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Navidades eran las de antes - Por Gustavo Toledano

viernes, 23 de diciembre de 2011 · 19:19

Por Gustavo Toledano - Canal 5 Telesol
gdtoledano@yahoo.com.ar

Observando la semana previa a la Navidad, la encuesta de Tiempo de San Juan que consultaba a sus lectores si consideraban las fiestas de Navidad y Año Nuevo más comercial que espiritual, y que  la mayoría de la gente coincide que se ha tornado en algo muy comercial, parece que no es un dato menor e indica que algo está pasando.

Se dio todo un debate  para saber a qué hora cierran los comercios el 24 y el 31, si se paga o no se paga el plus, pero nadie preguntó a qué hora es la misa de Navidad, la misa del gallo que se celebra el 24 como término de la vigilia de navidad, y sin dudas, parece que hubo un click y que  como dicen los abuelos, “navidades  eran las de antes”.

Antes, tal vez, signifique cuando éramos chicos, o inocentes y percibíamos esa energía que había en el aire, esa vigilia de un festejo largamente esperado. Para mí la Navidad empezaba el mismo 8 de diciembre, que es cuando tradicionalmente se arma y se decora el arbolito. Así como la víspera de una fiesta es también la fiesta, los preparativos de la Navidad eran también una Navidad anticipada.

Rescato ciertos recuerdos con el único abuelo que tuve (el padre de mi mamá), el gran Paulino llegaba temprano a mi casa, tipo 8 de la tarde, y comenzaba a preguntar  dónde armamos la mesa. Decía, ¿adentro  o afuera? Y se sentaba a charlar con mi viejo en el pastito del fondo que recién estaba cortado, (tarea que me tocaba a mí) luego de trasladar el arbolito y ponerlo arriba de la mesita de jardín con el pesebre navideño en donde cada uno ponía sus regalitos chiquitos, humildes, pero regalitos al fin.

Y en la previa se hacía un saludo a los vecinos, a los tíos que llegaban, todo en mi casa, porque mi mamá heredó lo de la abuela: ser el centro de la familia y todos, como sabían que estaba el abuelo, venían a saludar, a brindar y a probar los de miga que estaban recién terminados  y húmedos esperando a las 12 de la noche. ¡Qué lindo recuerdo! Me cuesta hasta escribirlo... Tengo un nudo en la garganta. 

Antes no entendía cuando alguien me decía “para mí la navidad es un día más”. Para mí era y es algo especial, pero claro, cuando te falta alguien en la punta de la mesa, el querido viejo, que sacaba la silla alta del comedor y era el primero que estaba listo y perfumadito, y tenía que tener algo nuevo para estrenar  esa noche tan especial, aunque sea un par de medias, cuando te falta el viejo en la punta de la mesa, comenzás a entender  a aquellos que decían que la navidad para algunos es un día más.

Y sí, cuesta asumir esa ausencia terrenal, pero hay que entender también que llegan los hijos y la mesa también vuelve a poblarse de a poco.

Desde hace un tiempo el símbolo de la Navidad es alguien vestido de rojo, con una larga barba blanca, con botas y correajes de cuero negro y cubierto de pieles, que vuela y se ríe todo el tiempo, que se hace llamar Santa. Además, parece  que es empleado de una conocida marca de gaseosas, y poco tiene que ver con el viejo San Nicolás. Sin embargo, en algunas casas es más importante la llegada y el regalo de Papá Noel que lo que trajo el niño Jesús con su nacimiento: la esperanza de un mundo mejor.

Confieso que nunca he perdido ese espíritu navideño. Hoy hago fuerza para pasarla bien, para que mis hijos y mi familia noten que es un día distinto, que ese Niño que va a nacer representa lo mejor que tenemos dentro, que es un día de regocijo porque nace el hijo de Dios. Pero creo que estoy arando en el desierto...

 

 

 


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