tragedias

A fondo, hasta la muerte

viernes, 18 de noviembre de 2011 · 18:35
Todavía no entiendo… que alguien me lo explique. Porqué la muerte en el deporte, cuál es el límite de la velocidad, cuál es límite que se ponen los equipos, pilotos, padres, sponsor. Hasta dónde hay que apretar el acelerador por los puntos, por el campeonato, por el banderazo a cuadros del  final, hasta dónde…  Ha, ya sé, me di cuenta el lunes cuando observaba un móvil de un canal de televisión nacional  en las salas velatorias de Las Parejas en Santa Fe dando el ultimo adiós  a Guido Falaschi. Lo encontré, ese es el límite, la muerte.

“No, pero mirá que  el de Balcarce es un autódromo rápido y seguro que hay que respetar. Fallaron los muñecos de gomas (las ruedas no estaban atadas) y  en el accidente de Falaschi no amortiguaron el impacto mandándolo de nuevo a la pista donde ocurrió lo peor”. Bueno, ahí está, encontramos quizás una falla de seguridad. Pero quién me explica en dónde la seguridad nunca falla y es todo de excelente nivel, por ejemplo lo que ocurrió  el 16 de octubre en donde  el mundo se conmovió por el terrible accidente en el Indy Car que le costó la vida al piloto británico Dan Wheldon, en el trazado de Las Vegas, o una semana después, el 23 de octubre  en donde moría el motociclista italiano Simoncelli en Sepang, un autódromo elaborado sobre las más modernas y estrictas medidas de seguridad. Sin embargo, cuando un motociclista se cae y a su espalda van otros, en la misma línea, no hay un buzo ni una armadura que resista el golpe y frente a la caída fue arrollado por Valentino Rossi y Colin Edwards, recordando la dolorosa  imagen de la novia de Simoncelli que estaba en el box con el equipo y observó todo. La chica preguntaba desconsolada: “Decime que no murió,  por favor decime que no murió”, le decía al manager del equipo.

Lo más doloroso de estas muertes que nos ha entregado el deporte motor fue  el domingo 30 en Baradero,  en donde  murió Ramiro Tot de 11 años quien sufrió un impacto letal que nadie imaginaba en una carrera de Prokart y tras una agonía de dos días, el niño perdía su batalla final en un hospital de Pilar.

En menos de 30 días cuatro muertes: el 16 de octubre falleció el  piloto británico Dan Wheldon en el trazado de Las Vegas; el 23 de octubre  moría el italiano Simoncelli en Malasia; el 30 la muerte de Ramiro Tot en karting  y la última el domingo pasado en el autódromo de Balcarce, el Principito Falaschi recibió tres impactos tremendos (primero contra las gomas de contención y luego por los autos de Guillermo Ortelli y Néstor Girolami. Murió en Balcarce por una fractura de la base del cráneo. El maldito destino  quiso que el último corredor en impactarlo desde atrás  sea  el “Bebo” Girolami, quien era amigo desde la infancia corriendo juntos desde los 9 años.

Demasiadas muertes en poco tiempo. Muchos accidentes, crónicas que hablan de luto y dolor. Quién entenderá que hay que hacer un replanteó por el tema de las velocidades que se alcanzan en todo el mundo y en diferentes disciplinas y circuitos, ya sea un auto que corre en óvalos por encima de los 300 kilómetros por hora, un karting que no supera los 100 km., una moto de alta cilindrada, o en un TC que aparentemente no quieren parar hasta que se superen los 300 km por hora. Que alguien haga algo o nos debemos acostumbrar a  que el límite en el deporte motor  es la muerte.

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