A la intemperie - Por Sebastian Saharrea

El análisis de temas políticos y sociales de San Juan, Argentina y el mundo. Una mirada diferente sobre asuntos trascendentes y comunes - Por Sebastian Saharrea.
lunes, 10 de octubre de 2011 · 12:08

Es probable que los grandes referentes políticos nacionales estén tan embadurnaros en proteger su propio ego, que no consigan calibrar las consecuencias de sus acciones en tierra adentro. Entender simplemente que sus decisiones no sólo los involucran a ellos mismos sino a las redes -más amplias o más estrechas- que antes habían conseguido entreverar en las provincias por medio del gitaneo de subir dirigentes al barco y sentarse en la Capital para contar que sí, que en San Juan yo tengo a tal y en Córdoba yo tengo a cual.

Es una relación recíproca, fundada en un interés a dos puntas: No hay político nacional que se precie sin un paisano en cada pueblo que le sostenga la vela, y en las inmensidades de la geografía nacional está bien claro que de ese alineamiento nacional depende ni más ni menos que la subsistencia.

Ejemplos abundan sobre ese influjo de lo que ocurre en las alturas y de cómo derrama a los distritos. De la historia reciente, como el triunfo de la Alianza sanjuanina en 1999 amparada en el paraguas de la criatura política engendrada poco antes por De la Rúa, Chacho y compañía; o la propia elección del 2003 en la que el triunfo de Néstor Kirchner fue la antesala obligatoria de la posterior consagración de José Luis Gioja días después, y entonces la conquista del santacruceño aquella vez por la renuncia de Menem al ballotage resultó siendo fundacional para todo lo que vino después en la gestión provincial.

Es así que el vínculo, así como premia fidelidades, castiga impiadoso. Y hasta puede agregarse que eso sucede sin que los destinatarios del padecimiento hubieran cometido mayor error que el de una falla de cálculo, una medición mal tomada, una orientación sin brújula, una decisión inoportuna. Ha pasado surtido en la historia política provincial, en muchos de esos casos costando precios difíciles de pagar. El último caso: Mauricio Ibarra.

El rawsino corrió iluminado por la estrella de lo que parecía refulgir con fuerza en el tablero nacional -el PJ Federal- y lo hizo sin perder tiempo y con ganas de acomodarse en las primeras filas. Eran otros tiempos: ¿quién iba a pensar que aquello a lo que el grueso de la opinión pública había boleteado, como era el gobierno de Cristina bajo sponsoreo de Néstor, iba a recobrar vida y volvería al centro del ring?

Empezó a conjugar Mauricio con la destreza con la que consiguió instalarse como un joven prodigio de la cantera giojista los versículos apocalípticos tapizados de refucilos en aquellos tiempos en que calculaban que para el oficialismo sólo sería cuestión de mirar el reloj para saber cuánto tiempo de sufrimiento les quedaba.

Y entre las tres autopistas que se abrieron entre los grandes referentes del peronismo anti K, eligió la de Felipe Solá. Tal vez de los tres -los otros dos son Duhalde y el Alberto Rodríguez Saá- fue la opción más canchera. Y la que percibían con mayor futuro: el ex gobernador bonaerense venía de integrar el trípode que había derrotado nada menos que al propio Kirchner junto a Macri y a De Narváez y se instalaba como el presidenciable con más chances de esa mesa, tomando nota de la pereza del jefe de gobierno porteño y de la partida de nacimiento en Colombia de Francisco.

Agarró la antorcha Mauricio entonces, acaso motorizado por lo que sentía como coincidencias notorias: cierto aspecto juvenil -que en el caso de Felipe es sólo eso, aspecto- y un discurso adaptado a la demanda del momento, de bajo tono y de búsqueda conciliadora. Y agarró también la brocha para pintar leyendas con Solá-Ibarra y pegar carteles en toda la ciudad con la leyenda Mejor Solá, cuando el bonaerense pensaba en serio -o decía pensar- que sería presidencial en octubre.

Y lo invitó a la fiesta madre del departamento, la de Doma y Folklore en el predio Gaucho José Dolores en la que el diputado y referente junto al intendente Gustavo Rojas le ofrecieron generosamente la cabecera de la mesa para que se sirviera de la atención de varios miles de hombres de campo y otros tanto hombres de ciudad atraídos por la destreza criolla. Felipe sólo correspondió con un discurso apagado y un puñado de entrevistas con los canales locales que lo mostraron cansado por el viaje.

Pasaron en el medio muchas historias que podrían sintetizarse de la siguiente manera. El trío con Macri y Francisco fue consumido por los personalismos, su relación con Duhalde su fue revelando cada vez más como un portaaviones a remos para él, con el Alberto no hubo vibra y, encima, los muertos que vos matáis gozan de buena salud: murió Néstor y revivió Cristina. Pensó que la primaria hubiera sido una buena manera de saldar diferencias con sus socios del PJ Federal, pero entre Duhalde y el Alberto armaron una interna paralela impresentable que terminó en escándalo. Todo mal.

Desapareció Felipe y sólo volvió a mostrarse meses después -ahora- para declarar su sincericidio: Que lo del PJ Federal fue un error, que no entendieron el discurso, que Duhalde esto, que Das Neves lo otro.... En suma, que era una jodita para Tinelli. Y en su confesión terminó arrastrando la suerte de tantos atletas políticos como el propio Mauricio Ibarra y como tantos otros Mauricio ubicados en tantos otros parajes de la Argentina que lo vieron como una locomotora a la que era oportuno sumar el propio vagón. Además de la suya claro.

Quedaron algunas cuestiones sin aclarar. ¿El hallazgo de Felipe de que no había futuro en esa coalición fue un descubrimiento reciente o siempre lo supo y lo mantuvo para obtener rédito personal?. Lo que sí dijo fue es erró el vizcachazo con su salida del kirchnerismo: hubiera alcanzado -remarcó- con votar en contra de las 125 y mantenerse en el espacio desde un rinconcito crítico en lugar de irse. Por lo tanto, sólo hace falta aplicar el razonamiento: si su punto de desacuerdo con los K era la política del campo, todo el resto que proclamó desde la oposición fue sobreactuado: federalismo, instituciones o política internacional, por citar arbitrariamente sólo tres aspecto de la amplia bocanada de cuestionamientos que supo conjugar la oposición, incluido Felipe.

Y una pregunta más y que aún no ha sido respondida. ¿Qué pensará Mauricio Ibarra sobre este discurso opositor que su propio referente Sola ha descubierto como conjugado sin convicción?. Hasta ahora, el rawsino se limitó a decir que lo de Felipe fue sincericidio, o sea decir en voz alta algo que venía pensando en voz baja y desde hace tiempo.

Y volvió a reivindicar Mauricio a Sola como amigo y referente, aún después de la descarnada confesión la semana pasada. Lo que no dijo es si coincide con él en que debió mantenerse y no irse del kirchnerismo, en que el discurso opositor está sobreactuado y que en realidad el kirchnerismo no era tan malo. Si lo hiciera, ya sería una tendencia. Y si lo acompañara, sería una bomba de repercusiones a nivel doméstico: ¿Alguien se imagina a Ibarra saliéndose del espacio opositor que abrazó con tanto énfasis y volviendo el discurso atrás? A refregarse los ojos: el intendente Rojas ya coqueteó con "la nueva" Cristina y dejó abierto e libro de pases.
Y lo que es más inverosímil aún, ¿alguien se imagina a Mauricio volviendo a los pagos giojistas, o al menos desactivando el mensaje inflamado que utiliza para pegarle al gobernador sanjuanino mediante sus estiletazos a los K?

Por estos lados no hay nadie con tanta capacidad de imaginación. Pero está claro que siempre la realidad va un poco más allá.

 

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