sólo no alcanza: debe luchar a brazo tendido contra cierto doble discurso de su provincia, que le reclama descontar la distancia entre San Juan y Mendoza en materia minera, pero cuando lo hace le enciende las luces rojas ambientales. O le pide racionalidad en el trato con San Juan y después lo castiga por la Fiesta del Sol y su edición vitivinícola, como si Paco pudiera hacer algo para que no ocurra.

En el fondo, desde los medios le preguntan por qué si San Juan muestra una gran conquista con el túnel de Agua Negra durante la visita de CFK a Chile, él no hace lo mismo, si al fin y al cabo en la declaración aparecieron en igualdad de condiciones el túnel y el tren Trasandino. O por qué Gioja llegó a Santiago acompañado de una comitiva tan numerosa que luego le ayudó a bordar las palabras del acuerdo, y Paco apareció tan sólo. Diferencias de estilo al fin, pero que en Mendoza operan como un espejo peligroso.

Y no hay caso. A Paco le facturan desde la más gruesa hasta la más chiquita de las jugadas de San Juan. El ejemplo más claro fue esta semana, cuando se anunció que la muestra cinematográfica de la Unasur aterrizará en la provincia en setiembre. En Mendoza, el título fue: San Juan lo tiene.

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