destrucción

Esa manía de romperlo todo - Por Osvaldo Benmuyal

viernes, 09 de diciembre de 2011 · 19:07
Por Osvaldo Benmuyal
Radio AM 1020

No entiendo el carácter destructivo. Hay personas, que desde niños tienen esa costumbre, esa desgraciada manera de convivir. Con padres permisivos que no reprenden a tiempo al chico cuando lo ven destrozar los jardines vecinos o sus propios juguetes. Un síntoma que desilusiona y hace retroceder en la necesidad de crecimiento.

La verdad, es que me cuesta digerir la estupidez de la gente. No lo entiendo. No puedo ver el Parque de Mayo en tales condiciones de suciedad luego de cada fin de semana. Me repugna ver las señales de tránsito nuevas que colocaron en calle 6 y 7 destruidas a la semana de haber sido inaugurado el Estadio del Bicentenario y sus obras anexas. Y así podríamos contabilizar innumerables actos de estupidez. Paredes grafitadas, monumentos destrozados, obras de construcción zaqueadas, plazas, calles, frentes de hogares, escuelas, rotura de mobiliario urbano, incendio de contenedores de residuos, saqueo de placas de monumentos todo lo que se puede romper, se rompe.

Lo que uno se pregunta es si estas manías son adquiridas o naturales. Nadie nace con instintos de extinción. Por lo tanto, me apego a la idea que es la falta de enseñanza y de sentido común.
Esta sintomatología hace que en San Juan, como ya pasó en otros lugares, se comience a construir en el ámbito de lo privado lo que es público. A ver si se entiende. Lugares a los que todos debieran tener acceso para esparcimiento, lo que denominamos comúnmente espacio público. Igual, pero en manos privadas. Lo público todo se destruye y lo privado todo se disfruta y se preserva. En estos ámbitos, sólo ingresan los que tienen dinero para pagar y con ello compran la idea de compartir con gente que sabe cuidar, y los que no lo hacen, son expulsados por policía que también contrata especialmente el propietario del lugar.

Lo que debería ser para todos, es sólo para quien puede acceder a un lugar con las características de lo exclusivo. Espacios públicos que son privados, con policía privada, comercios privados, calles privadas, normas privadas.

Algo muy del pasado ilustra bien lo que me preocupa: al final del medioevo, en las ciudades de Europa Central, comenzó a aparecer en las puertas de las ciudades un letrero que decía: El aire de la ciudad te hace libre. Las ciudades comenzaron a recibir a los siervos que huían de los señores feudales, y que en las ciudades conseguían libertades políticas y personales. Así, en la tradición occidental la ciudad ha estado, desde hace siglos, unida a la práctica de la democracia y de la libertad.

Cuando la inseguridad destruye la ciudad, cuando destruye el espacio público, destruye la posibilidad de la convivencia, de la tolerancia, del respeto al otro. En este sentido, la inseguridad mina las bases de la construcción de la democracia. Y es por eso que, desde una perspectiva de ciudad, me preocupa la percepción de tanto desparpajo para destrozar y tanta impunidad para reincidir, eso traduce un concepto de  inseguridad. Sea ella real o imaginaria, sus efectos son los mismos.

¿Por dónde podemos avanzar?
Haciendo un balance sobre lo que es de todos y debemos cuidar, quiero tomar algunos argumentos, en los cuales se privilegia el espacio público como el lugar para el tratamiento de la seguridad, y al municipio y las comunidades locales como actores. Ante todo, señalo dos temas básicos. Uno es el necesario punto de partida de la actitud personal. Yo debo ser artífice del cuidado de lo que es de todos o sea que el espacio público se construye con el uso del mismo.

Y por otro lado, los encargados de cuidarnos de los que destruyen, o sea la policía debe ser más enérgica en estos aspectos. Veo una preocupante quietud que no se traduce en vigilancia.
Pero como ésta situación ha avanzado, habría que pensar más seriamente en el aspecto desde el propio Estado, porque él es el primer interesado en cuidar lo que construye. Aún no olvido el enojo de Gioja cuando quemaron las palmeras de la Circunvalación recién parquizada. Desde el gobierno hay que prevenir. Por eso sugiero mirar este recuadro que surgió de una charla entre profesionales amigos que comparten el sueño de ver a San Juan sin los embates de los dañinos que todo rompen:

Fortalecer el Ministerio de Planificación y Desarrollo Urbano: Conformado por un amplio equipo de ingenieros civiles, arquitectos, urbanistas y paisajistas, este Ministerio se encargaría de aprobar/rechazar las obras que se hacen en las ciudades de nuestro país, dicho equipo de trabajadores deberá trazar plazos y objetivos, deberán hacer de nuestras ciudades lugares de alta calidad de vida, amigables con el peatón y el medio ambiente.

Educación, empezando desde abajo: Se debe penalizar a los alumnos que arruinen/intervengan sin autorización las paredes, bancos, etc. de los edificios educativos.
-Se deben dar charlas en las escuelas y universidades.
-Se deben colocar carteles para crear conciencia, tanto en las ciudades como dentro de los edificios públicos.
- Establecer la puesta en funcionamiento de basureros en todos los lugares posibles. No sólo en Capital y lugares de esparcimiento. Los municipios deben ser promotores del orden y la limpieza.

Multa monetaria y trabajo comunitario al publicista y al publicitado: Quienes efectúen actos vandálicos en nuestras ciudades deberán asumir una multa monetaria y además de arreglar el daño causado, efectuar trabajos comunitarios relacionados al cuidado del mobiliario y la preservación del patrimonio. En caso de que el acto vandálico se tratase de algún tipo de publicidad, también se deberá penar al publicitado.

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