Empresarios: Raúl Menegazzo

Capitán de agua, tierra y vino

Enólogo de profesión, abrió la primera vinoteca de San Juan, pero además es un fanático de los deportes de agua, de la montaña y la vida al aire libre. En esta Cata, sus vinos ganaron dos medallas de oro.
miércoles, 23 de noviembre de 2011 · 08:07

Por Viviana Pastor
vivipastor@tiempodesanjuan.com

Sus padres eran directores de escuela y querían que él, Raúl Menegazzo, fuera al Liceo General Espejo; pero la carrera  militar no le pintaba, así que prefirió el internado de Don Bosco en Mendoza. Allí aprendió a hacer vinos, pero sobre todo a amar el deporte.

En San Juan hizo el último año y se recibió de enólogo. Menegazzo fue el responsable de la apertura de la primera vinoteca de la provincia y este año ganó dos medallas de oro en la Cata de Vinos de San Juan. Pero además supo destacarse por su pasión por los deportes de agua y fue uno de los fundadores del Club Náutico Ullum, corrió carreras de motonáutica; después pasó a las motos enduro y fue 3 veces campeón argentino en su categoría. Luego se volcó a las excursiones en caballo, hizo 7 cruces de Los Andes; trazó la ruta del Dakar en San Juan, es vicepresidente de la Asociación Sanjuanina de Enduro y Rescate. Jugó al fútbol, tenis, vóley, básquet, paleta y la lista continúa. Aunque asegura que no tiene una frase que gobierne su vida, cuando cuenta sus hazañas repite varias veces: “una locura”.

Los vinos

“Mi vino preferido es el que disfruto al mojar mis labios en la copa, porque un  vino me tiene que gustar en la boca”, dice Menegazzo. Junto al enólogo Carlos Carbajo, ganaron dos oro en la última Cata de Vinos, con dos Malbec Fray Justo, de la bodega Las Marianas, propiedad de Julián Batistella. “Es lindo saber dónde estás y si lo que estás haciendo está bien o mal”, dijo respecto al premio. Pero no se duerme en los laureles y asegura que aún tiene mucho que aprender.

Para llegar al oro, tuvo que recorrer un largo camino. Cuando se recibió trabajó en investigaciones en el INV y como ayudante de enólogos haciendo análisis, hasta que en el ’75 ingresó a Resero y lo trasladaron a la bodega de Buenos Aires, donde estuvo 4 años hasta que lo trasladaron a San Juan. “Era hermoso trabajar ahí, toda la experiencia que adquirí en esa época fue maravillosa. Los dueños eran la familia Montilla y nosotros éramos como uno más de ellos. No como ahora que los dueños no conocen a los empleados. Antes se convivía, nos divertíamos juntos, había una unión muy interesante y te comprometías como empleado a dar lo mejor para la empresa”, recuerda Raúl.

Por entonces en San Juan sólo se hacían vinos comunes que se despachaban a granel en vagones a Buenos Aires. “Esas épocas significaron una experiencia terrible, elaborábamos 40 millones de litros por año y eso significaba una gran esfuerzo para que los vinos estén en perfecto estado al momento de envasar, fueron años de experiencia muy rica”, cuenta Raúl.
 
La bodega Wawancó lo convocó como primer enólogo y se fue en busca de mayor protagonismo. Allí estuvo hasta el año ’88 cuando la firma se fue de la provincia. “Ya no quería seguir trabajando en bodegas,  quería seguir solo. Entonces, con mi señora empezamos con la vinoteca porque en San Juan no había venta de vinos”, asegura. Al principio fue difícil, Raúl y Teresita viajaban a la madrugada a Mendoza en un Rastrojero y traían los vinos finos en damajuana de la firma Toso y champagne. El negocio fue un boom porque hasta entonces el vino era el gran producto sanjuanino, pero los finos no se conseguían en ningún lado. En el ’94 se mudaron al actual local y sumó la distribución de bebidas, cervezas, aguas, etc., con gran repercusión. Pero en el 2002 la crisis nacional le pegó fuerte y ahí el negocio pasó a manos de su hijo.

Menegazzo volvió a la bodega. “En Resero hice vinos que me dieron grandes satisfacciones y después los de alta gama en Las Marianas, me llenaron de orgullo. Lo que busco con un vino es que sea el que quiere consumir el público, no el que yo le imponga; que sea el vino que le agrade. De nada sirve hacer el vino perfecto si a la gente no le gusta”, cuenta.
En Las Marianas fueron creciendo, sumaron maquinarias, tecnología y barricas de roble. “Me siento contento, pero todavía me falta mucho aprender. Cada año tratamos de incorporar algo nuevo, cambiar sistemas para dar en la tecla de que sea el producto más apetecible y considerado y mejor pago”, señala.

Los deportes

“Mi amor por el deporte se lo debo a los curas, porque con ellos practicábamos de todo y me encantaba, aunque no me destacaba en nada”, dice Raúl sin culpas.

El primer grupo de fútbol lo armó en Buenos Aires, donde trabajaba para la bodega Resero, en 1969. Era un encuentro entre cuyanos, ya que en esa época había muchos enólogos trabajando sucursales de las bodegas en Buenos Aires. Estar allá y hacer deportes náuticos fue casi inmediato, hizo esquí acuático y vela. Y cuando se vino a San Juan se trajo su lancha, y empezó a contactarse con otros que también amaban este deporte. Con un grupo de 20 personas fundó el Club Náutico Ullum en 1979, con la promesa del dique que se estaba construyendo. Un año después les entregan un predio del dique donde está actualmente el club.

En esa época empezaron a organizar las primeras carreras de motonáutica y Menegazzo corrió varias en San Juan y Mendoza, en las que logró consagrarse tres veces Campeón Argentino en su categoría. “Yo corría en la misma época que Scioli, pero él iba en Ferrari y yo en Citroën”, bromea.

Del agua pasó a la tierra con las motos enduro y fue uno de los iniciadores de las carreras de esa especialidad, precisamente en la propiedad del Club Náutico. Junto a Luis Alessi y Juan Pizarro, Menegazzo organizó la primera carrea Reto al Tontal, luego el Marlboro Challenger. “Yo al principio corría, pero después no podía porque era dirigente y no podía ser juez y parte, pero corrían mis hijos”, dice igualmente entusiasmado.

“De ahí me vino la locura del campo, porque siempre me encantó, hacíamos excursiones con un grupo grande de amigos e iniciamos los paseos en moto. Nos íbamos todo el fin de semana y volvíamos rotos, pero era un gusto”, dice con una sonrisa.

Cuando sintió que era hora de dejar las motos, Raúl se volcó a los caballos peruanos. “Me encantaron. El caballo peruano da un estándar de tranquilidad interesante y una gran suavidad en el andar, vos podés hacer 30 km y es como si no hubieras andado nada”, asegura. Con los caballos hizo lo mismo que con las motos, excursiones por la cordillera sanjuanina. El Cruce de Los Andes, que organiza el Gobierno de la Provincia, lo hizo 7 veces.

“Para mí esa es una experiencia extraordinaria y cada vez me gusta más porque veo la dimensión del cruce, de lo que hizo San Martín con los medios que tenía en ese momento, era 10 veces más difícil de lo que hacemos nosotros, él lo hizo con miles de hombres y animales. Además, ahí aprendes a valorar al ser humano, lo conocés con sus mezquindades y grandezas. Para el cruce hay que tener predisposición hacia el semejante, allá arriba no sirven las individualidades”, dice.

Menegazzo dice que quiere aminorar el ritmo de sus compromisos, pero cada vez tiene más cosas que hacer. Hace 4 años lo contactaron de ASO (Amaury Sport Organisation), organizadores del Dakar, y le pidieron que les ayude a diseñar los recorridos de la carrera en San Juan. Hizo el trazado, lo propuso y se lo aprobaron. “Todo con el apoyo logístico del Gobierno de San Juan. El Dakar, turísticamente, genera un movimiento muy grande y el gobierno no quiere perder esa oportunidad de mostrar lo mejor de San Juan”, contó Raúl.
Al mismo tiempo, trabaja en la organización del Primer Campeonato Mundial de Enduro en San Juan 2012, como vicepresidente de la Asociación Sanjuanina de Enduro y Rescate.

A los 63 años, Raúl Menegazzo dice que todo lo logró gracias al apoyo de su esposa Teresita. “Es mi compañera incondicional. Lo mejor que hicimos fue tener tres hijos que hoy son muy buenas personas”, asegura.

En la despedida se define: “No soy ambicioso, económicamente me conformo con lo que pueda vivir, que me alcance. No soy de aspirar  a ser exitoso económicamente. Soy como soy”.

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