La franela de la inseguridad - Por Sebastian Saharrea

viernes, 02 de diciembre de 2011 · 19:00

Por Sebastián Saharrea
ssaharrea@tiempodesanjuan.com

Impulsivo como manda su estilo, recitaba Horacio Pagani esta semana una cruda letra de tango en la que el protagonista y autor narra su angustia por haber encontrado a su mujer con su mejor amigo en la cama. “Los maté a los dos”, remata la obra y a Pagani se le subía la mostaza por el ímpetu de la escena, cuando sus compañeros de mesa en el programa de fútbol lo frenaron. Claro, no era el día para ponerle crudeza: el día anterior, cuatro mujeres habían muerto asesinadas en La Plata en un supuesto brote de celos de un ex novio despechado.

Algunos días antes, el intendente chimbero Mario Tello había traducido a letra cruda de declaración en on lo que siempre ocupó buena parte de sus quejas en off: que Chimbas ha sido el departamento que pagó los platos rotos por el operativo de erradicación de villas del gobierno, y que como la gente se encuentra fuera de su hábitat no se le ocurre otra cosa que salir al revoleo azaroso del arrebato por las calles.

Entrelazan a Pagani y a Tello el inoportunismo. El riesgo de asumir ligeramente un problema por el que a mucha gente le va la vida. La dificultad de comprender que una palabra pronunciada en el momento equivocado corre el riesgo de ser malinterpretada o, lo que es peor, intentar apagar un incendio con nafta.

Le ocurre al poeta del tango que vibra con su corazón malherido por el peor de los engaños y lo traduce en verso descorazonado bien alejado del impacto social que es capaz de producir una matanza salvaje de mujeres como el que ocurrió –otra vez, recordar Barreda- en La Plata. Y le ocurre al dirigente político que enarbola un argumento que suene a escusa liviana para justificar un problema bien extendido y doloroso como el delito en la calles. Ambas cosas, unidas por la falta de timming.

Ya se escribió en la web de este medio sobre el inoportunismo de vincular a la inseguridad con la mudanza de las villas (http://www.tiempodesanjuan.com/notas/2011/11/28/intendente-pateo-hormiguero-2719.asp). Algo así como despreciar el carácter complejo que representa el problema, una simplificación que de tan corta asusta. Porque proviene de quienes deben encontrar soluciones, y si el diagnóstico que se formulan aparece como tan sencillo, la pregunta aparece automática y hasta irrespetuosa: ¿alcanzará para frenar la inseguridad con detener el plan de erradicación de villas?

Si la respuesta -por más obvia que resulte- es no, pues entonces el diagnóstico inicial es desacertado. Mal inicio: la cátedra completa aconseja que para solucionar un problema, primero hay que identificarlo y detectar su origen. Por lo tanto, para confrontar con soluciones a la escalada de inseguridad habrá que sencillamente comprender un fenómeno bastante incomprensible –primera dificultad- y luego combatirlo con herramientas eficientes. Evitar simplificaciones como sostener que se trata de una cuestión de mudanza. Sacarle el cuerpo a los mesianismos de quienes aterrizan con recetas importadas (lo que fue efectivo en New York debería serlo en el Capitán Lazo) o provenientes de recetas iluminadas financiadas por los vendedores de armas, quienes venden el problema y acercan luego la solución.

 No es este el caso de Tello como sí de una curiosa usina de pensamiento que ya ha puesto sus pies en San Juan y que considera que la manera de combatir la inseguridad es desparramando el discurso de mano más dura en las leyes –de probada ineficiencia luego del  caso Blumberg- o proponiendo un botoneo exasperante: denuncie usted en un sitio web sus casos de inseguridad que no le cuenta a la policía, que ellos harán un mapa de la inseguridad como radiografía del problema.

 Así que la gente confiará más en estos personajes que en la fuerza policial. Y así que el mapa será un documento válido para vaya a saber qué cosa, más allá de emplearlo como herramienta de desgaste político: señalar con el dedo por medio de estadísticas de dudosa fiabilidad, y arrogarse encima condiciones para solucionarlo. Metafísica y charlatanerío en estado puro, adjudicatario de no más del 1% de los votos en las últimas elecciones: imposible calcularlo porque el grupo en cuestión  ingresó como socio de una alianza que no obtuvo más del 5% de los votos totales.

Los hechos demuestran que la inseguridad es un problema mucho más serio que eso. De una complejidad alejada de facilismos o de recetas como de las sopas instantáneas. Incluso, alejada también de suposiciones dadas por buenas en el campamento del progresismo: que una herramienta infalible contra la inseguridad es el progreso y la salida de la marginalidad por medio de servicios, urbanización, vivienda, educación.

Allí está el barrio La Estación para atestiguar que el asunto no es tan llano. Las cientos de familias que vivían en la villa El Naylon convivían en el peor de los bajofondos hasta que fueron beneficiadas por una de las operaciones más grandes del plan de erradicación de villas, el mismo del que se queja Tello. Y fueron instaladas en el barrio La Estación, con viviendas de barrio a estrenar de una y dos habitaciones, calles asfaltadas y cloacas, condiciones de infraestructura superiores a la de muchos otros barrios públicos o privados. Además, los habitantes del barrio tienen a disposición un generoso dispositivo de asistencia con un CIC municipal, polideportivo, parque recreativo.

Hay entre sus habitantes una inmensa mayoría de trabajadores sacrificados y víctimas de sus vecinos, porque en ese barrio radica el principal epicentro de la inseguridad en San Juan a pesar de haber sido beneficiarios de una fuerte inversión pública para mejorar sus condiciones de vida.  ¿Cómo comprender entonces que se mantenga allí la zona más peligrosa de la provincia?
El barrio La Estación funciona como una de esas favelas brasileñas donde el peligro florece de manera constante, como lo contó en detalle el exhaustivo trabajo periodístico de Tiempo de San Juan publicado la semana pasada en la edición papel y que en los últimos días hizo furor en la web. Allí ocurre que los repartidores y remiseros no quieren entrar, que la policía hace lo que puede y vive atrincherada, que el CIC luce alambrados para que no se roben nada como los del Muro de Berlín, que los almaceneros atienden atrás de una reja, o que los jóvenes no encuentran más destino que el de salir “al arrebato”, como quien sale “a la gamela”.

Profunda ruptura cultural que sólo podrá ser subsanada a través de los años recorriendo el camino inverso a los del deterioro de los últimos tiempos. Pensando la manera en que el Estado vuelva a educar  y a no esperar manosantas milagrosos. Exigiendo a los funcionarios que cumplan su trabajo: que los que deben dirigir dirijan y los que policías cuiden. Y evitando el chanterío.

Parece difícil. Si acá nomás, en el Juzgado Federal, la banda delictiva que deriva la droga a esos barrios parece haber estado anidando de la puerta para adentro.

 

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