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Ricardo Martínez: "Si tener todo invertido es ser multimillonario, lo soy”

Es uno de los geólogos que descubrió oro en Veladero, hoy es uno de los dueños del mayor polo agrícola de San Juan. Asegura que volvería a arriesgarlo todo para darle más trabajo a la gente y más beneficios locales.
miércoles, 16 de noviembre de 2011 · 12:09

Por Viviana Pastor
vivipastor@tiempodesanjuan.com

Cuando no había caminos, cuando no había campamentos, cuando la tecnología actual estaba lejos de imaginarse, un joven geólogo llamado Ricardo Martínez ganó la cordillera a lomo de mula y logró sacarle su secreto mejor guardado, la existencia de oro. De esa época guarda algunos de los mejores recuerdos de su vida.

De esa ápoca le quedaron las manos de geólogo, curtidas por el sol y el frío, endurecidas de escaladas y búsquedas. Esas manos hoy manejan el mayor polo agrícola de la provincia, Campo Grande del Acequión de 55 mil hectáreas, en Sarmiento. Dirige la empresa Aminsa, dedicada a la exploración minera; y la firma Viento Andino, servicio de transporte de cargas peligrosas para la minería. Así diversificado, asegura que volvería a invertirlo todo porque “tener la plata en el banco no sirve”.

Ricardo cuenta que la bisagra en su vida fue darse cuenta de que si bien hubiera podido seguir trabajando en la minería y haciendo relaciones profesionales con un beneficio económico mucho más importante, vio que en esa ruta no podía seguirlo nadie de su familia. Ese mundo minero era tan específico que si su  hijo no estudiaba geología y se formaba exactamente como él, no iba a poder entrar. “Dije listo,  dejo el egoísmo profesional de sentirme el eje de mi casa y hacer solo lo que yo quiera y que profesionalmente  me da todos los gustos, para hacer algo que también me gusta mucho que es diversificarme y aprender cosas nuevas, porque yo de olivos no sabía nada y ahora no es que sepa mucho pero estoy mucho mas informado”, cuenta Ricardo. Ahora, cuando recibe a algún inversor, les cuenta su propia experiencia y asegura que eso tiene mucho  más valor. “Le estoy dando a mi vida un entorno diferente para insertar a mi familia y es lo que más satisfacciones me está dando ahora, más allá de la parte económica”, señala.

Pero algo pasó encendió esta mecha: “La minería perdió la pasión de la etapa exploratoria, de los emprendimientos, y se tornó en una actividad económica mucho más áspera, mucho más impersonal y con mucha más exposición al poder político”, explica Martínez. Lo marcaron  las decisiones a nivel estatal de no realizar minería en Chubut y Río Negro. Después, su experiencia en  Mendoza, “donde perdimos muchísimo dinero, muchísimas expectativas, tiempo y esfuerzos”. De repente se vio a sí mismo como un gestor y redactor. “Me la pasaba haciendo informes para las empresas del tipo: ‘hablé con  el diputado tal, con el senador tal y con el intendente tal, me dicen esto y el estudio de abogados me dice esto otro, pero las leyes dicen esto’. Me sentía un gestor, me estaba convirtiendo en un puntero minero y eso no me interesaba”, cuenta.

Entonces dijo basta, y se quedó con su pequeña empresa de exploración, con propiedades mineras que tenía para ofrecer a los inversores y optó por diversificarse. Así llegaron los olivos y las granadas. En 16 fincas -de distintos dueños-, con 3.000 hectáreas implantadas, se les dio trabajo a 250 personas y la cifra se multiplica durante la cosecha. “Eso es lo que mi viejo me enseñó, si uno puede generar algo genuino y que redunde en más logros, es muy bueno”, dice.
Para Martínez tener el dinero en el banco no sirve. “Se puede tener dinero sin traerlo, sin hacer una inversión, ¿y qué le mostrás a tus hijos? El depósito en el banco no sirve, es mejor traerlo a pesar de ponerlo en riesgo. Y lo podríamos a discutir a nivel familiar otra vez y mi señora y mis hijos dirían lo mismo: arriesgarlo todo para hacer algo que sea posible para tener más gente trabajando”, señala Ricardo. Y agrega: “Esta visión es la que no comparte mucha gente y son mezquinos o arriesgan una partecita muy chiquita de lo que tienen. Si tener disponibilidad financiera y arriesgarla en su mayoría en el país, si tener todo invertido es ser multimillonario, lo soy”.

Primeras satisfacciones

Ricardo se recibió con 23 años de licenciado en geología, se fue al exterior y volvió a los dos años con un posgrado y empezó a trabajar en la Dirección de Minería. “En esa época mi alegría era salir al campo lo más posible, tomaba todas las campañas de lo que fuera. Primero porque me ganaba días de franco y además hacia experiencia con otra gente”, recuerda.

En el ’91 se fue del sector público, con una agresiva carta de renuncia de por medio, “creo que hoy la escribiría igual, ahí les decía que me iba al sector privado porque no quería pasarme la vida detrás de un escritorio”, cuenta. Pero de allí se llevó la valiosísima experiencia de haber elaborado, desde las bases, los pliegos para la licitación de las áreas del Instituto Provincial de Exploración y Explotación Minera (IPEEM), donde se aseguró de poner todas cláusulas necesarias para preservar y beneficiar a la provincia, asegura.

Por eso volver al IPEEM del otro lado del mostrador con una empresa privada a ganar la licitación de un área que se había caído dos veces, “fue mi primer gran alegría profesional”. La empresa ganadora era Argentina Gold Corporation, pero para adjudicarles las áreas tuvieron que firmar un joint venture con Lac Minerals, empresa que fue adquirida por Barrick Gold en 1994.

A instancias de Martínez, el área de Veladero quedó para Argentina Gold y el área Del Carmen para Barrick. “Empezar ese trabajo fue espectacular y un año después, con muchísimos menos recursos que nuestros competidores, empezar con el descubrimiento inicial. Fueron muchas alegrías, si tengo que elegir etapa de adrenalina profesional y personal fue esa ápoca, porque eran nuestro bebé”, cuenta. Pasaron de ser 6 personas en mula a tener hasta 17 máquinas sondeando y 450 personas trabajando.

En 1999 Homestake  compra Argentina Gold, la empresa para la que trabajaba Martínez y lo nombran Gerente en Argentina. “Homestake nos pide que nos quedemos cuando compra y nos pagó un premio. Eso fue para todos, más allá del tema económico, la satisfacción del conocimiento”, recuerda. “En 3 años terminamos la factibilidad y ahí honestamente fue una decepción que nos comprara Barrick. Ahí sabíamos que se nos terminaba el hilo, porque yo  con Barrick no tenía onda, no había buen feeling con Barrick Canadá. Cuando éramos socios en el ‘94 nos habíamos peleado mucho en la licitación. Si fuera por informe de Barrick sobre Veladero, nunca hubiéramos perforado, se equivocaron grueso y nunca lo reconocieron. Eran casi todos profesionales de afuera y las peleas mías eran por tener más presupuesto y ellos no querían poner plata. Sin embargo a último momento querían comprarnos. Era la puja de una empresa chica con una grade que tenia plata pero que les faltaba cerebro, energía, decisión (con las manos la seña dice pelotas) faltaba la agresividad que te da el hecho de saber que te estás jugando por algo que vale pena”, confiesa por primera vez Martínez.

Ricardo se acuerda del día exacto: Barrick compró a Homestake el 17 de diciembre de 2001. De los empleados de Homestake sólo quedaron unos 10 en total. “Barrick era una empresa muy egocéntrica, por nombrarlo de alguna manera subjetiva. Y esto no es crítica, es observar la realidad. Hoy muchas de las cosas que se hacen en la minería a nivel mundial, como el recambio permanente de gente, va en detrimento de lo que hablábamos antes, porque ahora cualquier empleado sabe que es una ave de paso y se autoclasifica como un número y así es muy difícil que esa persona se integre al espíritu”, reflexiona.

La base está

“Lo principal es tener una buena cuna, siempre agradezco la iniciativa a mi viejo, que empezó con un taller de bicicletas, luego tuvo una moto y empezó a vender ropa. Después tuvo un vehículo más grande y fue creciendo con eso. Mi viejo fue tendero toda su vida. Mi viejo nunca se quedó quieto, siempre se metía en cosas nuevas, alquilaba tierra y plantaba tomates. En la  jerga antigua el viejo gitaneaba, hoy sería un  emprendedor. Y mi vieja en segunda línea, tacleando los problemas. Ese espíritu es el que tengo, y eso se mama en la cuna”, dice Martínez.

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