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No fue la mano de Dios – Por Gustavo Toledano

viernes, 18 de mayo de 2012 · 22:27
El más grande del fútbol  mundial, Diego Armando Maradona, nos presentaba en sociedad  en el mundial del ´86  la famosa “Mano de Dios”, con la que el capitán de la Selección Argentina empujaba en forma de globo la pelota al fondo del arco de Peter Shilton y convertía el 1 a 0 a los ingleses en aquel mundial que nos vio campeones. El puño apretado de la mano izquierda  de  Diego dejó el reclamo histórico de todos los británicos.

Pasaron 26 años. En otro marco, en otro contexto, en otra categoría, pero no fue para convertir un gol, sino para evitarlo. No fue un grande, no fue una estrella mundial, fue un tal Fernando  Espinosa, el arquero suplente de Huracán de Las Heras de Mendoza, que no participaba del juego, se introdujo en la cancha por detrás del arco y metió la mano... sí metió la mano y evitó la continuidad  de la trayectoria de la pelota que podría haber terminado  en gol, jugada que, si prosperaba, era  la victoria y clasificación para Unión de Villa Krause en el Argentino B, cuando faltaban 8 minutos para terminar el partido y empataban Azules y Laserinos 1 a 1.

Y… el fútbol siempre te da revancha y 26 años después el diablo tuvo su revancha. Si aquella del ´86 fue la “Mano de Dios”, para los hinchas de Unión la del domingo pasado sin dudas  fue  la “Mano del Diablo”. Sumado a la peor interpretación del reglamento por parte del árbitro santiagueño Riveros, que sólo cobró tiro de esquina, cuando debía cobrarse indirecto y ejecutarlo de afuera del área chica. Además, quedaban 8 minutos por jugarse más lo adicional  y sólo dio 5 minutos, todo un combo que terminó dejando a Unión, de buena campaña en la fase regular, fuera de todas las posibilidades de ascenso al Argentino A y con dirigentes que anunciaron que cumplieron un ciclo al frente de la entidad de Rawson.

La “Mano de Dios”, que tantas alegrías nos brindó al fútbol argentino con nombre propio y rúbrica del mejor de la historia, encontró su antítesis en el Estadio del Bicentenario y lo sufrió todo el pueblo azul, pero esta vez el protagonista fue un desconocido y el fin sólo fue provocar el mal, porque con esta mano no festejó nadie, ni siquiera el equipo para el cual jugaba “Lucifer”  disfrazado de número 12, lo que hace pensar que, esa, NO FUE LA MANO DE DIOS.

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