Marcos Quiroga y su vida en Chile

Avioncito Naval

Fue la gran aparición del futbol local hace unos años y hoy milita en un club trasandino de la segunda división. Es el Naval de Talcahuano que prácticamente no existe porque el tsunami del año pasado lo arrasó. A sus 23 años repasa su surgimiento meteórico, su posterior bajón futbolístico y su presente “más maduro”.
miércoles, 04 de enero de 2012 · 11:23

Por Fabio Cavaliere
fcavaliere@tiempodesanjuan.com

“Tirás una pelota afuera de la cancha y cae al mar”, cuenta riendo Marcos Quiroga sobre su actual club, el Deportes Naval de Talcahuano, de la segunda división chilena. Y el balón cae al agua simplemente porque la cancha no tiene tribunas, ya que el tsunami del verano del 2010 arrasó con las instalaciones de este humilde club ubicado sobre la costa del Pacífico.   
   
Hablamos del mismo jugador que tuvo una aparición fulgurante en 2008 y que se lo caratuló como la gran promesa del  fútbol sanjuanino. El mismo que descolló en Desamparados y que rápidamente protagonizó “el pase del año” al ir a San Martín para jugar la B Nacional. El que se ganó el mote de Avioncito por esa velocidad que dejaba rivales por el camino y con una corrida que seguro terminaba en gol. El delantero que estaba en boca de todos y por el que se interesaron varios clubes nacionales.  

Hoy juega del otra lado de la cordillera adónde llegó  a mediados de este año después de un fugaz paso por el Víbora y tras un angustioso año en Gimnasia de Mendoza, que no le dejó nada como él confiesa. Quizás muchos apostaban que a esta altura estaría en un club de mayor relieve y acaparando noticias, aunque él asegura que ahora está casi en el mismo nivel del 2008, el que fue su “año”.       

“A pesar de no haber metido goles todavía, en Chile me está yendo muy bien”, cuenta Marcos que junto a su club disputaron la promoción, hace unas semanas, para ascender a la primera división de Chile. Sin embargo, les faltó un poco para doblegar al Santiago Wanderers.

Así pues, como están reconstruyendo el estadio  de Naval, el equipo utiliza las instalaciones de Huachipato que son de primer nivel según relata el joven nacido en las inferiores del puyutano. Su técnico es Víctor Merello, reconocido ex futbolista que jugó para la selección chilena, quién todavía alterna a Marcos entre titulares y suplentes. Sin embargo, el sanjuanino está a gusto allí con su novia Leila. Asegura que es un club en orden, que no se atrasa en los sueldos y que se lleva bien con la gente, aunque no le gusta para nada el clima: “el tiempo es horrible, siempre viento y frío” responde cuando se le pregunta si va a la playa.             

Sube y baja

Tras hacer las escuelita de fútbol en Sportivo fue llevado a Boca, donde estuvo 4 años en las inferiores y salió campeón dos veces en 8° y 5°. Hizo giras por Japón y México mientras compartía equipo con Banega, Mouche, Forlín, Trejo y Gaitán entre otros que hoy la rompen.

Fue dirigido por Mouzo, Suñé, Saturno hasta que lo dejaron libre y regresó para al tiempo debutar en la primera del Víbora. Solo necesitó 4 partidos para que Ricardo Dillon lo subiera al plantel del Argentino A. Ahí la rompió, le llovieron elogios y se convirtió en un mimado de la hinchada. Así llegó su comentado paso por San Martín que venía de descender de la primera de AFA: “Dijeron que fue un fracaso, que me quedó grande la B Nacional ... me dio bronca.
 
Hice 7 goles, que queda para Husaín que hizo 3”, recuerda sobre esa temporada en el Verdinegro.  Igualmente admite que desde ahí tuvo un bajón en su rendimiento, sobre todo desde que llego Néstor Craviotto y lo mandó al banco: “No sé lo que pasó, pero si bajé el nivel es preferible que haya sido ahora y no cuando sea grande y desaparezca”, expresa al tiempo que confiesa que por esa época se bajoneó y así regresó a su amor de toda la vida, Desamparados, por un año más.  

Peor fue su reciente paso en el Argentino B con Gimnasia de Mendoza: “Era un equipo mediocre de mitad de tabla, con una hinchada que te amenaza con revólveres en los entrenamientos”.  Mientras su querido Víbora hacía historia y ascendía. “Me dije ‘que suerte, me fui ascendieron’” larga en forma irónica el morocho de pelo corto.

A pesar de los últimos sinsabores el del Barrio Rivadavia Norte se tiene fe y está confiado en que le queda larga carrera en el fútbol y que tendrá revancha. “A Sportivo seguro que voy a regresar”, cierra el Avioncito con ganas de prender las turbinas nuevamente.     

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