Rescatando a los soldados Cristian y Elías - Por Sebastian Saharrea

Andino y Álvarez recibieron la bendición de la lealtad. Premios en cargos influyentes y señales para el que las quiera leer. Dos intendentes sin destino reciclados en piezas clave.
viernes, 16 de diciembre de 2011 · 19:21

Jura Cristian Andino que se enteró de su designación en OSSE en la mañana del mismo día en que se conoció la noticia, cuando el dato había sido dado por bueno al menos desde el día anterior. A Elías Álvarez le pasó más o menos lo mismo: se enteró que iría a Defensa al Consumidor sobre el campanazo final, después de una larga meditación de Gioja sobre cuál sería el lugar indicado para alojarlo.

De lo que no había dudas en el gobierno era que ambos debían estar. En cualquier lugar, pero estar. Luego vendría el análisis más fino: si el premio para ellos había sido suficiente, si podría haber sido más o menos. Pero eran antes de esta reorganización de cargos en la administración provincial dos piezas de recambio para todo el tablero, tan flexibles como para ocupar áreas en un amplio abanico desde deportes hasta ciencia y técnica, y dotados ambos por el atributo más suculento que inspira la búsqueda de funcionarios: la lealtad.

Tres cosas quedaron claras en esta revoleada de cargos que hizo epicentro en la administración provincial para el inicio de estos nuevos 4 años. Una, que el desparramo fue más generoso en los cargos más bajos que en los más altos. Dos, que Gioja manejó los tiempos con el celo de quien pretende evitar filtraciones, pero demasiado al límite del ataque cardíaco de los involucrados. Tres, que hubo verdaderos soldados que rescatar y otros, por el contrario, que castigar.

Por diferentes razones, Cristian Andino y Elías Álvarez figuraban en la lista de los primeros. El primero, intendente de San Martín caído por causas legales –concluyó muy joven su segundo período como intendente y quedó impedido constitucionalmente para ir por uno nuevo-, mientras que Álvarez fue el caído en batalla que más lamentaron en Casa de Gobierno: quedó eliminado en la interna abierta a manos de Ana María, portadora también del emblema giojista pero bajo sospecha por la autonomía con la que se maneja.

Hubo otros caídos en las filas oficiales que no fueron tenidos en cuenta, como el santaluceño Aníbal Fuentes. Pero ellos sí: habían sabido interpretar el libreto oficial durante tantos años que no podían ser arrojados a la banquina. Y para los dos, el premio fue bien satisfactorio.

Cristian Andino es un joven militante giojista proveniente de la transversalidad que fue ganando cada vez más protagonismo desde una lúcida administración en San Martín. Por esa razón, caía de maduro que sería protegido por el paraguas de los cargos para evitar la vuelta al llano: es de esa clase de dirigentes que no abunda y aprendió con el tiempo cuáles son los límites.
Lo traicionó la ansiedad cuando hace poco pidió en público un ministerio, pero fue un episodio que Gioja aprendió a perdonar. Tanto, que lo ubicó en un lugar en el que el traje le queda pintado.

El sillón del OSSE es hoy uno de los cargos políticos más apatecidos por varias razones. Ofrece visibilidad porque se trata de administrar un servicio de los más importantes. Requiere una gran ejecutividad, especialmente ahora que se viene una catarata de ampliaciones y se trata de obras necesarias, pero también incómodas que hace falta explicar con eficiencia. Allí es donde entró con calzador Andino: ha demostrado en San Martín ser especialmente ejecutivo, y con una capacidad especial para la comunicación. Además, un punto muy importante para el propio involucrado: no será un lugar donde perderá protagonismo político.

Lo increíble fue que estuviera sometido hasta el último minuto para conocer su destino: se sabía que en algún lado iba a estar, no precisamente dónde. Además, claro, de que el propio Gioja dijera en su asunción que un peronista no duda en aceptar el cargo donde debe reportar, tratándose Andino de un producto de la cantera radical. El propio flamante funcionario, ya con el alma en el cuerpo, reflexionaba: qué puntería la de Gioja haber pensado en él para un cargo que le viene justito a ambos.

El caso de Elías Álvarez es distinto porque se trata de un viejo compañero de militancia, de caminatas eternas en los tiempos de estar en el llano, y se sabe que esas fidelidades no son fáciles de empardar. Elías siempre jugó para el lado que debía jugar en el juego del poder, por eso su desplazamiento en el tablero departamental de Rivadavia generó tanto lamento.

No lo acompañó tal vez su estilo de gestión, en un departamento arisco en donde le cuesta hacer pie hasta al más pintado. Pero eso no empañó el aprecio que siempre recibió en la entrecasa del gobierno, más allá de algún que otro chisporroteo. Por eso, ahora, la pregunta del millón era: ¿dónde poner a Elías?.

Dio vueltas y vueltas Gioja, pensó en todas las chances al alcance, ya sin el margen de alguna candidatura. Sonó en un principio para el OSSE, hasta que……riiing, télefono, atendé. La convocatoria esperada era nada menos que para ocupar el mismísimo lugar que dejaba vacante su sucesora en el municipio de Rivadavia.

Sabía Elías que sería convocado en algún sitio, aunque el celo del gobernador por evitar filtraciones lo sometiera al padecimiento de la ansiedad. ¿Pero justo allí, un lugar destinado al morbo de las comparaciones?

Primero, sorpresa. Sabe el ex intendente de Rivadavia que con su decisión allí el gobernador asumió un alto riego: no llega Álvarez con las mejores notas en materia de gestión. Pero es para ellos más importante el mensaje: dejar constancia que la lealtad tiene su premio y que a veces una decisión popular como la elección en una comuna importante no puede ir a contramano de los intereses del equipo.

¿Y cómo es eso? Fue inconfundible el gesto de Gioja con Elías Álvarez para ponerle freno a los ímpetus de la intendenta Ana María López, la responsable de la caída del caballo del comisario como era su antecesor. Y a pesar de que la nueva intendenta no pierde oportunidad para reclamar pertenencia al giojismo, hay miradas de desconfianza cruzadas.

La designación de Álvarez en el mismo lugar que Ana María señala varias cosas a la vez. Que pese a la derrota, Álvarez no será desplazado de su espacio entre los hombres de confianza de Gioja. Que mantendrá un cargo con capacidad de fuego político como la oficina de defensa al consumidor donde terminó de moldearse la misma Ana María. Y que llegado el caso, esa misma oficina tendrá jurisdicción para atender a consumidores disconformes de Rivadavia incluido.

El día de su emocionada reasunción en el Auditorio, José Luis Gioja citó 4 veces a Perón. Entre ellas, para decir que mejor es hacer antes que realizar, para decir que nadie debe creerse menos ni más de lo que es, o para resaltar que la única verdad es la realidad. No habló de la lealtad, la bandera de su partido. Y no hizo falta: la había empleado como principal inspiración en la designación de cargos, entre ellos a los dos soldados rescatados sobre el disco de sentencia.


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