HISTORIAS: JUAN OVIEDO

Camino a la leyenda

El arquero entró en el selecto club de los argentinos mayores de 40 que siguen en Europa. Y está abriendo un camino no transitado por otros hockistas locales: el de formarse como DT en el Viejo Continente. Hoy integra el staff técnico de la Selección Italiana Femenina. Por Gustavo Martínez Puga.
lunes, 03 de agosto de 2015 · 07:36
Por Gustavo Martínez Puga

El niño que pintaba las paredes del Olimpia Patín Club de Trinidad porque no podía pagar la cuota mensual está llegando muy lejos en la historia de los deportistas sanjuaninos consagrados. Se trata de Juan Oviedo. A sus 41 años, el eterno arquero sigue sumando capítulos a una historia que va camino a ser leyenda, no solo para los amantes del hockey sobre patines, sino como un símbolo de la superación personal.

El "Chapita” lo llamaban los pibes del hockey cuando jugaba en San Juan y era un espectáculo verlo volar bajo los tres palos, poniéndole alocadamente el pecho o la cabeza a una bocha que viajaba casi más rápido que la vista humana.

Hoy, con más aplomo por los 38 años de hockey que tiene encima, ya entró en un club muy selecto para los hockistas sanjuaninos que lograron exportar su talento a Europa: el de los jugadores con 40 o más años que se siguen subiendo a los patines y compitiendo en la elite con las nuevas generaciones.

Nacido el 28 de febrero del ´74, hoy por hoy Juan Oviedo es el sudamericano más veterano en el hockey europeo. Actualmente ataja para el L´Hockey Club Monza, en Milano, la capital de la moda mundial. Tal vez por eso la estética tiene un lugar importante en la vida diaria de quien supo ayudar a su padre Beto (74) cuando era un niño que limpiaba la peluquería de la calle Tucumán, en Trinidad.

Si bien no son muchos, los europeos aportan más jugadores de más de cuatro décadas que siguen compitiendo, particularmente en Italia.

Entre los más destacados están los hermanos Bertolucci (Mirko tiene 43 y Alessandro 46), quienes juegan en el Viareggio; o Massimo Cunegati, de 43, que juega en Valdagno; o Darío Rigo, de 45, que juega en Trissino. Todos ellos amigos que atienden a Juan con un simple llamado de teléfono.

En la memoria grande del hockey local, todo indica que es José Luis Páez (46), el "Negro”, el sanjuanino que hasta ahora ostentahaber sido el jugador de más edad en jugar profesionalmente en Europa: lo hizo hasta los 43 en el Reus, España.

Aquí tampoco son muchos los cuarentones. Todos señalan a Carlitos Maggio, con 41 años (Olimpia), y Mauricio Galdeano, con 42 (Unión), como los más veteranos que aún compiten cada fin de semana. Bien pegadito le sigue Oscar "Chupa” Oviedo (Olimpia), quien nació al año de su hermano Juan.

A simple vista se prueba que Juan se cuida profesionalmente. Tiene el cuerpo marcado por el trabajo rutinario, el cual ya le pesa muchas veces cuando tiene que levantarse a las 8.30 para ir a entrenarse. Pero sabe que de eso, y de una vida sin excesos, depende su vigencia.

Además de jugar, y de estar entre los mejores de la liga italiana a sus 41 años, Juan Oviedo está abriendo un camino que los otros hockistas sanjuaninos no recorrieron: el de formarse como DT en Europa.

Actualmente tiene el cargo de Entrenador en el Roller Sport Valdano, donde ya lleva tres años. También es Entrenador de las mujeres en el Real Brenganze.

Pero sin lugar a dudas que la mayor ostentación de Juan es el de estar integrando el staff de la Selección Femenina de Italia. Allí figura oficialmente con el cargo de Entrenador de arqueras y preparador físico. En la línea sucesoria es el tercero del equipo técnico. Pero, en la práctica, es una especie de brazo derecho del Entrenador y amigo de Juan,  Giuseppe "Pino" Marzella. 

Junto a Pino, una leyenda del hockey italiano, Juan estuvo de pretemporada con la Selección Femenina Italiana en Recoaro, Vicenza, antes de viajar a San Juan para tomarse unas vacaciones.

Al regreso lo espera el Campeonato Europeo Femenino, que se jugará entre el 13 y el 30 de agosto en Matera. Un nuevo gran desafío para el sanjuanino.

Todos esos desafíos está enfrentando Juan, un emprendedor sin límites, como cuando no tenía dinero para comprarse los costosos equipos de arquero de hockey y su madre, la entrañable Rosa, se los hacía con una máquina de coser; o como cuando Juan trabajaba largas horas en Radiadores Pedotti, frente a su casa, para ir cubriendo sus gastos y no tener que dejar de lado su verdadera pasión: el hockey sobre patines.

Hoy ya no tiene que movilizarse en el setentoso Dodge Polara color mostaza en el que cargaba la careta, los palos y los protectores para ir a jugar a los clubes sanjuaninos. Ahora se moviliza en auto por las autopistas italianas para recorrer los 230 kilómetros que separan su casa, cerca de Verona, en el norte italiano, para ir al Club Milano, donde entrena y juega. Y cuando los enfrentamientos son más lejos, viaja con su equipo en avión.
Qué lejos llegó. A puro sacrificio. Sin que nadie le regale nada. Sin embargo, Juan sigue volando bajo, sin olvidarse que arrancó en estas tierras con los patines cuando tenía 3 años, debutando a los 7 como arquero. Desde entonces no paró.

Hoy lleva doce años y medio jugando en distintos clubes de Italia, después de pasar un año en el Club Seixal de Lisboa, Portugal.

Sin embargo, siempre que puede vuelve a sus afectos. "A San Juan no hay con qué darle”, afirma el eterno Juan del arco.

Cómo fue el último contacto con su hija

"La última vez que hablé con Sol fue por Skype, como hacíamos siempre. Fue en la siesta anterior al accidente. Ésa es la última imagen que tengo de ella, su cara en la computadora. Prefiero recordarla así. Nunca quise ver nada del choque, ni fotos, ni notas, ni nada. Incluso en el velorio nunca me arrimé al cajón, a pesar de que estaba abierto. Diferente al de mi madre, que estaba cerrado por las consecuencias del choque. Sólo una vez leí el certificado de defunción, cuando tuve que tramitar su partida de nacimiento en Italia. Y me arrepiento de eso”.

Así cuenta Juan Oviedo el último contacto que tuvo con su hija Sol Francesca (4), quien murió en un accidente de tránsito el 3 de febrero de 2010. En esa tragedia también murió la madre de Juan, Rosa Llorca (63). Fue en momentos que los padres del hockista, su hija, su hermana y los hijos de ésta, viajaban en un micro hacia la costa argentina para vacacionar.

"Es algo que no se supera nunca. Recién ahora estoy aprendiendo a convivir con eso. Primero intenté pasar todo lo más rápido posible, pero con el tiempo la amargura salió de nuevo. Me ayudó haber tenido atención de un psicólogo desde antes de la tragedia”, cuenta Juan, con evidente emoción en sus ojos, pero sin temor para hablar de semejante dolor.

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