De vida o muerte - Por Sebastian Saharrea

Cargos es igual a oxígeno en política. Mucho más cuando no abundan ni los cargos ni el oxígeno, y cualquier señal de que alguno de ellos puede andar por allí cerca es capaz de desatar ni más ni menos que una cruzada por la vida.
viernes, 11 de noviembre de 2011 · 20:07
Es lo que le ocurre por estos días al Bloquismo y a Actuar, dos fuerzas políticas de pasado con muchos diplomas y caídos en desgracia en las últimas elecciones de octubre. En distintos niveles, unos y otros supieron de tiempos mucho mejores: el bloquismo con su brillante historia de ascenso al poder y de liderazgo provincial, de reivindicaciones sociales, de transformaciones estratégicas, de dominio implacable; y Actuar con su historia más corta, más modesta, pero generosa en expectativas desde que quedó configurada como una sólida esperanza de recambio que supo seducir a franjas numerosas de la clase media.

Hoy ambos se diputan dos cargos que significan para ellos ni más ni menos que la perdurabilidad en el tablero, el oxígeno para no morir. Les ocurrirá no sólo si caen en el olvido, sino si se quedan afuera del reparto de espacios públicos con los cuales financiarse.

El cargo en el Tribunal de Cuentas y el otro en el IPEEM que disputan con uñas y dientes no sólo son dos espacios desde los cuales es posible ganar cierta figuración política, sino que son fundamentalmente la punta del iceberg donde localizar una estructura bajo el amparo de los cargos. A no engañarse: los sueldos del sector público funcionan más a menudo de lo visible como cajas para financiar grupos políticos, y no es ese un cargo exclusivo hacia estas dos fuerzas que libran esta sorda batalla. Les cabe a todos.

Sí en cambio les cabe a ellos la definición de vida o muerte en términos políticos. Están esos espacios destinados a la segunda minoría parlamentaria y entre el Bloquismo y Actuar se disputan tal condición. El que consiga imponer su criterio tendrá lugares generosos para ubicar a los suyos y esperar que pasen los tiempos de las vacas flacas. El que quede afuera estará más cerca del arpa que de la guitarra.

 Pero para llegar a conclusiones tan terminantes hizo falta un largo rosario de infortunios y malas decisiones que los ubicaron en un lugar tan vulnerable.

El Bloquismo se comió en los últimos años buena parte de su crédito político hasta caer en octubre en la que sea tal vez su cuenta más escuálida de la que tenga memoria. Divisiones y malos pasos desde los tiempos de la Alianza lo sacaron de las marquesinas principales en cualquier duelo político provincial, a recluirlo a jugar por los premios consuelo.

Llegaba cascoteado. Divididos entre oficialistas y opositores, con el manejo territorial en los departamentos menguado y golpeado por la muerte de uno de sus últimos dirigentes importantes junto a Enrique Conti: Polo Bravo. Y en octubre no le fue mejor: los oficialistas se alinearon con Gioja por los mismos cargos que dejaban vacantes –dos concejalías en Capital y una banca provincial para el Chango Sancassani y una nacional para Graciela Caselles- mientras que se perdió Zonda –baluarte bloquista- y se ganó contundentemente en Iglesia.

Necesita, en consecuencia, de los cargos en juego para seguir viviendo y dar oxígeno a su militancia.

Los opositores del partido se fueron. ¿Con quién? Con la gente de Actuar, es decir los que disputan con el oficialismo bloquista los cargos. Incluso hubo versiones de que uno de los hermanos de Polo era candidato a uno de esos espacios en pugna con la gente de la estrella. Suena increíble.

En Actuar, la cosa es igual. Nació como partido vecinalista de la mano de Rodolfo Colombo, un promisorio cuadro salido del radicalismo e hijo de Ricardo Colombo, algo así como un prócer no sólo para la UCR. Hizo epicentro en la Capital y estuvo cerca de coronar en la intendencia y en el Congreso. Nunca llegó, pero sí lo hizo en el Concejo Deliberante, donde dispone de 5 de las 12 bancas, producto de una fenomenal elección hace 4 años que lo ubicó como primera minoría.

Pero no consiguió prosperar y se derrumbó. En octubre perdió 4 de esas cinco bancas –renovó sólo una- y se le voló con eso un puñado de cargos en el deliberante capitalino que daba conchabo al grueso de sus militantes, como asesorías personales y de bloque, secretarías, etc.

Pudo consolar una parte de esa pérdida con la banca obtenida en la Legislatura por Juan Sansó, aunque eso no podrá cicatrizar los espacios perdidos. Necesita en consecuencia para subsistir el oxígeno de los cargos en disputa con el Bloquismo.

El botín en juego es apetitoso. El cargo del Tribunal de Cuentas es una vocalía reservada a la oposición, de las tres vocalías de las que dispone el cuerpo además del presidente y vice.

Dispone de una remuneración interesante, equivalente al de un juez de Cámara, y de la posibilidad de designar a varios asesores. El IPEEM es también una vocalía para cada una de las minorías parlamentarias y este caso es un cargo de subsecretario, también con la posibilidad de designar colaboradores.

La Constitución señala que esos espacios serán “uno por cada bloque de los partidos que hubieran obtenido representación parlamentaria en orden subsiguiente al partido mayoritario”. El asunto en estos tiempos de pases, préstamos y enroques entre partidos es cuáles son esos partidos a los que corresponde el cargo.

Actuar señala que son la segunda minoría, detrás del oficialismo que ubicó 27 legisladores y el basualdismo que ubicó a 6. Y que por lo tanto, ambos cargos constitucionales les corresponde.

El bloquismo dice, por el contrario, que son ellos la segunda minoría porque disponen de dos legisladores –Sancassani y Espejo, de Iglesia- que ingresaron en las boletas del oficialismo. Y que la ley habla de partidos y no de alianzas, y por lo tanto ellos son un partido y a ellos les corresponde. De hecho, ese fue el mismo criterio que primó en la última elección de estos cargos –en 2007- y por esa razón esos espacios están hoy en su poder.

Si alguien se pregunta quién será el dueño de la decisión final, la respuesta es: el gobierno. Porque según la ley, los cargos se deben ocupar luego de la primera sesión en la Legislatura a propuesta de cada partido. La decisión será por simple mayoría y el oficialismo dispone de una cantidad de bancas de sobra para imponer su criterio.

¿Qué hará cada uno si le toca? El bloquismo ya piensa en darle continuidad a Yanzón en el Tribunal de Cuentas, en cambio es un hecho que César Aguilar –el representante del partido en el IPEEM- deberá dejar su espacio como consecuencia de su encuadramiento en el bloquismo opositor. Aguilar es cuñado de Conti.

Por el lado de Actuar, suena un radical miembro de la coalición: es Mario Capello para el IPEEM –un ingeniero en minas y de los más entendidos en el partido del asunto-, última esperanza para sea él quien convenza al oficialismo de inclinarse por ellos. Por el lado del Tribunal de Cuentas, Freddy Marún parece haber echado a rodar su postulación pero en Actuar no están dispuestos a ceder ese espacio y postularían al propio Colombo. Pero se ven venir que no serán los elegidos y piensan reclamar por vía judicial.

¿Y qué hará el que no le toque? Lo dicho, ponerse a implorar por su subsistencia.

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