Historias

La humilde escuelita de fútbol que conmovió a dos Verdinegros

Marquesado es un club infantil de bajos recursos, con un playón de tierra como cancha y apenas dos pelotas para más de cien chicos. Ahora tiene como padrinos a Pumpido y Mattia, jugadores de San Martín, quienes colaboran para el crecimiento de la escuelita. Por Carla Acosta.
miércoles, 02 de septiembre de 2015 · 14:23
Por Carla Acosta

Por calle Pellegrini, pasando Libertador, hay un terreno baldío que por las tardes se convierte en un hormiguero de futuras promesas de la redonda. Allí, con dos arcos y dos pelotas, funciona la Escuela de Fútbol de Marquesado, una institución que por su humildad y perseverancia conmovió a dos jugadores Verdinegros: Facundo Pumpido y Francisco Mattia. 

Los jugadores de San Martín, pilares importantes en el plantel titular de Primera División, se convirtieron en una especie de padrinos de los más de cien chicos que acuden a la escuelita. Según contaron Silvio Atampiz presidente del club, y Paulo Enrique, secretario, ambos jugadores ayudan y están al pendiente de la institución.
 
De hecho, el último domingo estuvieron celebrando el Día del Niño durante toda la tarde, con picadito y varios regalos de por medio, por ejemplo camisetas que serán sorteadas para recaudar fondos para la sede: "Sentimos con orgullo que se nos infla el pecho que jugadores importantes estén presentes. Que vengan estas personas famosas pone contentos a los chicos, que no lo pueden creer. Tienen buena onda, resignan un día de su descanso para estar con ellos y hasta consiguen cosas para nosotros”. 

No es la primera vez que la canterita de Marquesado recibe la visita y colaboración de jugadores verdinegros. Es que a través de Lucas Navarro, kinesiólogo del plantel mayor de San Martín, el arquero Luis Ardente y el volante Mauro Bogado también mostraron su costado solidario para con ellos. En una ocasión, a través de las gestiones de ellos, los pibes de la institución conocieron el Hilario Sánchez, en donde fueron recibidos por el vicepresidente del club Jorge Miadosqui. "Con esto los chicos se ponen como locos, quieren que le firmen los botines, los brazos, todo. Cuando fueron a la cancha, recuerdo que Miadosqui les dio una pelota y los chicos se pusieron a patear penales. Estas cosas son lindas porque el proyecto es muy humilde”, cuenta Silvio.

La sede que tienen es un terreno que les prestó la Universidad Nacional de San Juan. Todo es a pulmón, ya que dicen no recibir ayuda ni de la Municipalidad de Rivadavia ni otro ente público. Y si bien, los chicos pagan una cuota de $50, a veces no alcanza para cubrir gastos de torneos y traslados, ya que con el nombre de "Diablitos Rojos” –el que fue prestado por no tener personería jurídica- participan del Torneo LIFI. Tampoco alcanza para pelotas u otros lujitos como conitos o camisetas, lo poco que tienen fue gracias a la ayuda de los futbolistas y kinesiólogo del Verdinegro. "Jugamos con dos pelotas y si se pincha una, hay que salir a emparcharla urgente.
 
Por suerte la gente siempre colabora con tortitas o el te para que los chicos merienden después de los entrenamientos. A veces no todos pagan pero jamás les cerramos la puerta por eso. Nosotros buscamos con esto sacar a los chicos de la calle y que no sólo salgan buenos jugadores, sino personas buenas, disciplinadas y con respeto”. 

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