Personaje

El hombre de hierro

El delantero de San Martín, Javier Toledo, cuenta intimidades de su vida entre la lucha por el fútbol y su pasado como albañil. Además, habla de su deseo de jugar la Copa Sudamericana con el Verdinegro y sobre su vida en San Juan, entre la tranquilidad de la ciudad y el susto por los temblores.
domingo, 27 de septiembre de 2015 · 09:51
Por Carla Acosta

De chiquito con un papá obrero del campo, una mamá ama de casa y siete hermanos, supo remarla para alcanzar sus sueños. Ni cuando fichó con 13 años para las inferiores de Chacarita, club grande para un pibe que se hizo en la escuelita de Villa Argentina, Córdoba, Javier Toledo (29) se detuvo. Es tan así que durante las vacaciones hacía changas como albañil para juntar unos mangos que, entre viajes y lo que significaba vivir en la pensión del Funebrero, sumaba bastante. Hoy en San Martín, de titularidad y con la confianza del DT Mayor, habla de todo. 
 
Dicen que uno cosecha lo que siembra y la reflexión le viene al pelo a Toledo, hombre que de grande supo viajar con el fútbol por toda América e incluso llegar hasta Arabia Saudita. Pero no le fue fácil llegar al presente de hoy, en la Primera del fútbol argentino con el Verdinegro y a un paso de jugar nuevamente una copa internacional, que supo disputar alguna vez con Colo Colo de Chile y  Peñarol de Paraguay.
 "Me crié con mis padres –María Rosa y Arturo- y con mis hermanos. Somos ocho, cuatro hermanas y tres hermanos, yo soy el quinto. En el fútbol empecé en Marco Juárez. Soy el único de la familia que se animó a desprenderse con 13 años de mi casa. Mis hermanos juegan pero lo hacen en mi ciudad. Fue duro irme de casa pero gracias a Dios todo esfuerzo dio sus frutos y hoy puedo estar disfrutando de lo que me gusta”. 
 
Con tan pocos años decidió apostar al fútbol y se fue vivir a Buenos Aires, a la pensión de Chacarita. Sin embargo, con un presente asegurado, el cordobés cuenta que cuando volvía a su querido Marcos Juárez trabajaba con su cuñado con la cuchara y la pala: "Hacía trabajos de albañil, ellos me tiraban unos mangos y así podía mantenerme. Con esa plata me compraba algunas cosas para mí. Mi familia es de clase media, me daban algo de dinero pero la pensión se hacía cargo de todo”. 
 
Cuenta que de chiquito le gustaba ser delantero, puesto que descubrió en los recreos de su colegio, cuando con sus compañeros hacía un picadito y de entrada subía al ataque. Se crió admirando el talento de Batistuta y Ronaldo: "Siempre decía que me gustaría jugar como ellos”. 

San Martín, otro club para soñar

Javier llegó a San Juan en julio pero recién hace unos pocos partidos tuvo la posibilidad de jugar de titular, puesto que hasta ahora no se lo saca nadie. Con la permanencia en Primera asegurada, habla de sus deseos de acceder a la Liguilla de la Sudamericana en la que clasifican 12 equipos argentinos y San Martín tiene chances de ser uno de ellos: "El plantel está bárbaro y feliz. El primer objetivo y más importante se cumplió. Ahora nos planteamos, en estas cinco finales que nos quedan, sacar ocho puntos para llegar a la Liguilla. Vamos a hacer lo posible porque sería algo muy bueno para nosotros estar en una Copa Internacional. En lo personal me está tocando jugar y lo estoy aprovechando”. 
Toledo ya tiene experiencias en copas internacionales, tanto en la Sudamericana como en la Libertadores, y cuenta que transmite esa experiencia a los más jóvenes del club. "Uno trata de explicarles qué es una copa internacional y que te ve todo el país, todo el mundo. Que son cosas muy bonitas que no se viven siempre”. 

Su vida sanjuanina

Toledo está casado con Constanza y es papá de Tobías y Antía. Pero en la Provincia está solo, ya que su familia a raíz del clima sanjuanino decidió quedarse en Buenos Aires. "Me gusta San Juan, es una ciudad linda y tranquila, cosa que ayuda mucho”, dice. 
Aunque esté a gusto no puede evitar confesar que la pasa mal cada vez que la tierra se mueve, cosa que en los últimos meses sucede muy seguido. "Me agarró durmiendo en la madrugada y después a la salida del vestuario. Sentí que se caía todo y estaba asustado. Lo viví cuando jugué en Chile una vez pero acá parecía que no terminaba más. Mi esposa me llamó y me dijo que menos mal que no estaban acá”, cuenta el jugador. 

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