La bodeguita de Zonda - Por Sebastian Saharrea

Termina la fiesta y esta edición alcanzó el clímax en el toqueteo con Mendoza: gestos, chicanas y la propiedad del vino, en juego.
sábado, 25 de febrero de 2012 · 00:08

Por Sebastián Saharrea
ssaharrea@tiempodesanjuan.com

Paisaje de bodega en escena. Una torre de enfriamiento domina el plano general, al costado se apilan unos toneles y los bailarines estrenarán traje de cosechadores. ¿Fiesta de la Vendimia? No, Fiesta del Sol. Y una semana antes. Arde Troya.

Si algo faltaba para engordar el clásico cuyano es la escenografía montada para esta noche en la quebrada rugiente, que esta vez rugirá de acordes en lugar de motores: una bodega hecha y derecha, de dimensiones casi reales, subida al escenario y transmitida en directo para todo el país. Es que Mendoza entiende que la condición fundacional de su espléndida Fiesta de la Vendimia viene con contrato de exclusividad por la iconografía vitivinícola, y entiende el gesto de subir en San Juan una bodega a escena como una mojada de oreja. Y San Juan no desperdicia ocasión para mostrar a su vecino que el hermano menor ha crecido y conquistado autonomía. La mesa está servida para el chisporroteo.

Pone cara de yo no fui Dante Elizondo, el ministro de Turismo sanjuanino, para explicar que nunca hubo una bodega montada como eje central de la Vendimia mendocina con las características de la que ordenó armar en el escenario de la Fiesta del Sol. Y que, por eso, semejante esfuerzo debe ser considerado como un aporte más que como un objeto de celo. Mientras, imparte órdenes para no escatimarle recursos ni esfuerzos a su creación.

Es que Elizondo ha hecho un postgrado en esta nueva profesión regional de pelearse con el vecino. Un poco le tocó: el turismo es uno de los aspectos en los que primero San Juan arrimó el bochín a los mendocinos, a fuerza de promoción e inversión y ante la dificultad de acercarse en aspectos más troncales como los productivos. Y un poco le puso garra: no le sacó el cuerpo el funcionario al raspado que le tocó en suerte con los vecinos.

Ya viene la gran fiesta sanjuanina con nutridos antecedentes de cortocircuitos con la Fiesta de la Vendimia, y eso que apenas llena 8 ediciones la reedición del festejo local. Originalmente, fue pensada la Fiesta del Sol como complemento turístico de su hermana mayor: en una semana, los visitantes podrían visitar ambas celebraciones, y aprovechar los días en el medio para recorrer San Juan y Mendoza.

Pero, como en todas las familias, los más chicos crecen y los más grandes se ponen celosos. Y entonces no demoró el establecido ámbito vendimial mendocino en ignorar por completo a la fiesta sanjuanina, antes de ofrecerle un terreno pedregoso de manera frontal, cosa que ocurrió en las últimas ediciones. Comenzaron entonces los cruces: entre Elizondo y el funcionariado mendocino de Jaque, por la invitación de las reinas, por las visitas de los gobernadores, etc.
Hasta que en esta edición, San Juan salió a redoblar la apuesta. Ubicó un cartel bien visible en el estadio Malvinas Argentinas con la publicidad de la fiesta sanjuanina a metros apenas del Fran Romero Day, el antiteatro donde año a año se monta la Vendimia.  Y un poco antes, había decidido que el motivo de la celebración sanjuanina será el vino, la bodeguita, la alegoría por el vino, la vendimia y todos los íconos que la rodean.

Para qué. Lucha frontal y sin manera de eludirla: Una celebración al vino en San Juan hoy mismo, y otra la semana que viene en Mendoza, ambas en provincias vitivinícolas y ambas transmitidas en vivo y en directo a todo el país y por mismo canal. Imposible no trazar comparaciones, confrontarlas, poner a una a la par de la otra.

Por eso San Juan no se ahorró esfuerzos en el montaje de esta noche, como Mendoza puso todo lo que tiene a mano para no quedar descolocada. Mientras los funcionarios juegan a la diplomacia –Paco Pérez anunció que llegará hoy a la fiesta sanjuanina y es probable que Gioja lo haga la semana próxima en Mendoza-, se cuece por lo bajo un estofado de competencia frontal. Al fin y al cabo, mejor para el espectáculo.

Que se suele desparramar a los medios y –luego- a la gente, que lo vive como un Boca-River: esta semana hubo medios vecinos que jugaron al tono burlón para recriminar que de este lado no habría aterrizaje de diva alguna, como alguna vez lo hicieron Mirtha y Susana juntas para promocionar la fiesta. Para esta edición, San Juan decidió prescindir de estas figuras, que no entregaron demasiado resultado en la divulgación nacional (ambas están fuera de la pantalla). En cambio, la apuesta ha quedado depositada en entregar un espectáculo final de alto nivel para todo el país, que si sale bien será una piedra en el zapato de la Vendimia: le habrá nacido una competencia, amenazante, como parece que ahora hay que encuadrarlo en lugar del espíritu fundacional de tener festejos complementarios.

También hubo pimienta en los invitados al festejo de uno y otro lado, un punto en el que Mendoza coloca la vara bien alta con las frecuentes visitas de los presidentes de la Nación del momento al almuerzo de las fuerzas vivas. Pero apareció Boudou, junto a la no menos importante visita de Juan Manuel Abal Medina, el jefe de Gabinete de la Nación, dando el presente en San Juan.

Y llegamos al fin al nudo del problema: la osadía sanjuanina de haber aterrizado en territorio vitivinícola –sólo por esta edición-, un espacio atribuido en exclusividad no sólo a la Fiesta de la Vendimia sino a Mendoza por encima de todo. Está bien que se trata de la principal productora de vinos del país, pero no es menos cierto que se trata de la industria madre sanjuanina. Visto de ese modo, entregarle el eje temático en la octava edición de la Fiesta del Sol sanjuanina parece más bien una demora.

El propio Elizondo dedicó la inauguración del miércoles a explicar por qué, como si hiciera falta: citó el hecho cultural que supone la vitivinicultura en San Juan, y la declaración de la presidenta Cristina Kirchner del vino como bebida nacional. Pegadito, sacudió con lo del vino sanjuanino que es “el mejor de la Argentina”, lo mismo que la fiesta. Telegrama para Mendoza, dueña de vinos excelentes y una fiesta imponente en los mismos rubros.

Y bramó Gioja con una apreciación nacida de la lógica, pero empleada con un sentido político: la vitivinícola es la industria madre de San Juan: “El vino también es nuestro”. Ese “también” fue la palabra con destinatario.

Y fue el trovador, Juan Carlos Baglietto, quien agregó un nuevo matiz. Entonó la melodía de aquel emblemático aviso televisivo de “Resero blanco sanjuanino” en el que él mismo participó hace años, pero con la letra cambiada. La estrofa final dejó la plegaria: “pero esta vez, todos unidos”. Y aunque la cante una de las mejores voces del país, fue una expresión de deseos.


Comentarios