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Llega una fiesta de la Vendimia amarga, con el consumo en el piso histórico: 18 litros

La preferencia de los argentinos se sigue derrumbando. La rentabilidad de los productores, en el subsuelo. La intervención del gobierno y la respuesta del mercado. Por Sebastián Saharrea
viernes, 08 de marzo de 2019 · 11:45

Levanta el telón la fiesta anual de la producción y la industria con un escenario inédito por su caída a pique: extremas tensiones por el precio del vino, la salida compradora de los gobiernos provinciales para tonificar el valor, un leve repunte de exportaciones y datos recientes sobre el consumo en Argentina que lo encuentran en el mínimo histórico.

Por ese motivo, se espera que detrás de los decorados de las fenomenales puestas escénicas en el Frank Romero Day y en el centro mendocino durante la vía blanca, se presente una fuerte agitación del eslabón más perjudicado: los viñateros.

En especial, en el habitual desayuno que sirve de rosca para la industria, con presencia política y empresaria pero salpimentada por la situación general. Del lado de adentro no hay mucho margen para el reclamo, teniendo en cuenta que la propia dirigencia de la Coviar fue y es sostén de las políticas macro del macrismo. Afuera es otra cosa

Se abstuvo de cuestionarla incluso en su momento más emblemático del contrasentido en las medidas oficiales, cuando favoreció el ingreso de vino chileno y español bajo el paraguas del libre mercado. Hoy, ese hecho insólito que produjo el actual sobrestock es uno de los motivos de la caída de los precios que le pega en la cara a muchos de los propios integrantes de la Coviar –la rama de productores- y a la absoluta mayoría de los que están afuera, los viñateros. Lo mismo ocurre con la mayoría de los dirigentes viñateros de San Juan, como los casos de Garcés y Ramos. Difícil que exista espíritu autocrítico a estos niveles.

Pero igual el malhumor se hará sentir ante el coctel explosivo que padecen los productores de precios bajos, costos altísimos y mercado deprimido. Con un debate de fondo vigente: la intervención de los estados provinciales, saliendo a comprar uva en auxilio del precio y confrontando con los que operan el mercado.

Lo hace San Juan y hasta el mendocino Cornejo, alineado con la gestión librecambista de Cambiemos cuya visión puede ser encontrada en la decisión de autorizar el ingreso de vino extranjero para ser embotellado (o encajado) por las bodegas en Argentina. Hasta él debió salir a tirar la soga, para menguar el descontento y sobrevivir en materia política.

En San Juan, la decisión fue de comprar hasta 70.000 kilos de uva a un precio de $5,5, estableciendo de esa manera un valor que arrastra a toda la industria. Entre otros beneficios al sector por $120 millones, como la devolución de las retenciones fijadas por el gobierno nacional pese a pedir perdón y deletrear que eso no se hace. Pero lo hizo, y lejos aparece de retirarlas.

Más allá de la decisión provincial, también hay que leer entre líneas el contenido político de la decisión: corregir desde la provincia el costo adicional que ocasiona la fijación de las retenciones fijadas por Macri. A todos, menos a las importadoras de vino (Baggio, Fecovita y Peñaflor), otro enunciado político de alto impacto. Es decir, emparchar en los hechos las consecuencias de las bombas incendiarias lanzadas desde la Nación. ¿Se hablará sobre eso desde los palcos?

Un par de medidas que dejaron a todos contentos, menos a los exportadores de mostos sanjuaninos. Que argumentan que no pueden pagar el mismo precio de mercado que el anunciado por el gobierno. Y sacan cálculos sobre lo que fueron pagando desde la gestión Macri (un 400% más, según dijo Fernando Morales, de la cámara respectiva a Diario de Cuyo), contra lo que se le elevaron los costos (537% la energía).

¿Se lo escuchará a Morales cuestionando, en consecuencia, a la gestión Macri que es la que según sus datos le hizo perder la rentabilidad al mercado que opera? Hasta ahora no. Por el contrario, prefiere sostener que si la provincia no corrige el precio que ofrece, ellos producirán menos mosto y se perderán mercados internacionales. Borroneando la cadena de responsabilidades, si eso ocurre.

Un mercado que el último año ha repuntado en envíos al exterior, sin que eso haya repercutido en achique del stock y mejora consecuente del precio. Los últimos datos del Indec de 2018 indica que las exportaciones crecieron levemente en valor un 2% y en volumen un 23%.

Las bodegas exportaron poco más de 88 millones de litros de vino a granel con una suba del 184%, lo que representó una suba del 47% en los ingresos. El valor promedio del litro de vino argentino cayó a u$s 2,98, es decir bajó un 18%, en relación a los u$s 3,63 en los que promedió en 2017. La exportación de vino en botella cayó un 3% en volumen y un 1% en facturación.

Y, al final, el dato más preocupante de todos, ante el cual buena parte de los involucrados se hacen los disimulados: El consumo local cayó a 18 litros per cápita en 2018 y está en su piso histórico, dos litros menos que en 2017. Lejos de los 90 litros que se consumían en la década el ´70.

Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura, el consumo local se desplomó un 5,95% el año pasado, en una caída a niveles históricos. La baja no se detiene ni muestra señales de recuperación. Basta recordar que apenas cuatro años atrás, el consumo per cápita era de 24 litros.

Señalan los datos que el negocio de los vinos es cada vez más chico, y que se encoge a pasos agigantados. Entre los distraídos está la Coviar, que le cobra un porcentaje de las operaciones a toda la cadena para promocionar el producto, con resultados contundentes sobre su fracaso: ocurre exactamente lo contrario a lo que busca promover. ¿Hablarán sobre eso?

 

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